Contemporanea

La guerra Anglo-Zulú

El país zulú se convirtió en un reino fuerte y agresivo durante el reinado del rey Shaka kaSenzangakhona, a principios del siglo XIX. Los primeros colonos blancos llegaron, sin embargo, durante el reinado de Shaka. Hacia la década de los 70 del silo XIX, el país zulú se vio limitado por dos lados, por la rápida expansión de las comunidades coloniales europeas; los británicos de Natal, al sur, y los bóers de la República del Transvaal, al oeste. La llegada de los blancos no siempre fue pacífica, y el Estado zulú sufrió una serie de guerras ruinosas que minó sus efectivos económicos y militares. Sin embargo, en 1873, un nuevo rey zulú Cetshwayo kaMpande inició un programa de reformas internas, encaminadas a revitalizar el aparato estatal, pero sus vecinos llegaron a considerar la existencia de su reino como una amenaza para sus propios interese en la región.

Los británicos, por su parte, habían tomado el control de El Cabo en 1806, durante las guerras napoleónicas por razones estratégicas,pero encontraban cara su posesión. Las continuas disputas entre los británicos, los bóers (descendientes de los primitivos colonos holandeses) y varios grupos de africanos, condujeron a continuas guerras minúsculas, que constituían una sangría constante para los Departamentos del Tesoro y de la Guerra del gobierno de su Majestad. En la década de los 70 del siglo XIX, trataron de resolver esos conflictos de una vez por todas adoptando una política conocida como “Confederación”, que proponía unir a los distintos grupos rivales de blancos y negros bajo una sola autoridad, la británica, por supuesto. Para conseguir ese objetivo, Henry Bartle Frere será nombrado nuevo alto comisionado para Sudáfrica en 1877; Frere se convenció de que el reino zulú representaba la amenaza más seria para lograr su objetivo y llegó a obsesionarse con la idea de que Cetshwayo estaba detrás de los desórdenes que se extendieron por toda la población negra de Sudáfrica, y comenzó a preparar el terreno para una intervención militar. En ese momento el Gobierno de la metrópoli se encontraba implicado en una crisis en los Balcanes y en una guerra seria en Afganistán, por lo que una intervención en África era lo último en lo que estaban pensando, ordenando a Freire contemporizar con los Zulús, pero este continuó con sus planes. En marzo de 1878, el teniente general sir Frederic Thesiger, lord Chelmsford, partidario de la política de intervención militar de Frere, tomó el mando de las fuerzas imperiales de Sudáfrica, por lo que el alto comisionado contaba ahora además, con los medios militares; solo restaba encontrar el “casus beli”: varios informes de violaciones de fronteras de poca importancia fueron elevados a categoría de prueba de las intenciones agresivas del rey zulú.

El 11 de diciembre de 1878, se convocó a los representantes del rey Cetshwayo a una reunión en el barranco inferior del río Thukela, para conocer la decisión de una Comisión de Fronteras, que había arbitrado un disputa relativa a las pretensiones rivales de bóers y zulúes sobre una franja de terreno en la ribera del río Ncome (Sangre). Gran Bretaña se había anexionado la república, en bancarrota, del Transvaal en 1877. Pero contrariamente a lo que esperaba, la Comisión falló en favor de los zulúes, por lo que el alto comisionado aprovechó la oportunidad para condicionar esa decisión a la aceptación de sus demandas, por parte de los zulúes: compensaciones por los incidentes fronterizos y el abandono del sistema militar zulú. Las condiciones debían cumplirse en un plazo de 30 días, caso contrario, estarían en guerra. Las demandas eran imposibles de aceptar ya que iban contra la esencia del modo de vida zulú, algo que Frere sabía y por supuesto, con lo que contaba y manipulando el pobre sistema de comunicaciones entre Ciudad de El Cabo y Londres, presentó al Gobierno Británico un “fait accompli”.

Frederic Augustus Thesiger, 2° Baron Chelmsford

Lord Chelmsford diseñó una estrategia enfocada en satisfacer la doble necesidad de proteger Natal y el Transvaal de una posible invasión zulú , y enfrentarse al mismo tiempo al Ejército zulú con fuerzas suficientes para derrotarlo. Sus fuerzas eran limitadas (unos 17.000 hombres en total), al estar operando si la aprobación del gobierno de Londres, distribuyéndose en cinco puntos, a lo largo de las fronteras de Natal y del Transvaal, constituidas por los ríos Thukela, Mzinyathi y Ncome. Desde esos puntos, tres columnas se lanzarían a la ofensiva dejando las otras dos para prevenir posibles contraataques zulúes. La columna del flanco derecho (N° 1) tenía que penetrar en el país zulú por e! barranco inferior del Thuke!a, al mando del coronel C. K. Pearson, del 3.° de Buffs. La columna N.° 2, al mando del Coronel. A. Durnford, de! Cuerpo de Ingenieros Reales, debía permanecer en e! difícil terreno por encima del barranco medio del Thukela. La columna central, N.° 3, al mando del Coronel R. Glyn, del 24 Regimiento, debía penetrar en e! país zulú por el barranco de Rorke del Mzinyathi, mientras la columna del flanco izquierdo, (N.° 4), al mando del Coronel H. E. Woods, del 90 Rgto. ligero de infantería, penetraría por un punto conocido como colina de Bemba, en el Ncome. La columna restante, N.° 5, al mando del Coronel. H. Rowlands, CV, tenía que establecerse en Luneburg, en el Transvaal, para vigilar a los zulúes y a los elementos republicanos del Transvaal. El propio Chelmsford acompañaría a la columna central.

Chelmsford pensaba que las tres columnas invasoras eran suficientemente fuerte para derrotar solas al ejército zulú, mientras las dos columnas de reserva reducían considerablemente el riesgo de una incursión zulú contra las vulnerables comunidades de colonos. Al no haber recibido contestación a su ultimatum por parte de Cetshwayo el 11 de enero de 1879, las columnas comenzaron la marcha sobre el territorio zulú. Los guerreros pidieron autorización para combatir al rey, pero este les prohibió penetrar en Natal, confiando en que una guerra puramente defensiva le reportaría ventajas políticas. Cetshwayo identificó correctamente a la columna central como la más fuerte y su estrategia se centró en emplear a los guerreros que vivían en el territorio ocupado por las columnas de los flancos para que intentaran desorganizar su avance, mientras el grueso de su ejército se dirigía directamente contra la columna central.

rey zulú Cetshwayo kaMpande

Cetshwayo no marchó al combate en persona, poniendo al mando de sus 20.000 guerreros a su general más experimentado, el jefe Ntshingwayo kaMaha le Khoza. 12 regimientos completos. El ejército zulú no era una institución profesional, sino más bien una ciudadanía armada. Se basaba en un sistema de Regimientos por antigüedad, conocidos como “amabutho” (ibutho, en singular). Cada pocos años, el rey convocaba a todos los jóvenes de 18 o 19 años del país, y formaba un “ibutho” con ellos. Se les asignaba un distrito donde edificaban su cuartel, conocido como “ikhanda”. A cada “ibutho” se le asignaba un nombre específico y un uniforme, que constaba de una combinación particular de plumas y pieles y de un escudo del color del uniforme. Cada Rgto. se dividía en dos alas, derecha e izquierda, y se subdividía en Cías. de entre 50 y 70 guerreros cada una. Cada Cía. elegía a su propio jefe de entre sus filas , en tanto que los jefes de ala, el comandante en jefe y su lugarteniente eran designados por el rey. La mayoría de los “amabutho” tenían unos 1.500 guerreros, pero algunos de los más modernos tenían más. La moral y el “esprit de corps” eran muy altos y era normal la rivalidad entre los “amabutho”. El uniforme de diario se componía de un delgado cinturón de cuero alrededor de la cintura, con flecos de piel colgando, por delante, y un cuadrado de piel curtida de vaca, por detrás. La mayor parte de los guerreros permanecían solteros hasta los treinta años, estando en servicio hasta que recibían autorización para casarse momento en que pasaban del servicio activo a la lista de reserva nacional. Hacia la década de los 70, los guerreros vivían mayoritariamente con sus familias, y sólo tenían que incorporarse al cuartel cuando el rey los reunía para que cumplieran un servicio determinado.

