Historia Antigua

El ejercito de Filipo y Alejandro

Año 360 a.C.: el monarca macedonio Perdicas III acababa de fallecer tras una severa derrota ante los ilirios y toda Macedonia se encuentra al borde del colapso absoluto. Ilirios, tracios y peonios se lanzan sobre sus fronteras, mientras Atenas amenaza sus costas. Alejandro II y Perdicas III, habían ocupado el trono y habían muerto, el hijo de este último era sólo un niño y la situación del reino exigía un monarca fuerte. Los macedonios en armas aclamaron al más joven de los tres hijos de Amintas III, Filipo, de la línea de los argéadas, en medio de una situación crítica para el reino. Esta endeble Macedonia en los márgenes de la Hélade, era considerada un reino semibárbaro por los griegos, siempre bajo la influencia de las potencias griegas o del Imperio Persa y a menudo objeto de las incursiones de las tribus bárbaras del norte. Y a pesar de unos inicios tan poco prometedores, la expansión macedonia con el nuevo monarca será imparable, contemplada por los griegos con una mezcla de asombro y miedo. El artífice de tal cambio fue Filipo II de Macedonia, militar y estadista del más alto nivel, inteligente y pragmático, que debió su éxito tanto al éxito militar como a la diplomacia, la política y la propaganda. La lección que aprendiera el joven Filipo en Tebas, aunque valiosa y dilatada, no se limitó a los tebanos Pamenes, Pelópidas y Epaminondas, sino que se extendió a los bien conocidos Agesilao, Ifícrates o Jasón, entre otros, que demostraron la importancia de disponer de un ejército experimentado y bien preparado. A ello Filipo sumaría su capacidad de innovación y adaptación, su experiencia y su aptitud para el ámbito de la guerra.

Cuando Filipo II ascendió al trono de Macedonia con 23 años en el 359 a.C., la situación del reino era precaria, rodeado de tribus barbaras en el norte y presionado por las ciudades griegas desde el sur. En el interior, había otros pretendientes al trono y la autoridad real efectiva podría ejercerse sobre los principados semi independientes de la Alta Macedonia sólo intermitentemente. Ante la posición de extrema debilidad del reino, algunos nobles considerarían la posibilidad de cambiar la figura del monarca en aras de conseguir aliados fuertes que colaboraran en la defensa del territorio, especialmente en el caso de Argeo y Atenas, capaz de desplazar un ejército considerable a la zona. Filipo debía consolidar y expandir el poder del trono o sería engullido por las dificultades que lo asediaban. Para lograr ese objetivo, la creación de un ejército poderoso era un imperativo. Hemos de tener en cuenta que a lo largo del reinado de Filipo, entre 360 y 336 a.C., Macedonia se encontró prácticamente en continuo estado de guerra. Filipo acometerá una profunda reforma del ejército macedonio que transformaría radicalmente al mismo, surgiendo como la fuerza militar más poderosa del momento que no sólo sirvió a Filipo sino también a su hijo Alejandro en su periplo hasta la India. La guerra en la antigüedad era un acontecimiento más de la vida diaria de las personas. Los diferentes estados se enzarzaban continuamente en disputas diversas por los más variados motivos y Macedonia no fue una excepción. Filipo necesitaba desesperadamente sobreponerse a la coyuntura del 360, lo que pasaba por fortalecer su fuerza militar sobre la que fundamentar la estabilidad del estado, e incluso su propia prosperidad. Pero Macedonia estaba muy lejos de ello, lo que había destinado a esta potencia a adoptar un papel secundario a merced de las principales potencias. Las circunstancias habían arrastrado al reino al borde del colapso, del que sin embargo saldría en apenas dos años merced a la tremenda actividad del nuevo monarca.

La motivación de los soldados era, es y será un elemento fundamental en cualquier ejército, de ahí la importancia de que Filipo se mostrara pronto como un líder carismático capaz de levantar la moral de las tropas; el nuevo rey desplegó una actividad frenética: las asambleas y arengas de Filipo, su cercanía a la población y especialmente a sus soldados, y la necesidad de ganarlos para su causa y sus objetivos, eran de vital importancia a la hora de transmitir confianza y fortalecer su mermada moral. A continuación, era fundamental la necesidad de un duro entrenamiento en un ejército austero, que endureciera a los soldados, mantuviera en forma a sus tropas y favoreciera una mayor disciplina y capacidad en combate. La importancia de la reforma de Filipo iba más allá de los cambio en la panoplia, y pasaba previamente por fortalecer la moral, la disciplina, la preparación física y el entrenamiento de sus soldados, aunque qué duda cabe de que el cambio en el armamento tuvo un profundo impacto.

En este momento, no podía formar la célebre “falange macedonia” con los medios de que disponía, a saber, un ejército de infantería ligera formado por clases bajas de escasos medios, en oposición a la poco numerosa caballería de las clases altas, y con unas clases medias capaces de costearse la panoplia hoplítica poco numerosas. Con este fin, Filipo rearmará su infantería, compuesta ya por levas campesinas, con largas y pesadas lanzas ( las sarisas), que equipó con armaduras ligeras de lino y espadas, siguiendo el ejemplo del general ateniense Ifícrates que había combatido por la zona recientemente. Esta nueva fuerza de infantería fue endurecida con largas marchas campo a través bajo el sol de verano y se trajeron generales mercenarios para imponer disciplina e instruir al ejercicio. Filipo era plenamente consciente de que un enfrentamiento con los ejércitos griegos era inevitable, por lo que su infantería debía estar mucho mejor preparada para enfrentarse a los hoplitas. Con este objetivo en mente y como parte del entrenamiento de su nuevo ejército, Filipo lo llevó a combatir contra las tribus del norte. La falange, junto a la caballería, se convirtió pronto en la base del ejército nacional macedonio. Dentro de la falange destaca el cuerpo de élite de los hipaspistas, tropas escogidas y equipadas de la misma manera que el resto de falangitas, y que junto a la caballería macedónica formaron la punta de lanza del ejército. Contaba además con abundante infantería ligera, que adquiere mayor importancia en Grecia durante este siglo, y que hasta la reforma militar y el surgimiento de la falange había sido la base de la infantería macedónica.

Filipo acrecentó de forma considerable los ingresos de la monarquía macedonia; sus conquistas ampliaron el patrimonio real, ya de por sí extenso, haciéndose también con el control de las minas tracias (sólo las del monte Pangeo le reportaban mil talentos anuales). Además su política de fundación de nuevos centros elevó exponencialmente la recaudación de la hacienda real. Este fortalecimiento económico aportó a Filipo recursos muy superiores a los que contaban los estados griegos de la época y le hicieron posible financiar sus continuas campañas militares y la equipación de su ejército a costa de las arcas reales. También dividió también el reino en distritos administrativos y de leva militar, que habrían de perdurar hasta la época romana.

La implantación ex novo de una panoplia completamente diferente suponía que, casi de inmediato, cada infante debía conseguir una sarisa y un escudo, principalmente, casco y grebas, y en la medida de sus posibilidades corazas más o menos costosas. Recordemos que la situación socio-económica no era en absoluto boyante y atravesaba por una situación crítica en los primeros años. El macedonio medio no contaba con apenas recursos, en una economía de autoabastecimiento, por lo que aún siendo una panoplia asequible, suponía un esfuerzo que no todos podrían hacer. Del mismo modo, Filipo no podía fiar la implantación de una transformación de tal calado a lo que cada macedonio pudiera acceder individualmente, por lo que él mismo asumió la iniciativa y equipó directamente a sus macedonios. El rey de Macedonia, una vez asumía su cargo, se convertía en propietario de las minas, los bosques y la madera del reino (además de sus grandes propiedades de tierra y cotos de caza). Más allá de las rentas elevadas que Filipo obtenía anualmente de su explotación, o de los impuestos sobre la población, los territorios sometidos y el comercio, el monarca poseía en teoría las materias primas para la elaboración del nuevo equipamiento, y podría además contar con el trabajo ocasional de sus súbditos, algunos artesanos, a instancias del rey. Así pues Filipo disponía de la materia prima y de la fuerza de trabajo,por lo que establecerá nuevos talleres de fabricación estatal o reales, de armamento normalizado o estandarizado. Estas fábricas o grandes talleres de armas producirían puntas de flecha en serie, puntas de sarisa, escudos (especialmente si consideramos que sus tamaños y decoración estaba estandarizado) y regatones para las sarisas. La existencia de estas fábricas implicaba la existencia de grandes depósitos de armas destinados a acoger las armas entregadas a los soldados en época de guerra.

Filipo II de Macedonia

Las batallas en el mundo griego se habían decidido hasta ahora, por las maniobras de la infantería pesada, los hoplitas, que habían sido equipados cada vez más ligeramente durante el siglo IV a.C., abandonando gran parte de su armadura. Esto les permitió ejecutar sus evoluciones tácticas en el campo de batalla con velocidad y sin demasiada fatiga. Sin embargo y frente a la práctica habitual entre los griegos, Filipo creó una gran fuerza de caballería, la más poderosa de la época, fuertemente equipada para actuar como el cuerpo de ruptura de su ejército. Al principio solo tenía unos 600 Compañeros de caballería; familias nobles de todo el mundo griego se asentaron en feudos creados por el rey a partir de tierras ganadas a sus enemigos y para el final de su reinado, el número de Compañeros se había incrementado grandemente (pasando de seiscientos en 358 a.C. a dos mil ochocientos en 336 a.C.). La formación y el entrenamiento que recibía esta caballería de los Compañeros eran muy elevados; en cuanto al armamento, destaca tanto el elemento defensivo (formado por corazas o corseletes, y cascos de tipo tesalio y frigio normalmente), como el elemento ofensivo, compuesto en buen número de ocasiones por lanzas de caballería superiores en tamaño a las del resto de la caballería, e incluso a las de infantería: se trata de las sarisas de caballería, llamadas Evaxáv por Arriano y bópv por algunas fuentes, inferiores en tamaño a las sarisas de infantería pero mayores al resto de las armas, lo que potenciaba su carácter ofensivo. Asimismo, la formación en cuña que adoptó la caballería macedónica en tiempos de Filipo y Alejandro nos hace pensar en una disposición agresiva y con capacidad de penetración en las filas enemigas. Es decir, desarrolló nuevas formaciones tácticas basadas en las que Jason de Feras había inventado para permitir que su caballería desempeñara un papel destacado en la batalla, por lo que la infantería ya no necesitaba movilidad.

