Historia Contemporanea

Isandlwana: la mayor derrota de un ejército moderno frente a un contingente nativo

La gran ola negra contra la delgada línea roja. Isandlwana 22 de enero de 1879, la mayor derrota de un ejército moderno profesional,el británico, dotado de modernas armas de fuego ante un contingente de guerreros tradicionales,los zulúes, que prácticamente no disponían de nada más que de primitivas armas blancas.

¿Por qué los hombres blancos quieren comenzar una guerra por nada? ¿Por qué el gobernador de Natal me habla sobre mis leyes? ¿Acaso voy yo a Natal y le dicto a él las suyas?“. Así respondió el rey zulú Cetshwayo a las exigencias de las autoridades británicas en África del Sur para que disolviera su temible ejército. Los británicos pretextaban que Cetshwayo había cometido actos de crueldad contra su propio pueblo y contra los europeos, pero la verdadera razón de su hostilidad era otra: en su progresiva ocupación de todo el sur de África, no podían tolerar la amenaza que representaba un pueblo guerrero como el zulú, que desde hacía sesenta años había constituido un verdadero imperio. A finales de 1878 el Alto Comisionado británico en la zona, sir Henry B. Frere presentó a los zulúes un ultimátum. El 6 de enero de 1879, sin esperar a que éste expirase, el general Chelmsford invadió Zululandia al frente de 17.000 hombres, la mayoría de ellos veteranos de la metrópoli, además de un importante contingente de tropas auxiliares de Natal, africanas y europeas. Comenzaba así la que pasaría a la historia como guerra anglo-zulú.

Bajo el mando del altivo lord Chelmsford, que despreciaba la capacidad militar de los zulúes, el ejército británico buscó al zulú para destruirlo. Durante la campaña zulú, la primera guerra preventiva de la historia, los británicos remataban despiadadamente a los heridos y ejecutaban sin miramientos a cualquier prisionero. Según el plan británico, tres columnas se lanzarían a la ofensiva dejando otras dos para prevenir posibles contraataques zulúes. La columna del flanco derecho (N° 1) tenía que penetrar en el país zulú por el barranco inferior del Thukela, al mando del coronel C. K. Pearson, del 3.° de Buffs. La columna N.° 2, al mando del Coronel. A. Durnford, del Cuerpo de Ingenieros Reales, debía permanecer en el difícil terreno por encima del barranco medio del Thukela. La columna central, N.° 3, al mando del Coronel R. Glyn, del 24 Regimiento, debía penetrar en el país zulú por el barranco de Rorke del Mzinyathi, mientras la columna del flanco izquierdo, (N.° 4), al mando del Coronel H. E. Woods, del 90 Rgto. ligero de infantería, penetraría por un punto conocido como colina de Bemba, en el Ncome. La columna restante, N.° 5, al mando del Coronel. H. Rowlands, CV, tenía que establecerse en Luneburg, en el Transvaal, para vigilar a los zulúes y a los elementos republicanos del Transvaal. El propio Chelmsford acompañaría a la columna central. Todas las columnas debían converger sobre la capital zulú, Ulundi, en lo que todos pensaban que sería un paseo militar.

Con sus cañones de 7 y 9 libras, cohetes, ametralladoras Gatling y el eficaz fusil Martin-Henry, provisto de una temible bayoneta, además de la caballería y los habituales sables, espadas y lanzas, la superioridad armamentística de los británicos era aplastante. Frente al ejercito imperial, los zulúes oponían sus armas tradicionales: el iklwa, una “lanza” de asta corta y hoja larga, prácticamente una espada, así como grandes escudos, mazas, hachas y jabalinas. También poseían bastantes fusiles, aunque de modelos antiguos, con llave de chispa o de pistón. La fuerza de los zulúes radicaba en su capacidad de movilizar a una gran masa de guerreros, hasta 50.000, y en la táctica ofensiva ideada por el rey Chaka, fundador del imperio zulú a principios del siglo XIX, llamada “cuernos de bufalo” o izimpondo zankomo: una unidad, compuesta normalmente por los guerreros mayores, la frente de la cornamenta, avanzaba directamente hacia el enemigo mientras a cada lado, los regimientos de jóvenes, conocidos como “los cuernos”, se apresuraban a rodearlo. Los zulúes eran capaces de ejecutar esta táctica en formación cerrada, moviéndose a gran velocidad por el accidentado terreno.