Las armas eran un gran escudo de guerra ovalado, de piel de vaca, y un conjunto de venablos. Los escudos de guerra no eran propiedad de los guerreros, y se guardaban en locales especiales, los “amakhanda”. Las pieles se escogían cuidadosamente para cada Rgto. y así, los Rgtos. de jóvenes llevaban escudos negros; los de mayores, generalmente casados, llevaban escudos blancos o rojos. El arma típica zulú seguía siendo el venablo de punta, introducido al parecer por Shaka, que tenía una hoja de 12 a 18 pulgadas de largo, montada
sobre un sólido mango, y se usaba por medio de un fuerte golpe de sotamano. Además, muchos guerreros llevaban venablos más ligeros, arrojadizos, con hojas más pequeñas, que podían lanzarse con cierta precisión hasta un máximo de 50 yardas. Hacia 1879, el E. zulú adquirió, también, un gran número de armas de fuego. El asesor blanco del rey Cetshwayo, John Dunn, introdujo algunas en el reino, y entraron muchas más a través de la Mozambique portuguesa por el norte, o ilegalmente por la frontera de Natal. Los observadores británicos se sorprendieron al ver que la mayor parte de los guerreros podían llevar algún arma de fuego, si bien la mayoría eran modelos anticuados de percusión, o del tipo del viejo Brown Bess, normalmente en malas condiciones. Sin instrucción, abastecimiento regular de municiones, ni piezas de recambio, los zulúes fueron incapaces de aprovechar al máximo su potencia de fuego. A diferencia del británico, el Ejército zulú era muy móvil, y no requería tren de víveres y bagajes, por lo que podía recorrer 20 millas en un día facilmente, no siendo extraño que recorriera el doble. Los primeros días lo acompañaban muchachos demasiado jóvenes para combatir que llevaban animales para sacrificar, maíz y cerveza. Después, se esperaba que viviera de los frutos de la tierra. Tácticamente, el ejército zulú empleaba a una maniobra agresiva, conocida como “los cuernos de búfalo” (izimpondo zankomo) : una unidad, compuesta normalmente por los guerreros mayores, la frente de la cornamenta, avanzaba directamente hacia el enemigo mientras, a cada lado, los Rgtos. de jóvenes, conocidos como “los cuernos”, se apresuraban a rodearlo. Los zulúes eran capaces de ejecutar esta táctica en formación cerrada, moviéndose a gran velocidad por el accidentado terreno.

En 1879, el ejército británico experimentaba un período de creciente profesionalización. La larga tradición de vistosos uniformes iba cediendo paso poco a poco a la utilización del camuflaje. Así, mientras las tropas británicas de la guerra anglo-zulú fueron a la guerra con casacas escarlatas, pantalones azules y cascos blancos de servicio en el extranjero, al mismo tiempo, a casi medio mundo de distancia, las tropas que combatían en Afganistán iban ya de caqui. Cada Rgto. se distinguía por unos escudos de colores en el cuello y en las bocamangas, y por placas regimentales en el cuello y en el casco. Mientras la casaca roja no destacaba siempre entre los severos tonos pardos y verdes del paisaje sudafricano, el casco blanco era un objetivo brillante y tentador y los veteranos aprendieron pronto a quitarse la placa regimental de latón y a descolorar el casco con tintes improvisados de té, café o corteza de árboles. El equipo del soldado de Infantería británico constaba del sistema integrado de petate patrón que incluía un cinturón con cartucheras a cada lado de la hebilla, que contenían en total cuarenta disparos, y una “cartuchera de respeto”, de cuero negro, que contenía treinta disparos más. Un capote enrollado, una cubertería de campaña, de estaño, y el petate, se sujetaban por medio de abrazaderas, aunque en campaña, el petate se llevaba normalmente en los carromatos de transporte. Una botella de agua, de madera, en un hombro, y una mochila de lona, en el otro, completaban el equipo. Los oficiales llevaban una casaca trenzada, escarlata o azul e iban armados con espadas y revólveres .

Casco tipo salacot empleado por el ejército británico utilizado por las tropas en Isandlwana. Se puede apreciar como desde el blanco original ha sido decolorado.

Su arma principal era el fusil de repetición Martini-Henry, modelo 1871 de carga por cierre, que disparaba una pesada bala de 0,450; su alcance máximo era de 1.325 metros pero su alcance efectivo en combate era de 320 metros. En la parte superior llevaba una bayoneta encastrada, apodada “la tuberculosa» por las tropas. Durante este período fue el arma principal en los muchos conflictos coloniales del período. Utilizado correctamente por tropas bien disciplinadas, era un arma devastadora, pero el rifle tenía varias desventajas. En primer lugar, era un arma de un solo disparo y en segundo lugar, el cartucho era propenso a atascarse, especialmente durante los períodos de disparo rápido. Además, el retroceso fue excesivo.

Además, Chelmsford contaba con una batería de la Artillería Real, que constaba de seis cañones de 6 libras, de ánima rayada y avancarga. Cambien contaban con la batería de artillería 1117 del comandante Russell, con tres alveolos de cohetes Hales, de 9 libras. Los cohetes eran armas muy poco de fiar, imprecisas, de vuelo errático y de impacto imprevisible, pero se consideraban útiles para la guerra colonial, en donde su temible silbido y el chorro de chispas que despedían durante su vuelo se creía que producían un tremendo efecto psicológIco.

batería de artillería 1117

Las fuerzas de Chelmsford carecían de caballería y para compensar esta deficiencia, se habían constituido varios escuadrones de infantería montada. Lucian sus casacas regimentales y pantalones de montar de ante, e iban armados con carabinas Swinburne-Henry. Estos efectivos se reforzaron con hombres del Cuerpo de Voluntarios de Natal , colonos de la población de Natal que formaron unidades de voluntarios cuando quedó claro que el Gobierno británico no estaba dispuesto a mantener una gran guarnición en la colonia en tiempo de paz. El Gobierno facilitó uniformes y armas y los hombres aportaron sus propios caballos; la mayoría de la unidades de voluntarios adoptaron uniformes negros o azules, con cascos blancos. Conocían bien el país y eran buenos jinetes y tiradores pero eran pocos.

Completaban los efectivos el el contingente de nativos de Natal (CNN), compuesto por destacamentos de la Policía Montada de Natal , carabineros de Natal, guardias de fronteras de Búfalo y fusileros montados de Newcastle. Cada Rgto. comprendía dos o tres batallones de diez compañías con nueve Suboficiales blancos (reclutados entre la escoria de la sociedad colonial) y 100 nativos cada una. Los nativos se reclutaron de entre los clanes que habían padecido las incursiones zulúes. Había más que suficientes,su motivación era muy elevada, pero se desperdició el gran potencial que hubieran supuesto. Sólo se dio un arma de fuego, normalmente anticuada, y cuatro cartuchos a uno de cada diez hombres: el resto llevaba los escudos y venablos tradicionales.No había uniformes disponibles, y los hombres se distinguían por un trapo rojo colocado alrededor de la cabeza, y unas cuantas prendas de ropa europea de desecho.