Pero no sólo disponía de la fuerza de los Compañeros, sino también de la formidable caballería tesalia. Pese a que actualmente se debate sobre la capacidad de esta caballería a la hora de enfrentarse con una formación de infantería pesada que no hubiera perdido el orden (carga que hasta entonces ningún tipo de caballería habría osado realizar, ni siquiera la tesalia), ésta dejará ahora de ser un mero apoyo para convertirse en el arma ofensiva por excelencia: era capaz de golpear con gran velocidad allí donde surgían huecos o en los flancos del enemigo, y demostró su superioridad frente a la caballería enemiga en todos los enfrentamientos de que tenemos constancia. Lo más probable es que la caballería macedónica contara con el apoyo de su propia infantería a la hora de enfrentarse a la infantería pesada, en cuyo caso tendría más posibilidades de imponerse al aprovechar la debilidad del enemigo y el apoyo de la infantería.

Cada uno de los cuerpos del ejército debía actuar en connivencia con el resto, complementándose unos a otros. Así, en algunas de las batallas, la infantería de falange presentaba batalla con sus sarisas, mientras la caballería asestaba el golpe en algún flanco o aprovechaba los huecos surgidos merced a la presión de la propia infantería. Esta combinación de tropas y una sabia dirección del ejército darán a Filipo la mayoría de sus victorias. Asimismo, éstos se servían de la alta preparación y veteranía de sus tropas tanto en el combate como fuera de él. El punto fundamental en la táctica de Filipo primero, que heredará Alejandro después será la concentración de tropas en uno de los flancos, el cual debía asestar el golpe definitivo sobre el ejército enemigo. La influencia de Epaminondas y su orden oblicuo es más que evidente. Sin embargo, los ejércitos de Filipo y Alejandro ofrecían un mayor número de posibilidades que los ejércitos griegos, ya que los puntos fuertes macedonios no se limitaban a la infantería pesada (la de los hoplitas en el caso de los griegos, la de los falangitas macedonios en el caso de Filipo y Alejandro), sino también a la caballería macedónica y tesalia. Así, en un buen número de ocasiones este golpe fue asestado por medio de la caballería y de los hipaspistas, que además servían de nexo con el resto de la falange. Finalmente, las persecuciones tras la victoria daban el mazazo definitivo a las descompuestas fuerzas enemigas.

Filipo volvió a equipar a su infantería con los escudos y corazas hopliticos de bronce que habían sido abandonados en el resto de Grecia durante más de medio siglo.así, cuando el enfrentamiento final llegó en 338 a. C. en Queronea, los hoplitas griegos se hicieron pedazos contra las sólidas líneas continuas de la falange macedonia más fuertemente equipada. Toda Grecia se unió, a punta de lanza, bajo el mando de Filipo en la Liga de Corinto, pero el rey fue asesinado a la edad de 46 años antes de que pudiera lanzar su expedición prevista contra el Imperio Persa. Aunque el primer año de reinado de su hijo Alejandro estuvo empeñado en restablecer el control macedonio sobre Grecia y los Blacanes, el nuevo rey encontró tiempo para introducir algunos cambios en el ejército heredado de su padre. Introdujo la lucha con bastones de madera en el programa de entrenamiento y la caballería reemplazó el casco frigio por el beocio, que le dio más protección en la cara y hombros contra los tajos de espada. También ordenó al ejército que se afeitara, oficialmente para “negarle al enemigo un asidero en el combate cuerpo a cuerpo”. Aunque afeitarse se estaba volviendo popular en Grecia,muchos de los miembros más antiguos de la corte se negaron a deshacerse de sus barbas rizadas.

Como es bien conocido, todos los ejércitos griegos de la época se hallaban subdivididos en unidades menores y disponían de una cadena de mando relativamente efectiva. Sin embargo, y a excepción del ejército lacedemonio, de los mercenarios y de algunos cuerpos especiales o de élite como el batallón sagrado, ni los soldados ni los generales desempeñaban esta función a tiempo completo, ni constituían un ejército profesional. De hecho, como el poder político y poder militar marchaban íntimamente unidos, los generales griegos contaban con una posición política y social elevada, siendo su cargo a menudo elegido en el ámbito civil, y guardando relación con algunos aspectos políticos (así los beotarcos beocios o los estrategos atenienses). Por consiguiente, ante el escaso desarrollo de lo que podríamos llamar profesionalismo, la cadena de mando era relativamente sencilla y el nivel de organización de estas milicias ciudadanas, ciertamente bajo. En Macedonia, como en el propio Estado, el ejército estaba mandado por el rey y por generales extraídos del círculo cortesano. El monarca gozaba de plenos poderes en el ámbito militar y no estaba sujeto a limitación o restricción alguna en campaña. Del mismo modo, tampoco debía rendir cuentas de sus actuaciones a su vuelta, como era el caso de los reyes espartanos o de los estrategos griegos. Los ejércitos de Filipo y Alejandro fueron capaces de vencer en poco tiempo a los hasta entonces invencibles hoplitas o a las innumerables tropas de Darío. Se trataba, como veremos a continuación, de un ejército especializado y eficiente, caracterizado además por su fuerte espíritu nacional, equipado con un armamento superior y cuyo despliegue en combate recogió muchas de las enseñanzas griegas del periodo precedente.

Entrenamiento y disciplina

El ejército macedonio se reclutaba de forma regional ya con anterioridad al propio Filipo. Como ya hemos mencionado, una de las prioridades de Filipo fue el entrenamiento constante al que sometió a su ejército hasta convertirlo en una fuerza de combate efectiva dotada de una férrea disciplina capaz de maniobrar y de vencer. De hecho, este riguroso entrenamiento de sus soldados constituyó, sin lugar a dudas, una de las claves en la revolución militar introducida por Filipo y quizá el principal motivo de sus victorias militares. “Filipo, tras haber mejorado la organización de sus fuerzas y haberlas equipado adecuadamente para la guerra, llevó a cabo constantes ejercicios y maniobras con los hombres completamente equipados”. (Diodoro). Hacia marchar a sus soldados trescientos estadios (unos 54 km) en un solo día equipados con la panoplia completa y cargando con las provisiones diarias. El objetivo de Filipo era mejorar la movilidad del ejército, pero sobre todo su eficiencia. “Prohibió a todos el uso de carros de transporte, no permitió tener más de un sirvientes a cada jinete, e igualmente uno solo para cada unidad de infantes” (Frontino), es decir, por cada dekas. Sin duda esto supondría un cambio radical en la velocidad del ejército, antes lastrado por los extremadamente lentos trenes de suministros con carruajes, tirados a menudo por bueyes y que tenían serios problemas para atravesar barreras naturales tales como pasos de montaña, ríos o rampas pronunciadas. Y conllevaba también una exigencia adicional a sus tropas, cuya resistencia y solidez sería puesta a prueba.

El estudio de la hegemonía tebana llevaría a Filipo a valorar la importancia de la formación táctica y el entrenamiento militar ( Filipo de Macedonia perteneció en su juventud al Batallón sagrado de Tebas, ciudad a la que fue llevado de rehén y donde conoció a Pelópidas y a Epanimondas.) También adoptó otras disposiciones, como como la prohibición de todo tipo de lujos, lo que motivó escenas como la destitución del mando tarentino (seguramente de caballería), por el mero hecho de haber tomado baños calientes, opuesto a sus costumbres macedonias: “Filipo despojó del mando al comandante tarentino Dócimo, que había tomado un baño caliente, y dijo: me parece que desconoces las costumbres macedonias, entre los que ni siquiera la mujer lava a sus hijos con agua caliente” (Polieno). Lo que parece una mera anécdota sin importancia, nos está hablando en realidad de la dureza del ejército macedonio y del ejemplo impuesto por el monarca, que a menudo se comportaba como uno más de sus soldados. En esta misma línea estaría el propio comportamiento del monarca y la férrea disciplina que imponía entre sus más allegados; así sabemos que castigaba a sus pajes severamente con azotes y latigazos y llegó a matar a uno por quitarse sus armas cuando debía permanecer “en armas”. Marchas y castigos se convertirían de esta manera en un medio para endurecer a sus soldados y fomentar su resistencia, su dureza y sobre todo su disciplina, lo cual es el primer paso en la formación de un ejército capaz y experimentado, el siguiente sería el adiestramiento para el combate, especialmente en el desplazamiento y lucha dentro de la formación.