Nthsingwayo kaMahole, comandante de las fuerzas zulúes en Isandlwana

Chelmsford inició su ofensiva sobre zululandia cruzando el río Mzinyathi por el barranco de Rorke el 11 de enero de 1879 por la mañana temprano al frente de la columna N.° 3 o columna central, que era a la vez la más fuerte y la más experimentada, con unos 4.700 hombres. Oficialmente estaba al mando del coronel. Richard Glyn, del 24 Rgto., pero la presencia del propio Chelmsford, colocó a Glyn como un cero a la izquierda. Su artillería protegió el paso desde la orilla de Natal, mientras los voluntarios de Natal eran las primeras tropas en cruzar. En el barranco de Rorke se quedó una Cía. del II batallón del 24 Rgto., para proteger el depósito de abastecimientos y el paso del río. Los exploradores informaron de que el mejor lugar para establecer el próximo campamento era la ladera oriental de un monte, conocido como lsandlwana, “pequeña casa”. Chelmsford dio órdenes al Coronel Durnford, jefe de la columna N° 2, para que dejara dos batallones del contingente de nativos de Natal (CNN) como protección en el barranco y enviara uno a la magistratura limítrofe de Msinga, avanzando el mismo con el resto de sus fuerzas hacia el barranco de Rorke. Chelmsford quería tener a mano a Durnford por si necesitaba apoyar su avance y Durnford estaba deseoso de desempeñar un papel más activo en la campaña, por lo que llegó al barranco de Rorke el día 20 de Enero, en el mismo momento en que Chelmsford partía para Isandlwana, donde al mediodía, comenzaron a montar las tiendas de campaña. El campamento se dispuso por grupos, situados de norte a sur en la falda del monte: primero, el 2 batallón del 3. C , a continuación el 1 batallón del 3. CN, después el 2 batallón del 24 Rgto., la artillería, las tropas montadas y finalmente, al sur de la senda, bajo el cerro pedregoso, el 1 batallón del 24 Rgto.

Composición de la Columna n°3 con la que Chelmford avanzó sobre Isandlwana

Antes de comenzar la invasión, el mismo lord Chelmsford había dado órdenes detalladas a sus comandantes para la defensa de los campamentos a lo largo de la línea de marcha, exigiendo disponer los carromatos adecuadamente o bien cavar trincheras en cada parada. Pero cuando el Coronel Glyn sugirió proteger el campamento de Isandlwana, Chelmsford lo rechazó. Como el terreno era demasiado pedregoso para cavar trincheras adecuadas, decidió detenerse sólo por poco tiempo dejando libres los carromatos para mantener el flujo de abastecimientos entre el campamento y el barranco de Rorke ( Rorke’s Drift). El mismo día 20 ordenó el reconocimiento de la garganta de Mangeni, a unos 20 km al este,un punto fuerte de un jefe zulú llamado Matshana y explorar las colinas que flanqueaban la ruta de su próximo avance, en busca de indicios de la presencia del enemigo. Así, el 21 de enero por la mañana temprano, el comandante Rupert Lonsdale dejó el campamento con 16 compañías del 3° CNN, seguido del comandante John Dartnell con un grupo de la Policía Montada de Natal y voluntarios. Dartnell se encontró con más de 1.000 zulúes que le impedían continuar avanzando y como ya estaba anocheciendo, decidió acampar y envió un mensaje a Chelmsford solicitando refuerzos para poder realizar un ataque a la mañana siguiente. Chelmsford pensó que Dartnell y Lonsdale no tenían fuerzas suficientes para enfrentarse solos al impi y reunió una fuerza para acudir en su ayuda. A las 4 de la mañana lord Chelmsford salió del campamento con seis compañías del 1 batallón del 24 Rgto., cuatro cañones, 1 destacamento de infantería a caballo y los pioneros nativos de Natal, en dirección a Mangeni, donde acampaba Dartnell. El campamento de lsandlwana quedó entonces al mando del teniente coronel Henry Pulleine, del 1 batallón del 24 Rgto., permaneciendo las siguientes fuerzas a su disposición: cinco compañías del 1 batallón y una del 2 batallón del 24 Rgto., los dos cañones restantes de 7 libras de la batería n° 5, más de un centenar de hombres a caballo de la infantería montada y de los voluntarios de Natal, y cuatro Cías. del CN. Las órdenes de Pulleine eran mantener patrullas avanzadas de caballería y defender el campamento en caso de ataque. También ordenó a Durnford que subiera con su columna hacia lsandlwana desde el barranco de Rorke, con lo que una vez sus fuerzas alcanzan el campamento, Pulleine contaba con 67 Oficiales y 1. 707 soldados.