Cada batallón de infantería tenía que llevar sus propias municiones, tiendas de campaña, útiles de fortificación, equipos de trasmisiones y sanidad, y raciones de campaña. Se necesitaban, por término medio, 17 carromatos de carga por batallón, sin contar los artículos de lujo, como botellas de cerveza y de ron, y los efectos personales de los oficiales. En el momento en el que estallan las hostilidades, había un número limitado de carromatos de mulas de transporte del ejército disponibles, ni de lejos los suficientes por lo que Chelmsford tuvo que comprar carromatos civiles a precios exorbitantes. Eran carromatos de bueyes, grandes y pesados, que cuando se encontraban a plena carga necesitaban ocho bueyes para arrastrarlos y para que los bueyes se mantuvieran sanos, tenían que pasar hasta 16 horas al día pastando y descansando o de lo contrario, caían como moscas. Su jornada era, en el mejor de los casos, de 15 kilómetros diarios y con mal tiempo o campo a través, o por caminos dañados por la erosión, mucho menor. Para empeorar la pesadilla logística, Chelmsford disponía solamente de un ridículamente pequeño Estado Mayor instruido en transportes, y tuvo que compensar su escasez con voluntarios, cuyo entusiasmo no siempre suplía su tremenda ineptitud. Al inicio de la campaña, Chelmsford había reunido un total de 977 carromatos, 56 carretas, 10.023 bueyes, 803 caballos y 389 mulas. Es fácil imaginar las dificultades que entrañaba el manejo de tales efectivos. Durante las primeras etapas de la guerra, hubo también escasez de ingenieros, con una compañía (menos de 200 hombres, entre oficiales y soldados) distribuida entre toda la columna y de servicios de sanidad, con apenas un puñado de hombres del cuerpo de hospitales del ejército, reforzados por cirujanos civiles voluntarios.

Chelmsford ordenó a la columna N° 1 de Pearson que avanzara desde el barranco inferior hacia el norte, a la misión abandonada de Eshowe seleccionada como base más apropiada para futuras operaciones, por tener una serie de construcciones que podían usarse como almacenes. El 18 de enero Pearson comenzó el avance y tras acabar de cruzar el río Nyezane, el día 22, fue atacado a campo abierto por unas fuerzas de unos 6.000 zulúes. El duro combate se prolongó una hora y media, antes de que los zulúes cayeran derrotadoscon tal sólo diez hombres muertos por parte de los britanicos, además de la pérdida de otros dieciséis heridos. Se dirigió inmediatamente a Eshowe, donde llegó al día siguiente. Una vez allí, comenzó a fortificar la misión abandonada.

Primera invasión del país zulú, enero a abril de 1879

A la columna N.° 4 de Wood no se le señaló un objetivo estratégico inmediato, pero debía someter los dominios del norte del reino zulú. El área albergaba a una serie de grupos zulúes agresivos y semiindependientes, incluyendo a los seguidores del swazi renegado príncipe Mbilini, y a los abaQulu si, descendientes de un “ibutho” creado por Shaka, que se habían establecido en la zona.

Fotografía de época de Rorke’s Drift. Al fondo puede apreciarse el monte Isandlwana, apenas a 32 km

Lord Chelmsford inició su ofensiva sobre zululandia cruzando el río Mzinyathi por el barranco de Rorke el 11 de enero de 1879 por la mañana temprano. Su artillería protegió el paso desde la orilla de Natal, mientras los voluntarios de Natal eran las primeras tropas en cruzar. En el barranco de Rorke se quedó una Cía. del II Bón. del 24 Rgto., para proteger el depósito de abastecimientos y el paso del río y una vez que la columna estuvo en la otra orilla, se montó un campamento y comenzó la ardua tarea de cruzar los carromatos de transporte. Por el momento, no había señales del enemigo. La columna N.° 3 de Chelmsford, o columna central, era a la vez la más fuerte y la más experimentada. Oficialmente estaba al mando del coronel. Richard Glyn, del 24 Rgto., pero la presencia del propio Chelmsford, colocó a Glyn como un cero a la izquierda. El núcleo de esta columna estaba compuesto por los dos batallones del 24 Rgto. (2.° de Warwickshire); era inusual que dos batallones del mismo Rgto. sirvieran juntos (tras las reformas de Edward Cardwell, se introdujo el sistema de dos Bóns., uno siempre permaneciera en el cuartel, mientras el otro servía en ultramar), pero las demandas de un imperio en fuerte expansión significaban que en un momento dado hubiera más Bóns. en ultramar que en la metrópoli. Cada batallón de infantería imperial tenía unos efectivos teóricos de ocho compañías de 100 hombres cada una, pero las enfermedades y los servicios se tradujeron en que rara vez estuvieran al completo. El 1 Bón. del 24 Rgto. , que había llegado a Sudáfrica en 1875, tenía menos de 700 hombres, pero la mayor parte de los suboficiales y otros mandos eran hombres con muchos años de servicio y el batallón se componía, en su conjunto de veteranos maduros, avezados y aclimatados, acostumbrados a servir juntos y con los mismos oficiales. El II Bón. del 24 Rgto. , por el contrario, se había formado por el sistema, recientemente introducido, de servicio corto (el alistamiento duraba seis años, en lugar de los doce del sistema anterior) . Como consecuencia, la mayoría eran muy jóvenes. Había llegado a Sudáfrica en 1878 y se le empleó para eliminar las últimas resistencias de los xhosa en el territorio lleno de malezas. Por tanto, tenían menos experiencia que los hombres de su Bón. hermano. Así pues Chelmsford contaba con unos 4.700 hombres en esta columna.

Composición de la Columna n°3 con la que Chelmford avanzó sobre Isandlwana

A unos cuantos kilómetros de distancia, en su dirección de avance, la senda atravesaba un arroyo, conocido como el Batshe, próximo al refugio de un importante jefe zulú, llamado Sihayo. Chelmsford no podía permitirse el lujo de dejar a unas fuerzas, hostiles en potencia, a retaguardia. Consecuentemente, el 12 de enero emprendió un ataque contra el punto fuerte de Sihayo, que se encontraba ausente con muchos de sus hombres en Ulundi. Quedaba una pequeña guarnición que fue reducida sin esfuerzo, quemando el refugio de Sihayo y, llevándose el ganado del jefe zulú de regresó a su campamento. Eliminada la amenaza, Chelmsford volvió a centrar su atención en el avance, pero el camino discurría por un terreno rocoso y pantanoso, difícil para los carromatos de su tren de transporte, por lo que fue necesario que sus ingenieros despejaran y acondicionaran la senda. Los exploradores informaron de que el mejor lugar para establecer el próximo campamento era la ladera oriental de un monte, conocido como lsandlwana. Chelmsford dio órdenes al Coronel Durnford, jefe de la columna N° 2, para que dejara dos batallones del CNN como protección en el barranco y enviara uno a la magistratura limítrofe de Msinga, avanzando el mismo con el resto de sus fuerzas hacia el barranco de Rorke. Chelmsford quería tener a mano a Durnford por si necesitaba apoyar su avance, y Durnford estaba deseoso de desempeñar un papel más activo en la campaña, por lo que llegó al barranco de Rorke el día 20, en el mismo momento en que Chelmsford partía para Isandlwana, donde al mediodía, comenzaron a montar las tiendas. El campamento se dispuso por grupos, situados de norte a sur en la falda del monte;
primero, el 2 Bón. del 3. C , a continuación el 1 Bón. del 3. CN, después el 2 Bón. del 24 Rgto., la artillería, las tropas montadas y, finalmente, al sur de la senda, bajo el cerro pedregoso, el 1 Bón. del 24 Rgto.

campo de batalla de Isandlwana, fotografiado en 1879 seis meses después de la batalla. Los carromatos del tren de transporte británico aun permanecen sobre el campo de batalla.