Pero las tropas también eran severamente adiestradas en maniobras tácticas, y no únicamente en marchas interminables y severos castigos y este entrenamiento puede apreciarse en una vez más tres años después de Queronea, con la demostración de Alejandro en Pelio ante los iliriosla “falsa retirada” de Queronea y tres años después en la demostración de Alejandro en Pelio ante los ilirios. El manejo de la sarisa, frente al de una lanza normal, exigía un mayor entrenamiento y era preciso su buen manejo individual, sobre todo en el interior de una formación densa. El desplazamiento con ellas en alto requería de cierta práctica dentro de la formación (aunque no más de la que recibiría un hoplita), pero sobre todo era fundamental su entrenamiento para el combate, donde la coordinación con el resto y el empuje eran más importantes que la perfección del estilo. La instrucción básica del falangita macedonio, por tanto, se centraría principalmente en el desplazamiento en formación armado con la sarisa. Técnicamente el aprendizaje en el manejo de tal arma requeriría poco tiempo, aunque manejar este tipo de arma en una formación de 256 o 512 hombres era otra cuestión. Tal instrucción se realizaría con un exomis y sin más equipamiento que la sarisa, si bien otras maniobras y ejercicios muy distintos exigían de los falangitas que marcharan con la panoplia completa e incluso con las raciones de un número determinado de días, como vimos en Polieno. Es obvio que la formación de un falangita había de obedecer a diversos objetivos, uno de ellos el manejo del arma en combate, otro el desplazamiento y la posición dentro de una formación, y otra la resistencia y las marchas en campaña. Los soldados recién heredados por Alejandro de su padre Filipo llevaron a cabo aquellas maniobras intimidatorias con precisión matemática ante los ilirios Glaucias y Clito:

Entonces dispuso Alejandro a su ejército en una profundidad de falange de ciento veinte escudos, y en ambos flancos doscientos jinetes, y ordenó que guardaran silencio para obedecer al punto cada orden, y a los hoplitas (falangitas) mandó levantar sus lanzas para luego ponerlas en posición vertical, a una señal fijada, e inclinarlas y cerrar lanzas primero a derecha y luego a izquierda. Desplazó entonces al frente a la falange con precisión, cambiando la dirección a un lado y al otro, y así dando órdenes a todas las taxeis, y disponiendo unas y otras en poco tiempo, dispuso a la falange en una formación en cuña y se lanzó contra los enemigos. Estos llevaban tiempo sobrecogidos viendo tal precisión y orden de maniobras”. (Arriano).

Alejandro apenas lleva un año en el trono, pero sus tropas poseen un adiestramiento excepcional, muy superior a la de cualquier otro soldado de leva y equivalente al de las tropas profesionales. Este, al subir al trono, también prestó especial atención al entrenamiento de sus soldados, sin duda motivado por las enseñanzas de su padre: “Adiestraba a sus soldados completamente armados y en formación, realizaba ejercicios militares e imponía disciplina en el ejército” (Diodoro). Esta maniobra pone de manifiesto la elevadísima capacidad de movimiento y maniobra de la falange macedonia de Filipo que heredó Alejandro, que es capaz de pasar con extraordinaria rapidez de una formación de marcha a una formación de combate , compuesta por las diferentes taxeis y por tanto dividida en diferentes bloques, estando unos más avanzados que otros. Tal despliegue sobrecogió al enemigo, lo que pone una vez más de relieve el orden y precisión con que se ejecutaban las órdenes y tanto fue así, que esta maniobra, fruto del duro entrenamiento, infundió verdadero terror en el enemigo que huyó antes de que se produjera la carga macedonia.

Así pues, el entrenamiento era fundamental para mejorar la cohesión y el orden compacto dentro de la formación, como parte de una masa organizada, ya que el falangita es un mero elemento más dentro de formaciones compuestas por miles de hombres que deben conocer
su puesto exacto y saber cómo realizar desplazamientos al unísono con el resto. Debemos tener muy presente que este desplazamiento en masa se podía complicar sobremanera en una circunstancia de combate, en pleno caos y sin visibilidad, y ello podía fácilmente producir cortes en las líneas, lo cual era a menudo fatal. Era pues fundamental que el falangita conociera a la perfección su posición y los pasos a seguir para situarse en formación y no entorpecer a sus compañeros, especialmente una vez que se daba la orden de bajar las sarisas. Pese a que hoy día desconocemos los pasos a seguir en caso de rotura o pérdida del arma, de haber recibido alguna herida, o de que el falangita quedara completamente exhausto durante la batalla, debemos suponer que los falangitas de las primeras filas que eran sustituidos por los siguientes lo harían sin duda desplazándose ligeramente hacia su izquierda, al pequeñísimo pasillo que quedaría entre la cadena de sarisas en horizontal y sus camaradas a la espalda, y tratar de hacerlo lo más rápido posible para no entorpecer así a sus compañeros.

Otro de los puntos de unidad del ejército era el posible juramento de fidelidad hacia el rey, realizado por todos los varones macedonios en armas para con su monarca a su subida al trono; el gobierno de Filipo puede considerarse paternalista y cercano a su pueblo,lo cual reforzaría dichos lazos de unidad para con sus súbditos soldados, suscitando incluso veneración. Las épocas continuadas de guerra, como la que se vivía en tiempos de Filipo y sus hermanos, creaban un sentimiento de unidad entre los veteranos, además de una notable experiencia en combate. Otro de los puntos de unidad del ejército era el posible juramento de fidelidad hacia el rey, realizado por todos los varones macedonios en armas para con su monarca a su subida al trono; el gobierno de Filipo puede considerarse paternalista y cercano a su pueblo,lo cual reforzaría dichos lazos de unidad para con sus súbditos soldados. Y la capacidad de mando y de liderazgo de Filipo estaba fuera de duda y era, además un gran estratega, original hasta cierto punto y sobre todo efectivo, adoptando tácticas novedosas de concentración de fuerzas, despliegue oblicuo, etc. lo que contribuyó a afianzar su imagen ante sus tropas. A ello Filipo sumó otro gran punto a su favor, su riqueza, que entre otros, hacía que sus soldados supieran con certeza que iban a cobrar su paga, de parte de su rey .

Pero el liderazgo en el ejército macedónico no correspondía sólo al rey, sino también a sus oficiales, muchos de los cuales eran elegidos por méritos propios, especialmente los mandos inferiores como el decarca e incluso se podían también crear lazos por medio de vínculos homosexuales, del mismo modo que el Batallón Sagrado. Podemos considerar por tanto a las milicias macedonias de Filipo como tropas tan experimentadas que su capacidad en el combate se acercaría o superaría en muchos casos a la de los soldados profesionales, debido al entrenamiento al que las sometió al comienzo de su reinado, así como a su experiencia en el combate y la disponibilidad de éstas por parte del rey.

El ejército de campaña de Filipo formaba un conglomerado especialmente diverso (soldados macedonios de la Alta y la Baja Macedonia ,tesalios de los cuales Filipo era arconte,además de los aliados agrianes, peonios, ilirios, tríbalos, odrisios y tracios) que sin duda causaría problemas de diversa índole y resentimientos y entre los que la disciplina debía ser impuesta sin titubeos. Baste recordar que gran parte de los aliados de Filipo habían estado en el bando contrario pocos años antes y que buena parte de los helenos, despreciaba a los macedonios y no los consideraba griegos. Y que a su vez griegos y macedonios, desdeñaban al resto de bárbaros.

El Alto Mando y oficialidad

A la cabeza del ejército se encontraban los oficiales del Estado Mayor, la guardia personal y otros generales. En el entorno inmediato del monarca, encontramos en primera instancia a los compañeros del rey en su sentido estricto, título cortesano que no puede confundirse con el de los compañeros de la caballería;éstos combatían en la ile basilike junto al rey, actuaban como consejeros, e incluso recibían cargos diversos de manos de éste. En campaña el alto mando del ejército tenía su centro en la tienda real, lugar en el que el rey reunía al Consejo. La tienda real formaba un pabellón de grandes dimensiones con una gran estancia y además armería, vestíbulo (donde se encontraría el eisangeleus) y las estancias del rey. Éste dispondría de chambelanes electos por su fidelidad y capacidad que regulaban también el acceso a la persona del monarca y, asimismo, de cierta cantidad de augures, habituales entre los ejércitos helénicos, como Aristandro en el caso de la campaña de Asia. La vigilancia correspondía a los siete somatophylakes u oficiales de estado mayor, que mandaban por turno un destacamento de hipaspistas reales, el agema de los hipaspistas, cuerpo suficientemente diferenciado y que hacía las veces de guardia del entorno real. Los Pajes Reales, ya desde la época de Filipo, formaban un cuerpo muy característico en el entorno de la corte y servían también en campaña y provenían de los hijos varones adolescentes de la nobleza, los basilikoi paides. Cumplían una finalidad múltiple: educados en la corte junto a los hijos del rey, aseguraban la fidelidad de las principales familias a modo de rehenes, eran vinculados a la obediencia al rey y la deferencia a la realeza, y realizaban incluso tareas serviles pero directamente al monarca, lo que era considerado un honor. Una vez cumplida la mayoría de edad, pasaban a formar parte de los compañeros o servían como oficiales en la guardia real o en otras unidades.

Filipo II y el príncipe Alejandro

La cadena de mando del ejército macedonio se caracterizaba por su centralización. El rey y los altos mandos al frente de taxeis e ilai daban órdenes que se transmitían mediante toques de trompeta; suponemos que la primera señal la daba el trompeta del rey, que era recogida por el resto de trompetas de cada unidad. los estandartes eran también un elemento necesario en el campo de batalla, como único medio en la antigüedad para ejercer un mayor control, un mando más efectivo y una mejor comunicación. Las batallas antiguas eran un completo caos, consecuencia de las nubes de polvo, el griterío, el ruido de las armas, los movimientos de miles de hombres y caballos, la limitación visual de algunos cascos, etc.. Ello exigía de los soldados una orientación y concentración enormes para poder ver y oír las órdenes, combatir y evitar la desorientación y la consecuente tendencia al terror y la huida. La utilidad de estas insignias o estandartes era, pues, obvia: permitían alinear la formación, indicar determinadas acciones, reagrupar la unidad, identificarla, dar a conocer su posición
(aunque también al enemigo), y sobre todo es el punto de referencia de la misma para sus miembros, tanto física como psicológicamente, una especie de encarnación de la solidez de la unidad.