Pulleine desplegó su caballería como centinelas en la meseta de Nquthu y hacia el este del campamento, donde se situaron algunos en un cerro cónico, a 700 m de distancia aproximadamente. Poco después de las 8 de la mañana, un vigilante a caballo llegaba al campamento para anunciar que una gran fuerza zulú se aproximaba por la meseta, desde el nordeste, por lo que Pulleine ordeno llamada “a formar”. Una hora más tarde llegó un mensaje que decía que los zulúes se habían dividido en tres columnas: dos se retiraron hacia el norte hasta perderse de vista, mientras la otra continuaba moviéndose hacia el noroeste. Durnford, pese a que tenía únicamente ordenes de reforzar el campamento, actuó de manera independiente; era un oficial con mas antigüedad que Pulleine y por tanto, de acuerdo con las normas militares, debería tomar el mando del campamento. Pero esas no eran las ordenes de Chelmsford, que esperaba que el campamento se desplazara en breve para reunirse con él. Durnford temía que los zulúes localizados por los vigilantes se movieran para amenazar la retaguardia de Chelmsford algo que debía evitar, y enviando a la meseta a dos escuadrones de la caballería de Natal al mando del Capitán George Shepstone para que expulsaran hacia el este a los zulúes que encontraran, partió con el resto de su columna para explorar la meseta sobre las 11.30 de la mañana. A unos 5 kilómetros del campamento, unos jinetes de la CNN bajo el mando del teniente Raw localizaron una rehala de ganado conducida por algunos jóvenes zulúes, lanzándose a su persecución. Los pastores desaparecieron rápidamente tras un pliegue del terreno y los hombres de Raw se toparon de bruces, en el profundo valle del Ngwebeni y no en Mangeni como habían pensado, con el grueso del Impi Zulú: 20.000 guerreros.