Durante todo este tiempo, Chelmsford sólo tuvo un conocimiento muy vago de los movimientos de los zulúes. El grueso “impi” había abandonado Ulundi el 17 de enero y conforme a las órdenes recibidas, avanzaba lentamente hacia la columna central inglesa. El día 20 acampó justo al norte de la colina de Isiphezi, y al día siguiente penetró en las colinas de Nquthu, al nordeste de Isandlwana. El 20 de enero la columna principal acampó en la meseta de Nqutu junto a la gran protuberancia rocosa en forma de esfinge llamada Isandlwana, “pequeña casa”. No era una posición difícil de defender, pero Chelmsford, tras un reconocimiento somero del terreno, decidió no fortificarla con zanjas o parapetos. Antes de comenzar la invasión, el mismo lord Chelmsford había dado órdenes detalladas a sus comandantes para la defensa de los campamentos a lo largo de la línea de marcha, exigiendo disponer los carromatos adecuadamente o bien cavar trincheras en cada parada. Pero cuando el Coronel Glyn sugirió proteger el campamento de Isandlwana, Chelmsford lo rechazó y al mediodía, comenzaron a montar las tiendas. El campamento se dispuso por grupos, situados de norte a sur en la falda del monte; primero, el 2 batallón del 3. C , a continuación el 1 batallón del 3. CN, después el 2 batallón del 24 Rgto., la artillería, las tropas montadas y, finalmente, al sur de la senda, bajo el cerro pedregoso, el 1batallón del 24 Rgto.

Como el terreno era demasiado pedregoso para cavar trincheras adecuadas, decidió detenerse sólo por poco tiempo dejando libres los carromatos para mantener el flujo de abastecimientos entre el campamento y el barranco de Rorke ( Rorke’s Drift). El mismo día 20 ordenó el reconocimiento de la garganta de Mangeni, a unos 20 km al este,un punto fuerte de un jefe llamado Matshana y explorar las colinas que flanqueaban el próximo avance, en busca de indicios de la presencia del enemigo. Así, el 21 de enero, por la mañana temprano, el comandante Rupert Lonsdale dejó el campamento con 16 compañías del 3° CNN, seguido del comandante John Dartnell con un grupo de la Policía Montada de Natal y voluntarios. Dartnell se encontró con más de 1.000 zulúes que le impedían continuar avanzando y como ya estaba anocheciendo, decidió acampar y envió un mensaje a Chelmsford solicitando refuerzos para poder realizar un ataque a la mañana siguiente. Chelmsford pensó que Dartnell y Lonsdale no tenían fuerzas suficientes para enfrentarse solos al impi y reunió una fuerza para acudir en su ayuda. A las 4 de la mañana lord Chelmsford salió del campamento con seis Cías. del 1 batallón del 24 Rgto., cuatro cañones, 1 destacamento de infantería a caballo, y los pioneros nativos de Natal, en dirección a Mangeni, donde acampaba Dartnell. El campamento de lsandlwana quedó al mando del teniente coronel Henry Pulleine, del 1 batallón del 24 Rgto permaneciendo las siguientes fuerzas a su disposición: cinco Cías. del 1 batallón del 24 Rgto., una de 2 batallón del 24 Rgto., los dos cañones restantes de 7 libras de la batería n° 5, más de un centenar de hombres a caballo de la infantería montada y de los voluntarios de Natal, y cuatro Cías. del CNN. Las órdenes de Pulleine eran de mantener patrullas avanzadas de Caballería y defender el campamento en caso de ataque. También ordenó a Durnford que subiera con su columna hacia lsandlwana desde el barranco de Rorke, con lo que una vez sus fuerzas alcanzan el campamento, Pulleine contaba con 67 Oficiales y 1. 707 soldados ( en QVALD dedicamos un articulo a la batalla de Isandlwana, por lo que para una descripción más pormenorizada de la misma, remitimos a ese articulo).

Al informarle de que un grupo explorador se había topado con “el enemigo” creyó, equivocadamente, que lo atacaba el grueso del ejército zulú y salió del campamento con unos 2.500 hombres para llevarle refuerzos. Dividió así sus fuerzas, partiendo el día 22 de madrugada a la cabeza de 2.500 hombres para seguir buscando al enemigo. El grueso del impi (ejército) Zulu estaba oculto cerca esperando a que pasara la luna nueva, “luna muerta”, juzgada nefasta y hacia mediodía se lanzó contra la posición británica adoptando su clásica formación de cuernos de búfalo (izimpondo zankomo) que había convertido a los zulúes en el terror del África austral: mientras el centro, la frente de la cornamenta, avanzaba directo hacia el enemigo, los flancos formaban dos columnas, los cuernos, que, avanzándose, lo rodeaban para aniquilarlo despiadadamente. Pese a todo, el teniente coronel Henry Pulleine tenía fuerzas suficientes para defender el campamento: las seis compañías restantes del 24º, dos cañones, voluntarios de la colonia de Natal y tropas nativas. Allí habían quedado 1.170 efectivos, incluidos 421 africanos, cifra que aumentó hasta los 1.700 tras la llegada de la reserva africana de Durnford. Poco después de la partida de Chelmsford, los británicos escucharon un fragor “como el de un tren” y de inmediato contemplaron horrorizados la llanura frente a ellos ocupada por los regimientos zulúes, en total unos 20.000 hombres. Pulleine dispersó mucho sus efectivos, trató de cubrir un perímetro demasiado grande y no supo reaccionar adecuadamente al ataque zulú. Aunque inicialmente el devastador fuego de la veterana infantería británica ralentizó y hasta llegó a detener un momento a los guerreros, estos echándole pundonor y arrestos (hay que tenerlos para cargar contra una fila de fusileros parapetados tras un escudo de piel de búfalo,baste con decir que el impacto directo de los disparos de los rifles Martín-Henry de los británicos levantaba medio metro del suelo a los guerreros que eran alcanzados) lograron desbordar a los soldados, sobre todo al desbandarse unidades nativas aterradas que dejaron brecha en el frágil sistema defensivo. Contribuyó a la debacle que varias compañías se quedaran sin municiones y que la rigidez de algunos responsables de suministrarlas y la dificultad de abrir las cajas complicaran la reposición de cartuchos a tiempo.

Lo que siguió fue una matanza: atomizada en pequeñas bolsas sin suficiente capacidad de fuego, la resistencia fue colapsando ante el empuje de los zulúes, que ignoraban la civilizada costumbre de tomar prisioneros, rajaban a los caídos para que volaran sus espíritus y los mutilaban a fin de usar los trozos como talismanes. Se produjo un terrorífico cuerpo a cuerpo: bayonetas y revólveres contra lanzas y mazas. El ejército acampado tuvo más de 1.300 muertos, incluida la práctica totalidad de las tropas regulares británicas (858 europeos y 471 auxiliares nativos). En total perecieron 52 oficiales blancos, cuatro más que en la batalla de Waterloo, todos con chaquetas azules, lo que despistaba a los zulúes. Pero los zulúes, pese a su victoria, no salieron mejor parados: murieron unos 2.000, víctimas de las bayonetas y el fuego británicos, aunque algunos autores elevan la cifra a 3.000, incluyendo a los heridos, muchos de ellos rematados por los soldados ingleses. El final de la batalla fue un desesperado sálvese quien pueda con los miserables restos del ejército tratando de llegar individualmente al río Buffalo que marcaba la frontera con Natal mientras los zulúes los cazaban como a conejos. Al volver al lugar, al finalizar el día, las tropas de Chelmsoford se encontraron con un espectáculo desolador: “Había muertos por todas partes. Todos estaban mutilados […] Un niño tambor colgaba de un carromato por los pies: le habían cortado el cuello.” Un sastre londinense sintetizaría el duelo imperial por Isandlwana: “Triste asunto, muy triste; hemos perdido varios buenos clientes allí”.