Por debajo del monarca se encontraban los diferentes mandos de las principales unidades, principalmente taxiarcos, ilarcas o hiparcos, que servían bajo el monarca o bajo strategoi nombrados directamente por el rey como era el caso de Cratero al mando de la infantería de línea. Del mismo modo el monarca podía nombrar un estratego para dirigir un ejército, como ocurría con Parmenión, que derrotó a los ilirios en 356 a.C. al mando de un ejército macedonio en el que el propio Filipo estaba ausente. Se trataba de campañas menores en las que el rey podía no estar presente o bien debía encontrarse en otro lugar. Sería el caso de la división del ejército macedonio a la vuelta a Babilonia, en el paso de Gedrosia, o del envío de tropas extraídas del bloque central del ejército en Sogdiana y Bactriana durante el reinado de Alejandro. Aunque en las últimas campañas de Alejandro el ejército se dividía en moirai, con un general al mando,este no sería el caso del ejército de Filipo.

La administración del ejército tenía su epicentro en las cercanías del rey ya en la corte, ya en la tienda real si éste se encontraba en campaña. Estaba coordinada por un archigrammateus y pudo estar ya dividida en secciones al mando cada una de ellas de un grammateus, que estaba asistido por varios episkopoi. Por regla general los alimentos eran responsabilidad de cada soldado, que los debía llevar desde su hogar, si se trataba de campañas breves y cercanas. El ejército se alimentaba también con el producto del saqueo en territorio enemigo y también se podían adquirir por compra a la legión de comerciantes que acompañaban a cada ejército en la antigüedad o, en los casos en que no fuera posible, se podía obligar a los habitantes de la región a abastecer a los soldados o al embargo violento.

La infantería pesada

En lo que respecta a las diferentes unidades y su composición,en el nivel inferior de la unidad táctica de infantería estaba la dekas, que formaba una fila de la falange compuesta originalmente por diez soldados, si nos atenemos a la propia etimología, pero se expandió hasta los 16 mucho antes del reinado de Alejandro. Los dekas formaban cada fila de la falange y normalmente, estas se dispondrían en orden cerrado (pyknos, pykmosis) de 16 de profundidad con cada hombre ocupando un metro cuadrado aproximadamente. Al mando de la dekas estaba el decarca, que contaba con la ayuda del dimoirita (literalmente doble paga) situado en novena posición, o en primera si se desplegaran líneas de ocho escudos. Por debajo de ambos había dos dekastateros (lit. “diez estáteras”), en la octava y decimosexta posición, que ocupaban la última posición de cada línea, uno de ellos en filas de dieciséis en fondo, o ambos en el caso de filas de a ocho. La función de los dimoiritas y los dekastateros además de mandos inferiores, era la de ocupar la primera fila en la batalla. Los pezhetairos ocupaban la última posición, y su principal cometido era evitar la huida de sus compañeros y presionar hacia delante. Se demominaban así por la paga que recibían; así,el pezhetairos rondaba las treinta dracmas al final de su reinado, el dekasteterai, diez estáteras que equivalía a unas cuarenta dracmas,el dimoirita cobraría sesenta, y el decarca, jefe de fila (dekas), un poco más.

El lochos es la unidad intermedia entre la “línea” o dekas y el “regimiento” o taxis, y estaba al mando de un lochagos; los miembros de un lochos eran llamados lochitai y suponemos que cada lochos contaría además con un trompeta y un cierto número de sirvientes. El lochos era el equivalente a la compañía de infantería, si bien el número de dekades que lo formaban no aparece en las fuentes y es aún controvertido. El lochoi estaba compuesto por 256 soldados, dieciséis dekades, lo que equivaldría a un syntagma de época helenística, que, a su vez sería también la unidad organizativa básica, incluso a efectos administrativos. Existe la posibilidad de que entre el lochos y la dekas existieran otras subdivisiones, aunque desconocemos sus nombres y tamaños. Hemos de tener en cuenta que las dimensiones del lochos complicarían la transmisión de las órdenes, dado que, en palabras de Asclepiódoto, las órdenes en una formación de ocho por ocho escudos (64 falangitas) se escuchaban con claridad, pero no al duplicar filas e hileras, en una formación de 16 por 16 (256 falangitas), con lo que fue necesario añadir varios ektaktoi: heraldo de tropa, señalizador (semeiophoros), corneta (salpinx) y ayudante (hyperetes), además del cierre de hilera (ouragos). Por consiguiente, cada taxis contaría con al menos treinta ektaktoi. Es posible que existieran tetrarquías de 64 falangitas compuesta por cuatro dekades. Pero una vez más, esta información nos llega de Asclepiódoto, un autor posterior, poco conocido y no sabemos si puede ser aplicada a la época de Filipo. En época de Alejandro se adoptaron nuevas subdivisiones: quiliarquías y pentacosiarquías, unidades de mil y de quinientos.

La unidad mayor de la infantería de línea macedonia era la taxis, que se encontraba bajo el mando de un taxiarco. Resulta llamativo que estos altos cargos, que podían llevar sirvientes y animales de carga, eran heredados en ciertas unidades dentro de una misma familias, según la zona de reclutamiento. El ejército macedonio se reclutaba de forma regional ya con anterioridad al propio Filipo, por lo tanto, los lochoi eran reclutados y organizados por regiones, y a su cabeza era nombrado por el propio rey un taxiarco de la zona, y éste a su vez nombraría a los lochagoi, que eran directamente responsables de la disciplina y la administración de cada lochos. Existía una clara tendencia a nombrar como mandos de las unidades regionales a aristoi de la misma zona, aunque no siempre era así, especialmente fuera de la infantería de falange. Se cree que cada taxiarco, al igual que los strategoi macedonios, se situarían al final de la línea o a caballo, para desempeñar sus funciones, dar órdenes a los ektaktoi y que éstos las distribuyeran al resto de la tropa. Cada taxis estaba compuesta por lochoi, ya fueran éstos tres o seis (cifra esta última más probable), lo que nos daría un total de 1.536 falangitas, y cada quiliarquía a su vez estaría integrada por dos o cuatro lochoi, 1.024 falangitas. La mitad de una quiliarquía sería denominada a posteriori pentacosiarquía, suponemos que dos lochoi con un total de 512 falangitas. Lo que sí es seguro es que la división en taxeis y lochoi existía ya al menos en la época de Filipo, fuera éste o no el primero en hacerlo, y tuvo su origen en las tendencias griegas (aunque no espartana), que en la época agrupaban a sus infantes en unidades de mil o mil quinientos soldados.

La infantería en época de Filipo y posiblemente anterior procedería de reclutamientos y levas regionales . Durante el reinado de Alejandro, cada taxis estaba formada por hombres de los distintos distritos de Macedonia, de los que posiblemente obtenían su designación oficial; en la batalla de Gaugamela, Curcio menciona explícitamente las taxeis de la Oréstide y la Lincéstide. En un ejército tan numeroso como el macedonio, no sería necesario que todos los macedonios entraran a servir en las levas del ejército cada año, sino que habría un sistema de turnos y cada región tendría su cuota, con un tamaño habitual de 10.000 soldados en cada ejército, salvo en un estado de emergencia, que contaría con 20.000 soldados, además de oficiales. Con el tiempo todo lo concerniente al ámbito militar se va legislando, y de ahí los códigos de Anfípolis y otros, no en vano el ejército era la institución estatal más importante. Sin embargo en el reinado de Filipo tal legislación era aún inexistente y el reclutamiento obedecía más bien a los deseos y objetivos puntuales del rey. El reclutamiento no sería una tarea penosa y difícil de afrontar entre los macedonios, si tenemos en cuenta las habituales victorias de Filipo, el establecimiento de soldadas y la probable obtención de botín en cada una de sus numerosas campañas. A ello hay que añadir los incentivos de los ascensos, para convertirse en decastateros, dimoirita o jefe de fila, cuyos sueldos eran relativamente elevados para un agricultor macedonio medio. Macedonia no contaba con numerosas clases medias, y la mayor parte de la población pertenecía a clases bajas mayoritariamente agrarias o ganaderas, algunas semidependientes, de ingresos bajos y escasas propiedades.

No sabemos si habría algún tipo de límite al tiempo de servicio entre la infantería macedonia. Lo habitual sería la llamada a filas ante una situación determinada y por el tiempo previsto que duraría la campaña y después cada soldado regresaba a sus quehaceres cotidianos. El único caso excepcional fue la campaña de Alejandro en Asia, si bien en época de Filipo las campañas no durarían más de unos meses, dentro del habitual periodo estival para la guerra, entre marzo y octubre. Las marchas, las restricciones, el entrenamiento, los castigos, etc. daban una idea de la dureza de los soldados macedonios del momento, criados en difíciles condiciones, con pocos medios, de baja extracción social, pero extremadamente leales a su rey. Fijémonos, por ejemplo, en la constancia de las campañas de Filipo durante prácticamente todos y cada uno de sus años de reinado, lo cual llegaría a ser asumido por sus súbditos como un servicio habitual a la corona, aunque obviamente no todos eran reclutados cada año, salvo casos especiales . Y los beneficios y la soldada macedonios fueron también en aumento. Milns calculó que en los últimos años de Alejandro, un dekastateras pudo cobrar doscientas dracmas al mes, un dimoirites trescientas, y un soldado raso de la falange ciento cincuenta; un hipaspista o un argiráspida cobrarían más que un simple falangita. El botín y la soldada no eran las únicas ganancias entre las tropas, que también perseguían ascensos, recompensas y otros reconocimientos;el ascenso a oficiales como premio al valor sería una práctica habitual, exceptuando los cargos más altos. Otra forma de reconocimiento era la concesión de permisos como el del invierno del 334 a.C. al 333 a.C., en que Alejandro permitió a los soldados recién casados volver a Macedonia durante esos meses. A los caídos se les honraba con funerales militares, y sus viudas recibían una pensión del estado.