Mientras tanto en el campamento de Isandlwana, tratando de cubrir un perímetro demasiado grande había dispersado mucho sus efectivos, sin saber reaccionar adecuadamente al ataque zulú. Situó una guardia de infantería en un cerro cónico a medio kilómetro de distancia del campamento y destaco a la meseta al 2 batallón del 24 Rgto de infantería. Los jinetes de Raw ya habían comenzado su retirada disparando sobre la marcha hacia el campamento mientras el ejercito Zulú se ponía en movimiento adoptando inmediatamente la formación de “cuernos de búfalo”: los khandempemvu y algunos uMxhapo formaron el pecho, los uMbonambi, iNgobamakhosi y los uVe, el cuerno izquierdo, y los uDududu, iMbube, isAngqu y uNokhenke, el cuerno derecho. Sólo el cuerpo de ejercito udi, que comprendía los regimientos uThulwana, iNdluyengwe, iNdlondlo y uDloko, pudo ser controlado por sus jefes en la excitación del avance y ser agrupado en “loins” o reserva táctica. Los hombres de Raw se encontraron en su retirada con la columna de Shepstone que mandó un mensaje a Durnford advirtiéndole del avance zulú y partió después a transmitir la noticia al mismo Pulleine. Mientras Shepstone entregaba el mensaje llegó una nota de lord Chelmsford ordenando a Pulleine que desmontara el campamento y le mandara el tren de bagajes. Pulleine que aún entonces no comprendía la importancia de la amenaza zulú, se limitó a enviarle una nota diciendo que no podía levantar el campamento “por el momento” y volvió a tocar de nuevo “a formar”, enviando a otra compañía, la del Capitán Mostyn, para reforzar a Cavaye que al mando del una Cía. del 2 batalllón del 24 Rgto se encontraba situado en la meseta próximo al campamento.

Durnford estaba atravesando la meseta bajo la escarpadura de Nquthu, cuando le alcanzó el mensajero de Shepstone. No había acabado de detener a sus hombres cuando los elementos del cuerno izquierdo zulú aparecieron en el borde de la meseta. Los hombres de Durnford comenzaron a replegarse inmediatamente, deteniéndose con frecuencia para disparar una descarga de fusilería. Ante la repentina aparición de guerreros en la línea de horizonte, los hombres de la batería de cohetes de Russell se precipitaron hacia sus puestos pero sólo pudieron lanzar una descarga, mientras una salva zulú caía sobre ellos provocando la huida del CNN. Los zulúes se lanzaron a la carga tomando la batería de Russell cayó en combate. Una columna enorme de zulúes, el cuerno derecho, cruzaba el frente de Cavaye, a unas 800 metros de distancia de la posición del II Batallóm del 24 Regimiento; se dirigía hacia la retaguardia de Isandlwana y no hizo el menor caso de los disparos que le dirigieron los hombres de Cavaye. Mostyn colocó a sus hombres entre Cavaye y Dyson, y se sumó a los disparos. También casi al mismo tiempo, dos escuadrones de la CNN de Shepstone, que se habían replegado ante los zulúes, se les unieron.

batalla de Isandlwana: movimiento de tropas

El teniente coronel Pulleine aún no era consciente de la gravedad del ataque hasta que por la línea del horizonte, como una gran ola, comenzaron a aparecer más y más y más guerreros zulues, por miles. Puesto que se trataba de la dirección principal de ataque ordenó al comandante Stuart Smith que pusiera sus dos cañones de 7 libras en posición, en un pequeño otero pedregoso, unos 700 metros por delante del campamento y desde allí, abrieron fuego contra los zulúes esparcidos por la meseta. Para apoyar a la artillería situó a la compañía del teniente Porteous, del 1 batallón del 24 Rgto. a la izquierda y la del capitán Wardell a la derecha. La compañia del 2 batallón del 24 Rgto. del teniente Pope ocupó posiciones frente a las colinas aprovechando la protección que les ofrecía una línea de rocas que marcaban el lugar en que el terreno caía hacia torrentera seca o donga. Pulleine ordenó a Mostyn y a Cavaye replegarse y envió a la última compañía del 24, la del Capitán Younghusband a cubrir su retirada. La caballería y la guardia del CNN formaron a la derecha de Younghusband, mientras Mostyn y Cavaye se alinearon con Porteous. Por tanto, la infantería formaba ahora una línea más o menos continua desde Younghusband, a la izquierda, hasta Pope, a la derecha, aunque resultaba peligrosamente fina. No se sabe con certeza donde se encontraba exactamente el resto del CNN: probablemente una compañía estaba formada delante del campamento y las otras debían que encontrarse fuera , a la derecha.