Lord Chelmsford no se enteró del desastre hasta que se hubo consumado; había llegado a la
posición de Dartnell a eso de las seis de la mañana y allí no había ni rastro de la gran concentración enemiga que esperaba encontrar por lo que se dispuso a desayunar tranquilamente. Durante el desayuno, recibió la primera nota desde Isandlwana informandole del avance zulú; estaba convencido de que las fuerzas de de Pulleine eran mas que suficientemente fuertes para defenderse por lo que no se preocupó más enviando orden
de adelantar el campamento para poder continuar la “búsqueda del grueso del impi”, con el que precisamente se las estaba viendo Pulleine. A lo largo de la mañana llegaron más mensajes, todos confusos; se escuchaba fuego de artillería y se podían ver explotar las granadas contra las escarpaduras de Nquthu, pero todavía se podían ver las tiendas en pie, lo que se consideraba una señal de que todo iba bien. Chelmsford había ordenado regresar al campamento al 1 Bón. del 3° CNN al mando del comandante Hamilton-Browneo que pudo ver a lo lejos como se combatía ya entre las tiendas; envió un mensaje a Chelmsford que había avanzado con su escolta para comprobar por sí mismo lo que estaba ocurriendo. No daba crédito a las historias catastrofistas del desastre que le había contado Hamilton- Browne, hasta que se le acercó una figura solitaria y le convenció de la terrible verdad, el comandante Lonsdale que al volver al campamento para procurarse provisiones para sus hombres que habían pasado la noche fuera sin alimentos, observó a los zulúes victoriosos saqueándolo. Tuvo el tiempo justo para volver grupas y partir al galope.

Chelformd estaba en shook,en terreno abierto, sin apoyo y con unas poderosas fuerzas enemigas entre él y Natal; no tenía otra elección que volver lsandlwana y desde allí, al barranco de Rorke por lo que formó a sus hombres y comenzó la marcha de regreso al campamento, llegando cuando ya era de noche. No encontraron oposición y no quedaba nadie. Pasaron la noche entre los restos tendidos sobre la alta hierba, entre los cuerpos de los camaradas caídos. La noche se vio interrumpida por varias alarmas y por un resplandor rojo en el cielo sobre el barranco de Rorke; la guarnición estaba siendo atacada. Cuando descendían al amanecer sobre el valle del Batshe, avistaron a un impi a su izquierda que venía del Oskarberg, el monte que caía sobre el barranco de Rorke. Los dos bandos se observaron con precaución y luego se alejaron a una distancia segura ya que ninguno de los dos buscaba un enfrentamiento en ese momento. Al alcanzar el barranco se encontró con que la posición estaba a salvo. Chelmsford se acercó rápidamente, esperando que alguna parte de la columna central hubiera escapado al barranco de Rorke, pero se llevó una decepción. La posición se había defendido por su guarnición original, la compañía B del II Bón. del 24 Rgto., al mando de los tenientes Chard, de los Ingenieros Reales y Bromhead, del 24. Regto; 139 hombres, de los cuales 35 estaban enfermos, habían resistido un ataque implacable de 4.000 guerreros durante casi doce horas.

El Cuerpo de Ejercito Undi, al mando del príncipe Dabulamanzi kaMpande, en reserva durante la batalla de Isandlwana, había cruzado el Mzinyathi en contra de las órdenes del rey, porque estaban furiosos por no haber ganado la gloria en la gran batalla. A Chard le informaron de su proximidad una hora antes, y formó unas barricadas improvisadas alrededor de la posición de la misión. El ataque zulú comenzó alrededor de las 4 de la tarde, continuando durante toda la noche. Sin embargo, como no pudieron penetrar en el improvisado fuerte, se retiraron en la madrugada del día 23. Chelformd puso al mando de la plaza al coronel Glyn para que pusiera en orden y asegurara la posición mientras él se dirigía a Pietermaritzburg para intentar solucionar las consecuencias de la catástrofe. Los pocos supervivientes de la columna central reforzaron la posición del barranco de Rorke.

posicion britanica de Rorke´s Drift tras la batalla (1879)

Wood recibió las noticias de Isandlwana dos días después de la batalla y considerando en peligro su campamento de Fort Thinta, se retiró unos cuantos kilometros al norte, a un nuevo campamento en Khambula. Desde allí, continuó hostigando a los zulúes locales. Pearson, mientras tanto, llevaba varios días en Eshowe cuando recibió las noticias de Isandlwana. Envió a Natal a los voluntarios de Natal a caballo y al CNN para que adquirieran suministros y el resto de la guarnición se dedicó a mejorar las defensas. Se cavaron trincheras, se levantaron muros y se construyeron puestos de tiradores y bastiones, hasta que la posición se consideró inexpugnable. Entonces Pearson esperó el ataque, que nunca se produjo ya que los zulúes se contentaron con poner sitio a la posición, aguardando la oportunidad de un combate en terreno abierto, que les era más favorable, bien cuando Chelmsford tratara de liberar la posición o bien cuando Pearson tratara de romper el cerco combatiendo. Era sólo cuestión de tiempo que se acabaran los víveres y se deteriorara la salud de los hombres, que fueron cayendo poco a poco debido a la enfermedad.

Mientras tanto, desde el puesto del barranco Rorke se enviaron patrullas en dirección a Isandlwana y al barranco de los Fugitivos; el 4 de febrero una de esas patrullas encontró los cadáveres de Melvill y Coghill. Bajo ellos, entre los despojos atrapados en los bajos del río, encontraron los restos de la bandera de la reina. En marzo se instaló una posición nueva que daba al paso del barranco de Rorke, a la que se le dió el nombre de Fort Melvill. Hacia finales de febrero circularon rumores de que las noticias de Isandlwana habían agitado a los elementos republicanos del Transvaal, y se envió a Pretoria al coronel Rowlands para prevenir una posible sublevación. Su columna quedó al mando de Wood, se trasladó a Khambula a los hombres montados y se dejó en Luneburg una guarnición del 80 Regimiento.El 12 de marzo un convoy de abastecimientos escoltado por una Cía. del 80 que había quedado varado-a causa del mal tiempo en el barranco de Myer, del río Ntombe, fue atacado por una gran formación zulú que irrumpieron entre los carromatos antes de que la escolta tuviera tiempo de salir de sus tiendas y formar. De los 106 soldados del convoy, resultaron muertos 62, además de 17 conductores civiles.

Las noticias de Isandlwana se extendieron rápidamente por toda Natal donde la población, fue presa del pánico; los colonos buscaron la seguridad en campamentos defensivos improvisados o en centros urbanos más seguros, como Pietermaitzburg o Durban. Durante varios días se temió la llegada de un ejército zulú, pero no sucedió nada ya que los guerreros victoriosos se habían dispersado para tomar parte en los obligados rituales de purificación de después del combate, y para recuperarse, perdiendo la oportunidad de asestar el golpe definitivo a los ingleses. Desde Pietermaritzburg, Chelmsford envió mensajes al Gobierno de la metrópoli ya las columnas supervivientes dando cuenta del desastre ordenando que actuaran como creyeran oportuno y que se prepararan para un ataque del ejercito zulú. A continuación se dedicó a reorganizar sus fuerzas en espera de refuerzos. Las noticias de Isandlwana llegaron a Gran Bretaña el 11 de febrero; el Gobierno no había querido la guerra y ahora se encontraba con una estrepitosa derrota. Un cese de hostilidades en semejantes circunstancias era inaceptable políticamente por lo que Chelmsford obtuvo sus refuerzos.