La falange, junto a la caballería, se convirtió pronto en la base del ejército nacional macedonio. Desconocemos el momento exacto en que se produjo el salto cualitativo entre el antiguo ejército macedonio, compuesto de infantería ligera de baja calidad, y aquel fruto de las reformas de Filipo, que se impondrá en Grecia y los Balcanes durante su reinado. La fuerza de la falange residía en su masa de picas en la que los lanceros de las cinco primeras filas proyectaba las puntas de sus sarisas por delante de la formación a intervalos de un metro; así, mientras la falange permaneciera en orden cerrado para cualquier enemigo que atacase frontalmente era prácticamente imposible romper la formación. No obstante, era preciso tener asegurados los flancos ya que los piqueros no podían hacer frente con rapidez a cualquier ataque procedente de otra dirección que no fuese el centro. Los pezhetairoi de las filas traseras colocaban sus picas en un ángulo de 70º-80º, y este ángulo iba decreciendo a medida que nos acercamos a la primera línea de combate. Esta formación, además, era eficaz contra las flechas del enemigo.

La falange era el “arma definitiva” de los ejércitos macedonios, desempeñando el resto de unidades (infantería ligera, escaramuceros y caballería) un papel de apoyo. Actuaba como una fuerza de choque: avanzaba hasta tomar contacto con el enemigo para acto seguido, actuar aplicando toda su presión contra el centro de su línea. En el momento preciso, la caballería cargaba en orden cerrado tras haber flanqueado al enemigo, actuando a la manera de un martillo sobre el yunque. La primera falange de Filipo estaba compuesta en su mayoría por pequeños propietarios, jornaleros y pastores de medios limitados, anteriormente mal armados y de forma irregular y a los que Filipo debió ayudar con algunos elementos de la panoplia. Quizá los primeros decarcas recibieran corazas de algún tipo, o pudieran costeárselas gracias a su paga mayor. Por otro lado, las filas posteriores no tenían la misma necesidad de una coraza que la primera línea y dado que el único armamento fundamental era el escudo y la sarisa, en momentos de necesidad el reclutamiento englobaría a un buen número de tropas que no portaran ningún tipo de protección, o en el mejor de los casos protecciones de baja calidad como el spolas.

La adopción de la sarisa por parte de las tropas macedonias trajo consigo importantes transformaciones en el terreno militar, ya que se trata del arma esencial de la nueva falange macedonia introducida por Filipo. La sarisa era una larga pica de unos siete metros de longitud  y unos cinco kilos de peso, que presentaba en un extremo un pesado contrapeso de bronce (que permitía al lancero equilibrar la pica y al mismo tiempo proyectar por delante suyo los dos tercios restantes de la misma). Dado que era necesario utilizar ambas manos para sujetar la sarissa, contaban con un escudo circular colgado del hombro por una correa. La sarisa debía ser fabricada con una madera dura y resistente, como la madera de cornejo o de fresno, ya que debía aguantar el golpe seco sobre una armadura o escudo enemigos sin quebrarse, lo que resulta más complicado que en una lanza normal por su enorme longitud: además debía mantenerse recta y no combarse. Finalmente debía de ser ligera. Fuera de la falange era inservible y un estorbo en las marchas, razón por la cual estaba dividida normalmente en dos partes que se unían sólo en batalla para facilitar su manejo y garantizar la movilidad del ejército. La tipología de las puntas y su tamaño eran variables, y el tamaño de las lanzas no se ajustaba a las mismas, sino en todo caso al tamaño del portador, sin ser ésta una regla en ningún caso matemática. El asta estaría dividida en dos mitades de cornejo unidas por un tubo central. Tendría 3 cm. de diámetro, y no se ensancharía en el centro, ya que el tubo eliminaría la vibración y por tanto no se precisaría un grosor mayor. El peso total para una sarisa de siete metros rondaría los 7 kilos.

La sarisa era un arma de difícil manejo, utilizada en una formación cerrada en la que cada lancero ocupaba un frente de un metro (había una formación incluso más cerrada en la que ocupaba medio metro, conocida como “escudos cerrados” o synaspismos)  que progresivamente fue ganando en profundidad, convirtiendo a estas unidades en formaciones poco maniobreras que precisaban de un terreno llano y abierto para operar. El empleo de la sarisa dentro de la formación incluía no sólo la habilidad para herir con la punta al enemigo, sino también las precauciones necesarias para no herir a los compañeros con el regatón, ya que si la sarisa se sostenía a 1/3 o 2/7 del tamaño total de la sarisa, en torno a un metro y medio se proyectaría por detrás del falangita. El falangita en la sexta fila y las inmediatamente posteriores (desconocemos cuántas) sostenían la sarisa en diagonal, más verticales en las filas posteriores de forma gradual, de modo que colaboraran en la protección contra dardos y proyectiles de trayectoria oblicua que cayeran sobre la formación.

La formación cerrada con los escudos (synaspismos) se adoptaba generalmente para recibir una carga y se lograba insertando la mitad posterior de cada fila en los espacios entre las mitades frontales de la linea. En ese momento, la profundidad de la falange era de unos 7 metros con cada hombre ocupando un codo ( medio metro aprox.). Sin embargo, ambas formaciones eran demasiado estrechas para maniobrar o avanzar de manera ordenada, por lo que antes del contacto con el enemigo, la falange se desplegaría en un orden abierto con una profundidad de dos filas (2 metros) con cada fila doble ocupando una fachada de dos metros, formación conocida como “orden profundo” (bathos) en el ejército de Alejandro. En todas estas formaciones, obviamente, el frente ocupado por la falange se mantuvo constante. Lógicamente, durante esas maniobras no se bajaría la lanza ya que obstruiría la maniobra libre; la bajada de las lanzas solo se ordenaría antes de la carga, que a veces se realizaba a la carrera si se requería un movimiento rápido para explotar la situación táctica. La carga se efectuaría al grito de batalla macedonio (¡¡Alalalalai ¡¡) ofrecido a Enyalios, un epíteto griego del dios de la guerra Ares. El avance previo, por el contrario, se llevaba a cabo en perfecto silencio para dar al grito de batalla el máximo efecto psicológico.

El escudo era sensiblemente inferior al hoplita, similar en muchos aspectos a la pelta, por lo que ya en la antigüedad se utilizaba dicha denominación. Rodeaba el cuello y hombro del falangita mediante tiras de cuero dejando libre el brazo izquierdo; no suponía por tanto, una especial merma en el manejo de la sarisa. Completaba el equipamiento del soldado macedónico un casco de bronce y una espada (como arma secundaria; era un arma de emergencia, y los falangistas no solían entrenar mucho con ella).  Como elemento de defensa pasiva, la infantería macedonia portaba una coraza de tela rígida (permitían cubrir el bajo vientre y las piernas sin estorbar el movimiento); el calor, las rozaduras, el peso excesivo y el agotamiento, podía anular las ventajas de la coraza. De ahí que el linothorax hubiera desplazado a la coraza de bronce, al conseguir una dureza elevada disminuyendo el peso final, a base de láminas de lino encoladas y endurecidas con vinagre y sal, reforzadas en ocasiones con escamas de bronce, lo que la hacía mucho más liviana y fresca a la par que efectiva. Algunas de estas corazas podían incluir placas de bronce entre las láminas de lino. Las corazas de bronce eran pesadas y calurosas y sobre todo y fundamentalmente, muy caras, por lo que sólo las portarían los oficiales y los mercenarios veteranos. Las corazas musculadas de bronce volvieron a adquirir relevancia entre las clases altas a mediados del siglo IV a.C., con lo que es posible que algún mando macedonio portara alguna, aunque serían los menos.

Las grebas son un elemento fundamental en la defensa corporal pasiva, ya que las espinillas a menudo quedaban indefensas por debajo del escudo, especialmente entre los macedonios con sus escudos menores en diámetro que los áspides griegos. Se trata de láminas de bronce batido de entre 1 y 2 mm. de grosor, y que a menudo incorporaban forros acolchados. Son elementos muy útiles para el combate individual y en formación, especialmente eficaces a la hora de desviar golpes descendentes de lanza y de espada, o de proyectiles. Sin embargo su utilidad entre la infantería ligera era dudosa ya que resultaban engorrosas para la carrera y crearían rozaduras, especialmente las enteramente metálicas, de ahí su habitual ausencia entre la infantería ligera macedonia. Como ocurre con las corazas, desconocemos si existían grebas de material orgánico, aunque es muy posible. No obstante, sólo las primeras filas de la falange estarían equipadas con grebas, casco, escudo y coraza. Parece que cada unidad se caracterizaba por vestir unos colores determinados,lo cual parece factible en un ejército ya completamente profesionalizado como el de época de Alejandro pero poco probable para la primera mitad del reinado de Filipo; el motivo principal para ello es que no había necesidad ninguna, dado que el ejército de Filipo, y sobre todo su falange, estaban perfectamente diferenciados del resto. A excepción de Esparta, no existía ningún tipo de uniformidad en la vestimenta, si bien había otros medios de diferenciarse del enemigo: el escudo. En todo caso, la mayoría de la equipación no estaba estandardiza y la irregularidad en el ejército macedonio era la norma, como era habitual en la época. No existía una tipología de casco, greba o coraza estándar establecida por las autoridades, más allá de las tendencias generalizadas y las modas, como ocurría con la vestimenta. La mayor uniformidad en armas y vestimenta fue un fenómeno posterior llevado a cabo en las legiones de Mario.