Mientras tanto los hombres de Durnford que continuaban su retirada hacia el campamento se detuvieron en una torrentera a medio kilómetro de las posiciones inglesas y desmontaron para abrir fuego sobre sus perseguidores, que les seguían de cerca. Allí se les unieron algunos hombres a caballo del campamento. Pulleine ordenó replegarse a Pope para que dirigiera parte de su fuego contra el cuerno izquierdo delante de Durnford y el CN cubrió el intervalo entre ellos. Aunque los hombres de Pope eran tiradores de primera estaban demasiado desperdigados para concentrar de manera efectiva su fuego. Sin embargo, por el momento consiguieron aminorar el avance de los zulúes, que se pusieron a cubierto tras una pequeña depresión. En este momento de la batalla, con los hombres haciendo fuego continuado durante largo tiempo, ya comenzaban a escasear las municiones entre las tropas de primera linea y varias compañías se quedaron sin municiones ; “escasear” quizá no sea un término adecuado, ya que el campamento estaba extraordinariamente bien aprovisionado, pero el municionamiento a las tropas en primera linea se hacía casi imposible porque los encargados de realizarlo no encontraban los carromatos de municiones asignados y para empeorar la situación, el servicio de pertrechos de infantería no había dado munición a los nativos. La estúpida rigidez de algunos responsables de suministrarlas y la dificultad de abrir las cajas complicaran la reposición de cartuchos a tiempo. Al notar la rápida disminución de la intensidad del fuego inglés, los igobamakhosi y los uVe comenzaron a girar hacia la izquierda para desbordar a Durnford por el flanco, y a cruzar la donga más abajo.

Pulleine intentó impedirlo dirigiendo el fuego de Smith contra el cuerno izquierdo zulú. La situación de Durnford era crítica en ese momento y no pudiendo mantener la donga en la que estaban atrincherados por más tiempo, ordenó a sus hombres que montaran y regresaran al campamento. En ese momento los hombres de la CNN arrojaron sus armas y huyeron a retaguardia. En pocos minutos, la situación se hizo desesperada mientras Pulleine trataba frenéticamente de replegar a sus hombres a una posición defensiva más cercana con el monte a retaguardia. Las cornetas tocaron a retirada y la infantería cesó el fuego mientras comenzaba a replegarse.

Liberados del terrible fuego de fusilería, los zulúes se incorporaron y siguieron avanzando. Las piezas de artillería continuaron disparando hasta el último momento, después colocaron los avantrenes y a la carrera, emprendieron el regreso al campamento. Las unidades dispersas de infantería se agruparon en cuadrados, pero los zulúes irrumpieron en medio de ellos y los dispersaron por el campo. Ya no era posible realizar una defensa organizada. Los hombres resistían espalda contra espalda o en pequeños grupos, disparando hasta que agotaban la munición, combatiendo cuerpo a cuerpo contra los zulúes con las bayonetas. Algunos se refugiaron dentro de los carromatos o a su alrededor, hostigando a los zulúes a culatazos y a la bayoneta calada. En ese momento, Durnford despidió a los hombres de la caballería que tan bien habían combatido a sus órdenes y los autorizó a abandonar el campamento y acto seguido, junto a un grupo de voluntarios y hombres del 24, ocupó una posición justo bajo el collado, tratando de rechazar al cuerno izquierdo zulú. Allí resultó muerto. PulIeine también fue muerto en algún lugar del campamento y algunos grupos del 24 resistieron en el terreno quebrado de detrás de Isandlwana, hasta que los zulúes los abatieron como a conejos. Los cuernos zulúes se habían cerrado, y la batalla había terminado.