De esta forma terminada la primera fase de la ofensiva británica, la columna central y la columna n° 2 habían sido destruidas y lo que quedaba de ellas se encontraba a la defensiva. La columna del flanco derecho estaba inmovilizada en Eshowe y sólo la columna del flanco izquierdo de Wood podía actuar ofensivamente. Respondiendo a las demandas de Lord Chelformd, el Gobierno de la metrópoli envió a Sudáfrica 6 batallones de infantería, dos regimientos de caballería de línea y dos baterías de artillería. Pero tardarían varios meses en llegar por lo que Chelmsford tenía tiempo para volver a tomar la iniciativa estratégica. Su primer objetivo sería sacar a Pearson de Eshowe para lo que durante los meses de febrero y marzo reunió una columna de socorro en el barranco inferior del Thukela.

El Ejército zulú se había concentrado en Ulundi a mediados de marzo. Inmediatamente después de la batalla de lsandlwana, el rey Cetshwayo trató de usar su posición de fuerza para negociar una salida política a la guerra, pero su intento se vio frustrado por la dispersión de sus guerreros para recuperarse y por la determinación británica de vengar lsandlwana a toda costa. Para marzo quedó patente por la creciente actividad británica que estaba a punto de comenzar una nueva fase de la guerra. En una reunión con sus generales y consejeros, determinó que la columna de Wood suponía la mayor amenaza por lo que decidió enviar al grueso de su ejercito al norte mientras que las fuerzas locales que sitiaban Eshowe deberían frenar el avance de Chelmsford. El rey ordenó que no atacaran las posiciones fortificadas, sino que tratara de atraer a las tropas a campo abierto. Si eso fallaba, debería rebasar el campamento y atacar al desprotegido Transvaal, con la esperanza de obligar a Wood a ir a su encuentro. De nuevo dio el mando del ejercito a Ntshingwayo; el príncipe Dabulamanzi no se encontraba entre ellos. Había abandonado Ulundi, con el estigma de su desafortunada salida contra el barranco de Rorke y, como su refugio personal estaba cerca de Eshowe, se vio implicado en las operaciones contra Pearson. Este ejérctito zulú era tan grande como el impi que atacó Isandlwana y la gran mayoría de sus guerreros eran veteranos de esa batalla. Lejos de descorazonarse por las terribles bajas sufridas en Isandlwana, estaban eufóricos. Esta sensación aumentó por el hecho de que los fusiles capturados en Isandlwana se distribuyeron entre los amabutho, llevándolos a tener la falsa impresión de que su potencia de fuego era igual a la de los británicos.

Los zulúes establecieron un vivac en el río Mfolozi Blanco, a unos 20 km del campamento de Wood que puso en pie a sus hombres el día 29 de marzo temprano y los empleó en hacer los preparativos finales. Su posición era fuerte, sobre la cresta de una sierra que los británicos llamaban Khambula y los zulúes conocían como Ngaba ka Hawana, “punto fuerte de Hawana. Wood había dispuesto un bastión (una zanja con la tierra extraída colocada por encima, formando un parapeto) unido por una empalizada a un pequeño campamento de carromatos situado más abajo, en un llano, que se usaba como redil para los bueyes de transporte. A 300 m al oeste del bastión había un gran campamento defensivo, un círculo irregular de carromatos encadenados entre sí, con una zanja de escasa profundidad y un muro de tierra a su alrededor. Para defender esta posición, Wood tenía 2.086 hombres del 90 Regimiento de Infantería.No tenía caballería de línea pero contaba con 630 hombres de caballería ligera irregular, compuesta por batidores del Transvaal, fusileros de Kaffraria,caballería de fronteras y africanos a caballo (algunos de los cuales habían combatido en Isandlwana) al mando de

Los zulúes establecieron un vivac en el río Mfolozi Blanco, a unos 20 km del campamento de Wood que puso en pie a sus hombres el día 29 de marzo temprano y los empleó en hacer los preparativos finales. Su posición era fuerte, sobre la cresta de una sierra que los británicos llamaban Khambula y los zulúes conocían como Ngaba ka Hawana, “punto fuerte de Hawana. Wood había dispuesto un bastión (una zanja con la tierra extraída colocada por encima, formando un parapeto) unido por una empalizada a un pequeño campamento de carromatos situado más abajo, en un llano, que se usaba como redil para los bueyes de transporte. A 300 m al oeste del bastión había un gran campamento defensivo, un círculo irregular de carromatos encadenados entre sí, con una zanja de escasa profundidad y un muro de tierra a su alrededor. Para defender esta posición, Wood tenía 2.086 hombres del 90 Regimiento de Infantería.No tenía caballería de línea pero contaba con 630 hombres de caballería ligera irregular, compuesta por batidores del Transvaal,fusileros de Kaffraria,

Posición fortificada de Wood en Khambula

Los zulúes establecieron un vivac en el río Mfolozi Blanco, a unos 20 km del campamento de Wood que puso en pie a sus hombres el día 29 de marzo temprano y los empleó en hacer los preparativos finales. Su posición era fuerte, sobre la cresta de una sierra que los británicos llamaban Khambula y los zulúes conocían como Ngaba ka Hawana, “punto fuerte de Hawana. Wood había dispuesto un bastión (una zanja con la tierra extraída colocada por encima, formando un parapeto) unido por una empalizada a un pequeño campamento de carromatos situado más abajo, en un llano, que se usaba como redil para los bueyes de transporte. A 300 m al oeste del bastión había un gran campamento defensivo, un círculo irregular de carromatos encadenados entre sí, con una zanja de escasa profundidad y un muro de tierra a su alrededor. Para defender esta posición, Wood tenía 2.086 hombres del 90 Regimiento de Infantería, unos 180 auxiliares negros de las fuerzas irregulares y cuatro cañones de 7 libras de la batería 1117 de la Artillería Real reforzada por dos cañones sueltos, y 11 ingenieros. No tenía caballería de línea pero contaba con 630 hombres de caballería ligera irregular, compuesta por batidores del Transvaal, fusileros de Kaffraria,caballería de fronteras y africanos a caballo (algunos de los cuales habían combatido en Isandlwana), al mando de Buller. No pertenecían al sistema de voluntarios de Natal, y la mayoría se habían reclutado en la frontera de El Cabo o en la del Transvaal. Unas fuerzas comparables a las de Chelmsford durante la campaña de Isandlwana.

Los exploradores de Wood localizaron al ejercito zulú alejándose de su vivac hacia las 10.30 de la mañana del día 29 de marzo. Aunque inicialmente todo parecía indicar que se dirigían al oeste, se situarán a unos 6 km al sur del campamento británico para iniciar los preparativos del ataque (algo que contravenía las ordenes del rey de no atacar el campamento de Wood). Lo más probable es que los jóvenes guerreros es que estuviesen deseosos de lanzarse al ataque. Wood situó sus cañones en el bastión apoyados por una compañia de infantería del 90 Rgto. y envió compañía y media a proteger el campamento del ganado (13 Rgto.), ocupando el campamento principal con el resto de sus fuerzas. Situó al resto de su artillería (4 cañones) en terreno abierto entre el bastión y el campamento. Las cajas de munición estaban abiertas y situadas cerca de las lineas de fusileros y las tiendas de campaña habían sido desmontadas en preparación del combate.