La entrega de armas no afectaba a la armadura ni seguramente a los cascos, y difícilmente a las grebas. Elementos todos ellos prescindibles hasta cierto punto en la falange, a diferencia de la sarisa y el escudo, y cuya posesión debió ser relativamente escasa en los primeros años de la falange. Es posible que los soldados macedonios, entrenados en el empleo de varias armas, portaran consigo lanza, jabalinas o algún otro tipo de arma ligera, si bien ello dependería de las intenciones del monarca y la campaña, ya estuviera esta destinada al choque campal o al asedio, puesto que en este segundo caso las armas ligeras eran mucho más útiles que la sarisa, del todo inservible en un sitio. El peso final de la panoplia completa sería muy variable, en función de la calidad y la cantidad de elementos que portara, si bien oscilaría ente los 10 y los 19 kilos, dependiendo sobre todo de la posibilidad de que portara un linothorax o no, pero también de que contara o no con un par de grebas y del tipo de casco que empleara y a todo ello se sumaba el peso de las raciones y los utensilios de campaña. Un peso por tanto bastante inferior al del hoplita equipado con la panoplia completa, que rondaba los 30 kilos.

Sabemos con certeza que en época de Alejandro, los soldados de falange se dividían entre los pezhetairoi o “compañeros de a pie” y los hipaspistas, “portadores de escudo”. Pero junto a los pezhetairoi aparecían unos asthetairoi, cuyas características siguen siendo objeto de debate, mientras que en la segunda mitad de su reinado surgieron unos argyraspidas cuya adscripción a los hipaspistas es muy probable pero no segura. Los pezhetairoi forman originalmente un cuerpo de élite de la guardia real, hombres especialmente escogidos y que servían directamente al monarca. Con posteridad, el término se aplicará a la masa de la infantería de línea; esta extensión del nombre a toda la infantería pesada debió ir previamente acompañado por el cambio de nombre de los antiguos pezhetairoi, llamados desde entonces hipaspistas. No sabemos qué porcentaje de la población pertenecía a esta primera unidad, ni siquiera cuál sería su panoplia, pero debieron de ser únicamente las clases sociales medias o altas que no pertenecían a la caballería, y en especial los cuerpos de élite que combatían junto al rey, escogidos entre los mejores soldados, los que conformaran los primeros pezhetairoi. Estaríamos hablando por tanto de una minoría y serían mantenidos por el monarca. Es decir, Filipo contó con una unidad de pezhetairoi de élite que combatían en primera línea como tropas de élite, al estilo del Batallón Sagrado y que son mencionados ya en la victoria del 358 a.C. Los asthetairoi, (“los mejores compañeros” o “los más cercanos) procedían de la Alta Macedonia lo que les granjeó un nombre diferente del resto; en cuanto al armamento pezhetairoi y asthetairoi difícilmente estarían armados de forma distinta, al ser tropas de línea perfectamente integradas en la falange. Formaron taxeis compuestas por falangitas de panoplia claramente macedonia, esto es, armados con sarisas y el resto del equipo del infante pesado macedonio y poco se diferenciarían del resto de la línea, más allá del nombre y quizá de algún elemento externo visible, que no nos ha llegado.

falangitas macedonios

Los hipaspistas (significa literalmente escudero o portador de escudo) constituían la unidad de élite de la infantería macedonia. Formaban el cuerpo de guardia del rey, y eran las tropas de infantería que combatían más cerca de éste. En 334 a.C. componían esta unidad tres mil efectivos divididos seguramente en lochoi, y más probablemente en tres quiliarquías que en dos taxeis, Además de la oficialidad habitual, su organigrama inferior sería igual al de los pezhetairoi, y conocemos de la existencia de un comandante general de los hipaspistas. Una de las tres quiliarquías estaba formada por el agema real, compuesto por hombres elegidos por sus características físicas y su capacidad para el combate, similar a la ile real y de rango superior, llamados hypaspistai basilikoi, que figuraban todavía más próximos al monarca. No eran reclutados por regiones sino que eran tropas escogidas que servían en un mismo cuerpo, y cuyo principal y único foco de lealtad era el rey. Montaban guardia en la tienda del rey y le acompañaban en los asaltos a las murallas enemiga. No sabemos con seguridad cuántos eran los hipaspistas reales ni cómo estaban armados, pero sí que, junto al resto de la unidad, se situaban siempre en una posición de honor en las batallas, el extremo derecho, al lado de la caballería de los compañeros donde estaba Alejandro. Servían además como engarce entre la veloz caballería y el resto de la lenta falange y marchaban con el monarca en las veloces marchas junto a unidades de infantería ligera y caballería, lo que indica que tenían una mayor movilidad que los pezhetairoi. Por las funciones que cumplían era obvio que los hipaspistas eran tropas más versátiles y móviles, lo que podría deberse a su condición física y su entrenamiento, a su panoplia, o a ambos y en algunas funciones y momentos concretos los hipaspistas debieron estar armados con lanzas o jabalinas, caso de las marchas o las funciones de seguridad y guardia. En batalla, estarían armadas del mismo modo que el resto de los pezhetairoi.

Durante la segunda mitad de las campañas de Alejandro comienza a aparecer un nuevo título, el de argiráspidas, que se acepta provenía de los peculiares escudos plateados de los hipaspistas de Alejandro, con las que debían estar equipadas este tipo de tropas al menos en los últimos años de su reinado. Parece que tal título vino a sustituir al de hipaspistas en los últimos momentos del reinado de Alejandro. Sabemos que eran un cuerpo de veteranos de tres mil infantes, como los hipaspistas, reclutados de entre la falange. Da la impresión de que el título de estas unidades de élite macedonias tenían tendencia a variar, al pasar de pezhetairoi a hipaspistas, y estos a su vez a argiráspidas en el plazo de una o dos décadas. Se trata de la misma unidad; los primeros pezhetairoi sin duda eran herederos de aquella tradicional formación de cuerpos de guardia real que seguro se remontan a los antecesores de Filipo, con ese u otro nombre. Nombres que como hemos visto cambiaron en múltiples ocasiones.

A partir de la época de Alejandro, en 334, cuando cruzó a Asia con un gran ejército podríamos extrapolar al ejército de los últimos años de Filipo; en el, los soldados de falange macedonios eran unos doce mil, de los cuales nueve mil eran pezhetairoi, esto es, seis taxeis, y tres mil hipaspistas. En el periodo anterior tenemos las cifras totales del ejército macedonio en ocasiones como Tebas 335 a.C. o Queronea 338 a.C., pero desconocemos en qué proporción estaban representados los aliados. Y es que el ejército de Filipo aumentaba a medida que lo hacía el territorio controlado por éste, especialmente con la incorporación de nuevos aliados. Así las cifras de diez mil infantes y seiscientos jinetes que logró reunir en 358 fueron rápidamente superadas con la incorporación de la Alta Macedonia, el afianzamiento de las fronteras y la imposición sólida sobre territorios cercanos como Peonia, invadida el año anterior. En la primavera de 334 a.C. cuando Alejandro congregó al ejército en Anfípolis para cruzar a Asia, disponía de unos treinta y dos mil infantes y cinco mil jinetes. De ellos, la infantería macedonia de línea alcanzaría unos doce mil, a los que debemos sumar las fuerzas que quedan con Antípatro en Macedonia y que son estimadas en otros doce mil. La mayor parte de los falangitas de la Alta Macedonia partirían con Alejandro y si entre los macedonios que permanecieron en su patria quedarían sobre todo los de la Baja Macedonia, sería porque éstos eran más dignos de confianza, pese a los veinticuatro años que habían pasado ya desde su incorporación al reino. Dejó en Macedonia a las taxeis más leales y políticamente más estables bajo Antípatro, para llevarse consigo a las de la Alta Macedonia, hasta hace pocas décadas dispuestas a desvincularse de la dinastía teménida, y asegurar así al menos la estabilidad de Macedonia. Recordemos que Filipo había muerto tan sólo dos años antes y el impacto del sistema de pajes y otras medidas era susceptible de ser insuficiente. Otro tanto ocurriría con los aliados, muchos de los cuales debían obediencia sólo desde hacía unos pocos años, tras Queronea y la conocida reunión de Corinto.

Durante el reinado de Filipo no tenemos constancia alguna de la presencia de hoplitas entre sus tropas de origen macedonio; aquellos hoplitas de las escasas clases medias de las incipientes ciudades macedonias o los soldados de élite, los hipaspistas, opción más probable y que remontaba su origen a los pezhetairoi que posiblemente ya antes de Filipo estuvieran equipados con las costosas panoplias hoplíticas. Sabemos que había hoplitas en el ejército macedonio ya en el siglo V, que provenían de griegos que vivirían especialmente en las pequeñas ciudades de la costa y de la llanura en pleno crecimiento. Tendrían unas rentas medias o altas, suficientes para acceder a la panoplia, y no serían especialmente numerosos; siguieron formando parte del mismo durante el siglo IV, y Filipo contaría con sus servicios como parte habitual de las levas de su reino. Su número se vería incrementado con las incorporaciones por parte de Filipo de Metone, Potidea, Anfípolis y el resto de póleis de origen griego que quedaron plenamente incorporadas al reino. Con Alejandro cruzaron numerosos hoplitas aliados y mercenarios y parte de sus macedonios pudieron estar armados como tales, muy posiblemente estos hoplitas macedonios formaran parte de los hipaspistas.