Infantería británica formada en cuadros hace frente a la avalancha zulú hacia el final de la batalla

Los que consiguieron escapar a la matanza del campamento atravesaron el collado, con la esperanza de llegar al barranco de Rorke, pero contemplaron con horror que el cuerno derecho casi bloqueaba su camino. Entonces se dirigieron hacia la izquierda, aguas abajo de un arroyo llamado Manzimyama, marchando ciegamente en pos de los hombres de la caballería que parecían conocer una ruta de evasión. Los zulúes se lanzaron en su persecución y tuvo lugar una lucha desesperada por la supervivencia en las pendientes rocosas. Muchos no lo lograron, incluidos los artilleros cuyos cañones se atascaron en una torrentera donde fueron abatidos. El teniente Melvill trató de salvar la bandera de la Reina del 1 batallón del 24 Rgto. Cuando cayó la línea se le ordenó que llevara la bandera a un lugar
seguro y pudo abrirse camino combatiendo hasta que se unió al teniente Coghill; ambos descendieron por el empinado valle del Mzinyathi, y se lanzaron al río, que estaba en crecida. Coghill cruzó sin problemas, pero la corriente hizo caer del caballo a Melvill y le empujó contra una roca en medio de las aguas. Coghill regresó para ayudarlo, pero su caballo fue muerto inmediatamente. Melvill estaba demasiado cansado para sujetar la bandera, que se deslizó fuera de su alcance. Los dos hombres consiguieron cruzar a la orilla de Natal, remontando penosamente la pendiente, y llegaron hasta una gran roca, donde cayeron extenuados. Allí los encontraron los zulúes y tras una dura refriega los mataron. No sobrevivió ni un solo miembro de las seis compañías del 24. De los 1.700 hombres que se encontraban en el campamento la mañana del día 22, sólo sobrevivieron 60 blancos y 400 negros.

campo de batalla de Isandlwana, fotografiado en 1879 seis meses después de la batalla. Los carromatos del tren de transporte británico aun permanecen sobre el campo de batalla.

El campamento quedó totalmente destruido. Los cadáveres se amontonaban, entremezclándose blancos y negros. Los cuerpos de los soldados británicos fueron abiertos y destripados, de acuerdo con las costumbres zulúes. Los bueyes y los caballos fueron sacrificados, los almacenes descerrajados y saqueados y las tiendas de campaña y los carromatos fueron incendiados. Los zulúes se llevaron todo lo de valor y a última hora de la tarde, comenzaron a retirarse, llevándose a sus muertos. Los cañones de 7 libras de la batería n°5 capturados tras la batalla se encontraron abandonados en la pradera cercana a Ulundi al final de la guerra; los zulúes habían intentaron usarlos sin éxito. Al volver al lugar al finalizar el día, las tropas de Chelmsoford se encontraron con un espectáculo desolador: “Había muertos por todas partes. Todos estaban mutilados […] Un niño tambor colgaba de un carromato por los pies: le habían cortado el cuello.” Un sastre londinense sintetizaría el duelo imperial por Isandlwana en el típico tono victoriano: “Triste asunto, muy triste; hemos perdido varios buenos clientes allí”.

La conquista de zululandia no fue tarea fácil para los británicos. En Ntombi perdieron 79 hombres al ser derrotados por los swazi de Mbilini, aliados de los zulúes. Días después morían otros doscientos británicos en un choque en Hlobane. Y unos meses después caía en una escaramuza Napoleón Luis Eugenio, hijo del antiguo emperador francés, que se había alistado como voluntario en el ejército británico. Pero para entonces la máquina militar británica ya había impuesto su ley. En la batalla de Khambula, el 29 de marzo de 1879, los zulúes perdieron dos mil hombres y unos días después cayeron otros mil en Gingindlovu ante los fusiles y ametralladoras de Chelmsford. En la última batalla de la guerra, en Ulundi, el 4 de julio de 1879, los zulúes apenas pudieron resistir media hora; sufrieron mil bajas, por apenas diez muertos y 69 heridos europeos. Al mes siguiente, Cetshwayo era capturado por los británicos. Con él, el mítico reino zulú llegaba a su fin.

Memorials y tumbas de los soldados británicos en el campo de batalla de Isandlwana en la actualidad

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