El cuerno izquierdo zulú (Rgto. Khandempemvu) marchó hacia el valle al sur del campamento mientras el pecho (refimientos uMbonambi, i dlondlo, uDududu, iSangqu, uThulwana, iMbube e i dluyengwe) remontaba los contrafuertes orientales de la sierra. El Rgto. i gobamakhosi, que formaba el cuerno derecho, se desplazó al norte del campamento. Los amabutho normales se habían reforzado con un gran número de guerreros Qulusi del distrito local extendiéndose más de 15 kilómetros de extremo a extremo cubriendo de negro completamente las colinas a causa de los guerreros que había. Una visión sobrecogedora para los defensores británicos. El cuerno derecho fue el primero en entrar en acción, deteniendo su avance a unos dos kilómetros y medio del campamento mientras el pecho y el centro todavía estaban entrando en posición. Hacia la 1.30 del mediodía los iNgobamakhosi avanzaron repentinamente, desplegando en formación de combate a un kilómetro de distancia. En este momento, o bien el grueso del ejército zulú interpretó que todo el ejército avanzaba o bien los regimientos rivalizaban entre sí por el honor de ser los primeros en alcanzar el campamento; sea como fuere, no había sido una maniobra intencionada de Ntshingwayo, incapaz de controlar sus propias fuerzas.

Wood aprovechó la portunidad y ordeno a Buller hacer una salida para incitar al ataque sin apoyo a los iNgobamakhosi. Al frente de 100 hombres cabalgó hasta situarse a distancia de tiro de fusil, donde desmontaron y efectuaron una descarga. Los zulues se lanzaron al ataque inmediatamente, retrocediendo Buller y sus hombres al campamento repitiendo las descargas cada 500 metros. Los zulues les gritaban desesperados “No huyas, Johnny, queremos hablar contigo!” y “somos los muchachos de Isandlwana!”. Ordenadamente los hombres fueron regresando al campamento mientras la caballería nativa, que visto lo visto en la batalla de Isandlwana no tenía mucha fe en la defensa británica de sus campamentos, pasó el día en campo abierto, hostigando a los flancos zulúes durante todo el combate. Entonces abrió fuego la artillería sobre las lineas zulues seguida de una tremenda descarga de fusilería que barrió el terreno a lo largo del perímetro del campamento, deshaciendo las lineas delanteras zulues y haciendo vacilar la carga y obligando al resto de los hombres a lanzarse cuerpo a tierra. Sin embargo, al no disponer de ninguna protección natural se encontraban terriblemente expuestos y al no poder mantenerse en posición, se replegaron al abrigo de un pliegue rocoso del terreno al nordeste, dejando la ladera sembrada de cadáveres. De esta manera, Wood había desbaratado el plan zulú al provocar el ataque del cuerno derecho y con ello, había logrado una importante superioridad táctica: mientras los zulus malgastaban sus fuerzas en ataques parciales y descoordinados, el era libre de concentrar su fuego en el punto que fuese necesario.

Cuando los iNgobamakhosi se replegaban, el cuerno izquierdo y el pecho avanzaron rápidamente, en un intento tardío por apoyarlos. El pecho llegó en grandes oleadas, arrastrándose por los alrededores, pero su aproximación fue mucho menos abierta que la de los iNgobamakhosi y la artillería disparó granadas de metralla, abriendo grandes brechas entre sus líneas. A 700 metros la infantería británica abrió fuego y a pesar de que cuando alcanzaron una distancia de 200 metros, las pérdidas sufridas por las filas zulúes ya eran aterradoras, el centro llegó casi hasta los muros del bastión antes de tener que replegarse.El cuerno izquierdo pudo avanzar por un valle empinado, cubierto de vegetación a lo largo del lado sur del campamento, a cubierto del fuego británico hasta descrestar la elevación de terreno a menos de cien metros del campamento; pero una vez aquí fueron recibidos con una lluvia de fuego devastadora a tan corta distancia. Los impactos de las pesadas balas de los Martini-Henry hacían saltar a los guerreros zulues hacia atrás cayendo sobre sus propias filas, pero continuaban llegando más y más con la esperanza, muy poco real, de conseguir la victoria.

Cerca de las tres de la tarde el ibutho uNokhenke, a la izquierda del centro zulú, descendió por el valle y llegó al muro del redil de ganado. Se produjo una confusa lucha cuerpo a cuerpo con los hombres del I batallón del 13° Regimiento que lo defendían y los zulúes los obligaron finalmente a refugiarse dentro. La lucha continuió dentro, entre el ganado, por lo que Wood ordenó que se replegaran mientras los jubilosos uNokhenke irrumpían en las posiciones ya desalojadas disparando con potencia, pero sin precisión, sobre el campamento. Para explotar este éxito, los jefes zulues comentaron a las concertar tropas del ibutho uMbonambi para lanzar una nueva oleada con la que pretendían aumentar la brecha en las defensas británicas. Wood ordenó al comandante Hackett situar dos compañías en la parte superior de la ladera, fuera de la protección del campamento y estas comenzaron a disparar sobre el valle, causando estragos en la concentración zulú que retrocedió buscando protección. Seguidamente Wood ordenó a su artillería que barriera el redil de ganado y los uNokhenke fueron expulsados paulatinamente.

Los zulúes ocuparon entonces una pequeña loma, a unos 300 metros del campamento, desde donde comenzaron a hostigar con fuego a corta distancia, a los hombres de Hackett y al lado sur del campamento. Algunos hombres resultaron heridos y el propio Hackett fue herido en la cara, perdiendo la vista. Wood hizo regresar al grupo. Buller ordenó a sus hombres que no perdiesen tiempo apuntando a un guerrero en particular, sino que disparasen directamente sobre el estiercol, que era atravesado por las balas alcanzando a los guerreros que se protegían detrás ( la posición zulú era en realidad un vertedero de basura del campamento y estaba cubierto por un montón de estiércol, que había hecho brotar un manto de alta hierba verde ).Descarga tras descarga se barrieron los montones de estiércol, silenciando el fuego zulú. Al día siguiente se encontraron 62 cadáveres.

El pecho zulú se reagrupaba y avanzaba una y otra vez por la cresta de la sierra, buscando en cada asalto sucesivo una mejor posición, pero cada ataque tenía el mismo resultado: una concentrada lluvia de fuego que no podían resistir. Alrededor de las 4.30, los iNobamakhosi, situados en la derecha zulú,atacaron ferozmente de nuevo hacia el lado norte del bastión pero el acceso a los muros era empinado y los guerreros se enfrentaron a una lluvia de fuego de mosquetería y metralla que cayó sobre ellos abatiéndolos y la carga se vino abajo. En este momento de la batalla, los guerreros gateaban o se tendían en un gran semicírculo, ocupando cualquier abrigo que pudieran encontrar, rodeando el campameto por tres lados y disparando sus armas de fuego con escasa efectividad. Una y otra vez, algún induna (comandante) incitaba a uno u Otro regimiento a hacer acopio de valor para un asalto final , pero ninguno pudo realizarlo y hacia las 5 de la tarde parecía muy claro el resultado de la batalla. Wood ordenó salir al 13 para limpiar el redil de ganado de guerreros supervivientes; las tropas expulsaron a la bayoneta calada a los guerreros rezagados, tras lo cual comenzaron a disparar contra las masas negras que descendían por el valle. Por todas partes, los zulúes comenzaban a retirarse, despacio y ordenadamente, disparando todavía y evacuando a sus heridos. Pero era ahora la infantería británica la que les vociferaba.