La infantería ligera

A pesar de la aparición de la falange macedonia la infantería ligera continuó desempeñando un papel fundamental en el ejército de Filipo II; tendría su papel específico en las grandes batallas,asedios y escaramuzas, así como en las campañas relámpago en las que el papel de la infantería ligera pudo ser aún más destacado. Así mismo las falanges ,en las batallas campales, estaban guardadas en sus flancos por estas grandes unidades de infantería ligera aliada y mercenaria. Y sabemos que los miembros de la infantería pesada no perdieron su anterior capacidad en el empleo del armamento ligero.

Filipo, como haría después su hijo Alejandro, empleaba en sus ejércitos tropas aliadas extraídas de las tribus y regiones sometidas, especialmente entre ilirios y tracios que aportarían tropas armadas a la ligera y pequeñas unidades de caballería, a las que Filipo sin duda recurriría en sus expediciones con un doble objetivo militar y político. A estas fuerzas se añadiría un cuerpo de ligeros macedonios que también contaría con arqueros u honderos. No conocemos la cifra de efectivos ligeros de origen macedonio con los que contaba Filipo aunque que no serían demasiados, al ser empleados la mayoría en su falange para lo cual serían entrenados la mayoría de sus súbditos.

La escasez de fuentes nos obliga a extrapolar buena parte de la información del reinado de Alejandro, que empleó un nutrido número de tropas ligeras. El ejército macedonio contaba con un cuerpo de arqueros o toxotai, a las órdenes de un estratego y dividido en compañías de quinientos hombres a las órdenes de un toxarca y una unidad de arqueros cretenses probablemente mercenarios. Estas unidades estaban equipadas al estilo cretense, con el pequeño escudo que hacía de ellos unidades versátiles. En cuanto a los tiradores de jabalinas, los agrianes ( que ya habían jugado un papel destacado con Filipo) fueron sin duda la mejor unidad del ejército de Alejandro y posiblemente iban armados como peltastas. También contó con una nutrida unidad de infantes ligeros, lo que permite suponer cierta continuidad con la situación anterior ya que difícilmente confiaría a estas tropas un papel tan relevante de no haber demostrado previamente su valía y de forma continuada, por tanto en época de Filipo.

La infantería aliada balcánica estaba compuesta por tres mil tracios (especialmente odrisios), tres mil ilirios, mil tríbalos, y entre quinientos y mil peonios y agrianes. Estas tropas servían a
Alejandro en virtud de las obligaciones contraídas previamente con Filipo, y eran enviadas por reyes o jefes dependientes de Macedonia. Además de algunos jinetes ligeros, la gran mayoría de ellos serían infantes ligeros. La mayoría de ellos estarían armados con jabalinas, y muchos de ellos con peltai al modo peltasta. Los menos lo estarían con los más complejos arcos u hondas. Algunas de estas unidades estaban bajo el mando de comandantes nativos. Y por último, es posible que una pequeña parte de las fuerzas griegas aliadas no estuviera armada como hoplita sino como infantería ligera. Parte de estas fuerzas de infantería ligera sin duda fueron empleadas ya por Filipo durante su reinado.

La Caballería

Filipo contaba también con la caballería más poderosa de la época, ya que no sólo disponía de la fuerza de los Compañeros, sino también de la caballería tesalia. La superioridad de la caballería macedonia durante este periodo quedó de manifiesto en la mayoría de los enfrentamientos de que nos ha quedado constancia.

Filipo de Macedonia llevó a cabo una profunda reforma en el interior de su ejército que afectó no sólo a la infantería, sino también a la caballería. La primera y más importante de las transformaciones que llevó a cabo el rey será la impactante multiplicación de sus efectivos de caballería. Así mientras que a comienzos de su reinado, éstos no superaba los seiscientos jinetes, los efectivos irán aumentando hasta cerca de tres mil jinetes entre macedonios y aliados en la batalla de la Llanura del Azafrán de 353 a.C. y en torno a dos mil en Queronea, 338 A.C. A finales de su reinado, Filipo contaría con unos dos mil ochocientos compañeros y mil cuatrocientos jinetes de caballería ligera. Para lograr este importante incremento, Filipo incorporó entre sus hetairoi a la nobleza de la Alta Macedonia y aceptó en sus filas a cierto número de extranjeros (especialmente griegos), a los que concedió algunas tierras en su reino. Además, habríamos de añadir aquellas unidades de caballería aliadas que combatirán con el ejército macedonio en la mayor parte de los enfrentamientos de Filipo y Alejandro, en especial la de los tesalios.

La coyuntura geográfica y económica era bastante favorable a la cría de caballos dada la existencia de grandes llanuras y pastos para la cría de caballos, que conformaban a menudo grandes latifundios aristocráticos que permitían el mantenimiento de buen número de animales. Igualmente, los caballos macedonios eran superiores al resto de los balcánicos, ya que durante el reinado de Alejandro I y la dominación persa de Macedonia se introdujeron caballos de Media, mejores aún que los del Danubio y el Norte, y se criaron en las llanuras de la Baja Macedonia.

Otra de las reformas de Filipo tienen que ver con la formación y el entrenamiento que recibía esta caballería macedonia. Desde su infancia los hijos de la aristocracia macedonia se ejercitaban en la monta; a la edad de catorce años muchos de ellos entraban en el cuerpo de pajes del rey; y a los dieciocho, tras concluir este periodo de entrenamiento, pasaban a formar parte de los guardaespaldas del rey o se convertían finalmente en los hetairoi, Compañeros del rey. En cuanto a su organización, los Compañeros estaban divididos en unidades de poco más de doscientos jinetes o cuerpo real de caballería, compuesto por los jinetes más selectos, al mando de un ilarca. La formación en cuña que adoptó la caballería macedonia en tiempos de Filipo y Alejandro nos hace pensar en una disposición agresiva y con capacidad de penetración en las filas enemigas.

El armamento macedonio era grosso modo el mismo que aquel de que disponía la caballería helénica;los jinetes estaban equipados con cascos y corazas, sin la impedimenta de los escudos, y con espadas. Jenofonte recomendaba el uso de cascos de tipo beocio, que permitían una mejor visibilidad, si bien muchos de los macedonios debieron portar cascos de ala ancha del tipo tesalio o petasos. A todo ello se unía el empleo de la sarisa de caballería; la sarisa representada en el Mosaico de Alejandro sería, pues, aquella característica de la caballería macedonia, estaría dotada de una punta ligera y de una segunda punta a modo de sauroter pesada, y comprendería una longitud aproximada de 3,58 metros, equivalente a unos 8 codos. Su tamaño era menor que el de las sarisas de infantería, pero superior al resto de las lanzas, lo que potenciaba su carácter ofensivo; estas sarisas eran sostenidas aproximadamente a cinco codos de la punta y tres del regatón (sobre una sarisa de ocho codos), de forma que su peso estuviera distribuido y su empleo fuese más
cómodo. Junto a la sarisa, estos jinetes portaban una tira de cuero que ataba la sarisa a la cintura por el asta, dada la posibilidad de perderla en combate o de que se rompiera.

En caso de perder definitivamente la sarisa, quedan las espadas adicionales del tipo kopis o machaira, armas de tajo o corte más útiles en caballería que las de punta o punzada. No obstante, la caballería macedonia, al igual que hemos visto en el caso de la infantería, recibía instrucción en varios tipos de armas, y se equiparían con sarisas, lanzas o jabalinas de acuerdo con las circunstancias. Los jinetes armados con sarisas se alineaban pues en una formación ligeramente más abierta, con más distancia entre filas y con las lanzas posteriores sobreelevadas, de forma que pudiera maniobrar con mayor facilidad. Una unidad de caballería macedonia debía confiar en la mayor longitud de su lanza, especialmente efectiva frente a la caballería enemiga o a cualquier cuerpo de infantería ligera.

La caballería pesada macedonia estaba especialmente preparada contra la infantería ligera y era capaz de causar estragos en sus líneas, siempre y cuando pudiera alcanzar su posición. Aprovechando su movilidad, flexibilidad y armamento, los jinetes podían cargar directamente contra infantes ligeros o caballería, utilizar armamento ligero para hostigar de lejos al enemigo, o aprovechar la rigidez de las formaciones de hoplitas para amenazar sus flancos, su retaguardia, o los puntos débiles que pudieran surgir en forma de huecos en la línea. Ello,unido a la apariencia intimidatoria de la caballería, solía tener un efecto devastador. Para lograr este objetivo, Filipo se ocupó de que su caballería pesada contase con una amplia tradición en la monta y que sus jinetes recibiesen formación militar desde muy jóvenes. Impuso una dura disciplina en su ejército, privado de todo lujo adoptó la formación en cuña y la sarisa, además de la panoplia completa con que ya contaban sus jinetes y organizó la división de la caballería en ilai, con ilarcas y mandos inferiores le confirió una mayor flexibilidad en la estructura de mando.

Además, la caballería macedonia contaba con un cuerpo de prodromoi o sarissoforoi, una caballería ligera y de exploración. Su número era inferior al de los compañeros, seiscientos jinetes divididos en cuatro ilai y sus funciones eran originalmente de exploración, reconocer el terreno, participar en misiones que requiriesen gran velocidad, apoyar a los hetairoi e incluso actuar como caballería de asalto.

Así pues, el éxito de la caballería macedonia tuvo su origen en la calidad y cantidad de sus jinetes, que podían asestar el golpe definitivo en el momento y el lugar precisos con una velocidad y una dureza pasmosas para la época. En estas circunstancias, la caballería dejará definitivamente de ser un mero apoyo para convertirse en el arma ofensiva por excelencia, un cambio que forma parte de la tendencia evolutiva del siglo IV y de la que Filipo es el mejor exponente. La clave, más que la sarisa, fue el nuevo papel de la caballería, paralelo y complementario al de la infantería. Precisamente, será la coordinación entre las diferentes unidades del ejército macedonio lo que en le dio su enorme superioridad y la batalla de Queronea será el paradigma de dicha colaboración.

El ejército en campaña

Un ejército especializado y eficiente, caracterizado por su fuerte espíritu nacional, equipado con un armamento superior y cuyo despliegue en combate recogió muchas de las enseñanzas griegas del periodo precedente.

Filipo consiguió que su ejército se convirtiera en un elemento móvil y veloz, capaz de desplazarse a una velocidad inusitada para la época y en regiones escarpadas y de difícil acceso para grandes ejércitos, como era el sur de los Balcanes. Para lograrlo partiría de una organización mejor establecida y subdividida, en la que la dekas, unidad básica del ejército, era también la encargada de aspectos tales como el transporte de su equipaje pesado (sobre todo las panoplias y la impedimenta), y lo hacía por lo general con alguna mula o asno pero sin carros, y con la ayuda de un único sirviente. Priva a sus jinetes y sobre todo a sus infantes de carros, sirvientes personales e impedimenta, que ralentizaban la marcha de los ejércitos antiguos y los convierte en unas “mulas marianas”, adelantándose tres siglos a las reformas de Mario. Y lo hizo en los primeros años de su reinado.

Estos animales de tiro y transporte eran de vital importancia en la antigüedad, si tenemos en cuenta el peso de la impedimenta necesaria, compuesta por grano, agua, vino y otros alimentos, panoplias, instrumentos y herramientas, prisioneros, heridos, muertos… Y en el caso de Filipo añadimos además la maquinaria de asedio. Todo ello suponía un lastre enorme para todo ejército, que debía acompañarse de múltiples carros de tiro. Eliminar estos carros y contar con apenas algunas mulas implicaba aumentar sobremanera la velocidad de marcha y la capacidad para atravesar zonas escarpadas que de otro modo habría sido imposible pero también tenía sus problemas ya que las carretas permitían que los soldados llegaran más frescos al combate, podían servir como barricadas improvisadas y sobre todo servían para transportar heridos. Suponía pues una dura exigencia adicional a sus tropas, cuya resistencia y solidez sería puesta a prueba y pretendía ser reforzada por este entrenamiento tan prolongado y estricto.

En las marchas los soldados macedonios dormían en tiendas y es posible que cada unidad contara con al menos una, quizá varias, y que durmieran todos los miembros unidos o muy cerca, con un número indeterminado de soldados por tienda que en origen pudo ser de diez (cuando las dekas tenía ese número de miembros).Estas tiendas, hechas de piel, variarían según las necesidade por lo que no serían iguales las empleadas en las montañas tracias o ilirias en periodos invernales, que las empleadas en los calurosos veranos más al sur. Frente al aparente poco cuidado que ponían los griegos en la construcción de campamentos,los macedonios estaban rodeados por una trinchera defensiva y un muro interior. Para el establecimiento de estos campamentos, era fundamental la seguridad del emplazamiento y la disponibilidad de madera, pastos y agua.

La infantería marchaba con sus panoplias, pero empleaban la típica kausia macedonia o gorros similares en vez del incómodo casco, y portarían habitualmente un fardo, envolviendo sus escasos enseres, entre los que se encontraban objetos necesarios como mantas, utensilios domésticos básicos (cuenco, cuchillo, algún pequeño molino manual) y la propia comida, especialmente grano o harina, a lo que se podía añadir otros tales como pequeñas lámparas de aceite, jarras, otros cuencos para comer y beber, navajas y limas para tallar y pulir medicamentos, correas de repuesto para reparar posibles roturas, algo de vino, el mínimo de ropa de cama y algunas mudas, carnes en salazón, alguna cubierta para los escudos que evitaran la humedad y su corrosión, y otros objetos. Los sirvientes de cada dekas portarían los enseres comunes, y quizá otros elementos cerámicos y leña seca. El botín era transportado individualmente, o en los transportes de la intendencia, junto a las piezas desmontadas de las máquinas de asedio. Los soldados siempre llevaban a su vez una cantidad determinada de raciones con productos básicos como la harina, fundamentalmente, acompañada de queso, cebollas, aceitunas, higos, frutas o verduras de temporada, y quizá algo de carne o pescado. A ello se añadía una pequeña cantidad de vino y los ropajes y utensilios extra que mencionábamos, por lo que la suma de todo ello rondaría entre los 10 y los 19 kilos por soldado , en función de la calidad de su panoplia y la posibilidad de que portara un linothorax o no, a lo que se sumaba el peso de utensilios, ropas, tiendas y raciones que mencionábamos (frente a los 45 kg por hoplita griego por lo que cada hoplita llevaba consigo un porteador, a menudo esclavo).

La infantería marchaba con sus panoplias, pero empleaban la típica kausia macedonia o gorros similares en vez del incómodo casco, y portarían habitualmente un fardo, envolviendo sus escasos enseres, entre los que se encontraban objetos necesarios como mantas, utensilios domésticos básicos (cuenco, cuchillo, algún pequeño molino manual) y la propia comida, especialmente grano o harina, a lo que se podía añadir otros tales como pequeñas lámparas de aceite, jarras, otros cuencos para comer y beber, navajas y limas para tallar y pulir medicamentos, correas de repuesto para reparar posibles roturas, algo de vino, el mínimo de ropa de cama y algunas mudas, carnes en salazón, alguna cubierta para los escudos que evitaran la humedad y su corrosión, y otros objetos. Los sirvientes de cada dekas portarían los enseres comunes, y quizá otros elementos cerámicos y leña seca. La cantidad de vituallas que portaba cada soldado dependería de la duración de la campaña, de las posibilidades de forrajear en el territorio, de lo que estipularan los altos mandos y el monarca, y finalmente del tren de mercaderes que acompañaban al ejército. El botín era transportado individualmente, o en los transportes de la intendencia, junto a las piezas desmontadas de las máquinas de asedio. Los soldados siempre llevaban a su vez una cantidad determinada de raciones con productos básicos como la harina, fundamentalmente, acompañada de queso, cebollas, aceitunas, higos, frutas o verduras de
temporada, y quizá algo de carne o pescado.

Los desplazamientos de los grandes ejércitos se hacían divididos en taxeis para una mejor organización, y la coordinación y el orden en la marcha eran fundamentales, especialmente en territorio hostil. Además del orden, era vital el conocimiento del terreno enemigo y el empleo de exploradores para ello y para conocer los movimientos enemigos. Se ha estimado que la velocidad media de un ejército griego de la época sería de unos 26 km al día aproximadamente, dato ampliamente superado por las tropas de Filipo, cuya velocidad según Demóstenes, podía llegar a 700 estadios en sólo tres días, lo que arroja una media de 41 km al día y que podía llegar a alcanzar los 54, como mencionaba Polieno. Una velocidad que sólo sería superada en circunstancias muy excepcionales, como el desplazamiento de las tropas siracusanas en 415 a.C., que en un día cubrieron cincuenta kilómetros, o la marcha de los espartanos hacía Maratón en 490 a.C., que cubrieron 1200 estadios en 3 días, a una media de 70 km al día. La velocidad de un ejército de campaña tan numeroso a la par que preparado como el macedonio no tenía precedentes. En la Macedonia de Filipo, las comunicaciones dentro del reino eran fundamentales, ya que se trataba de un reino amplio y expuesto a los ataques y razias de las tribus vecinas. Filipo estableció una red de caminos ( que después mejoraría Alejandro) de manera que no sólo favoreciese las comunicaciones y el comercio, sino también el desplazamiento rápido de tropas de un lado a otro como respuesta rápida a los ataques exteriores, lo que disminuía los tiempos y las distancias considerablemente.

Los suministros y provisiones se adquirían habitualmente durante las marchas, ya del territorio enemigo, ya de las caravanas de mercaderes que acompañaban a todo ejército antiguo, y que ofrecían no sólo comida, también bebida, prostitución, juego, etc. Cuanto más prolongada y victoriosa fuera una campaña, mayor sería el tren de acompañantes y de equipajes, en cuyo botín se incluían esclavos, concubinas, hijos ilegítimos, etc

En campaña y en batalla el ejército macedonio impartía las órdenes por medio de toques de trompeta, avanzaban en columna de marcha que en un momento dado podía cambiar su formación para adoptar un orden de batalla y durante las marchas se mandarían exploradores que reconocieran el terreno y sus alrededores lo que demuestra que en este aspecto el ejército macedonio aventajaba bastante a los ejércitos griegos de la época.

Bibliografía consultada

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Moreno Hernández, Jorge Juan. Los orígenes del ejército de Filipo II y la falange macedonia. Madrid, Universidad Autónoma de Madrid , 2011.

Sekunda, Nik. The Army of Alexander the Great. London,Men at Arms 18. Osprey military. 1995

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