Wood debía explotar la victoria sobre un enemigo ya en franca retirada, por lo que ordenó a BulIer que persiguiera a los guerreros y sus hombres se apresuraron a montar a caballo y salir del campamento en su persecución. Los soldados habían sufrido lo indecible y ahora no estaban dispuestos a ser clementes. Su carga hizo añicos a los desanimados zulúes que perdieron la cohesión que les quedaba, convirtiéndose su retirada en desbandada. Algunos prefirieron darse muerte a puñaladas, antes que morir a manos de los británicos. “La matanza continuó hasta que no quedó una forma humana ante nuestros ojos“, escribió uno de los soldados participantes. La persecución continuó hasta la falda del monte Zungwini, a unos 20 km de distancia. No se sabe con certeza cuántas bajas tuvieron, pero cuando los destacamentos británicos de sepulturas comenzaron a recoger a los muertos, se encontraron 785 cadáveres en los límites inmediatos del campamento que fueron enterrados en grandes fosas .Centenares de ellos más yacían a lo largo del camino de retirada, y continuaron apareciendo cadáveres durante días, ocultos tras las rocas o entre la hierba, adonde se habían arrastrado para morir. Habían muerto muchos hombres de categoría e influencia; la mayor parte de los muertos pertenecían a los regimientos más jóvenes, por lo que su pérdida conmocionó a la nación. Se ha estimado que en total murieron 3.000 guerreros. Las pérdidas de Wood fueron insignificantes en comparación: 18 suboficiales y soldados muertos y 8 oficiales y 57 suboficiales y soldados heridos, 10 de los cuales murieron posteriormente y fueron enterrados en un cementerio al norte del campamento .

El mismo día que Wood libraba batalla en Khambula, lord Chelmsford cruzaba el Thukela con la columna de socorro a Eshowe. El 2 de abril fue atacado por un «impi», compuesto en su mayoría por tropas locales, cerca del destruido redil militar de Gingindlovu. Los hombres de Chelmsford formaron un cuadrado, cavando un foso y levantando un muro alrededor, y los zulúes fueron incapaces, una vez más, de penetrar la cortina de fuego. Al día siguiente, Eshowe era liberada. Chelmsford decidió no mantener la posición y comenzó a evacuar a su guarnición, que había resistido tres meses de asedio. Hacia finales de mes, la mayor parte de sus hombres se encontraba de vuelta en Natal, y Chelmsford estaba más o menos en el mismo sitio de donde había partido en enero. Pero ahora los refuerzos llegaban continuamente y Chelmsford se dispuso a planear una nueva campaña, manteniendo su idea original de avanzar en varias columnas, aunque ahora mucho más fuerte y debiendo actuar en estrecha colaboración unas con las otras. El esfuerzo principal recaería sobre la segunda división, que avanzaría desde la aldea fronteriza de Dundee y avanzaría por la ruta de la columna central, a unas millas de distancia del campo de batalla de Isandlwana. La columna de Wood renombrada ahora “columna volante”, tenía que permanecer reunida y avanzar al encuentro de la segunda división. La columna restante, la primera división, debía pacificar la franja costera.

Como el abastecimiento de las tropas seguía constituyendo una pesadilla, el avance se distinguió ahora por la construcción de una serie de fuertes para su uso como depósitos y para proteger las líneas de comunicación entre los que se mantenía un flujo continuo de incómodos convoyes de carromatos, que obligaba al empleo de cientos de hombres en tareas de escolta. A finales de mayo de 1879, comenzó la invasión con un nuevo desastre: el príncipe imperial de Francia,en el exilio, Luis Napoleón, heredero del trono de los Bonaparte, que estaba agregado como observador en las fuerzas de Chelmsford, cayó muerto cuando se encontraba de patrulla, y el avance final tuvo lugar bajo constantes escaramuzas. Los zulúes eran reacios ahora a realizar un ataque a gran escala en terreno abierto, pero hostigaban a patrullas y a destacamentos con francotiradores y emboscadas constantemente.

El rey Cetshwayo, al conocer las noticias de la derrota en Kambula por sus desmoralizados jefes, comprendió de inmmediato que ya no era posible una solución militar victoriosa. Envió repetidamente mensajes a Chelmsford solicitando sus condiciones pero este, sabedor de que sir Garnet Wolseley se encontraba de camino para sustituirlo, pedía el cumplimiento incondicional de los términos del ultimátum. Cetshwayo no se encontraba en mejor situación para cumplirlas en junio que en enero, ni Chelmsford lo esperaba ya que estaba deseoso de ganar la batalla final en un intento de recuperar su empañada reputación tras el desastre de Isandlwana.

El 91º Regimiento de infantería (Princess Louise’s Argyllshire Highlanders) partió de Southampton hacia Natal el 19 de febrero de 1879 como parte de los refuerzos para el ejército británico en Sudáfrica tras su derrota por los zulúes en Isandlwana. A su llegada se trasladaron al país y luego participaron en la Batalla de Gingindlovu el 2 de abril de 1879.

Hizo cruzar el río Mfolozi Blanco a la segunda división y a la columna volante, desplegándolas en un gran cuadrado frente a la residencia del rey en Ulundi, donde los zulúes hicieron el último gesto; era el 4 de julio de 1879 cuando mas de 20.000 guerreros de todo el reino se reunieron para la última gran batalla. Atacaron con gran valentía, pero después de media hora, sus cargas se difuminaron y el 17 de Lanceros los persiguió por el campo. Los británicos se retiraron del país zulú tan pronto como terminó la guerra. Una vez conseguida la victoria, el nuevo Gobierno de la metrópoli no tuvo remordimientos en abandonar la política de la Confederación de Frere ni realizó intento alguno de anexionarse el país, conquistado a costa de tantísima sangre. En vez de eso, el país se dividió en trece pequeños reinos, supuestamente leales a Gran Bretaña. Cetshwayo fue destronado, capturado y enviado al exilio a Ciudad de El Cabo ;transcurridos unos años, estalló una guerra civil y se trajo a Cetshwayo de su exilio para ponerle al frente de una parte de lo que había sido su propio reino, en un intento de restablecer el orden, pero fue derrotado por Zibhebhu kaMapitha, que se convirtió en su implacable enemigo. Murió en 1884. Durante los 20 años siguientes, hubo dos rebeliones dirigidas a eliminar la influencia de los blancos, pero las dos fueron cruelmente aplastadas. Hoy, el país zulú forma parte de la República de Sudáfrica. Chelmsford regresó al hogar, siendo recibido como un héroe, a pesar de que una vez más, no mandó fuerzas en acción.

Bibliografía Consultada

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Knight,Ian. “Companion to the Anglo-Zulu War”. Pen & Sword Military .2008.

Knight, Ian. “The Anatomy of the Zulu Army: From Shaka to Cetshway, 1818-1879 “Greenhill Military.2006.

Knight,Ian.”British Forces in Zululand 1879″.Osprey Publishing .1991.

Lloyd, Alan. “The Zulu War.1879” Osprey Military

Lock, Ron, “The Anglo Zulu War – Isandlwana: The Revelation of a Disaster”. Pen and Sword Military .2017

Lock, Ron, “Zulu Victory: The Epic of Isandlwana and the Cover-up”. Frontline Books .2015

2 comentarios en “La guerra Anglo-Zulú”

  1. Y es una gran película!!! Y si has visto esa, tienes que ver Amanecer Zulú, dónde se cuenta la batalla de Isandlwana, que empalma a continuación con Zulú, dónde cuentan la defensa de Rorkes Drift justo después.

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