Historia Antigua

Hoplita, el soldado-ciudadano de las antigua Grecia

Durante el siglo VIII a.C.,un nuevo sistema político se extendía, desde Grecia, por todo el mediterráneo oriental: la ciudad-estado o polis, que organizaba el territorio cercano.

En el momento en el que la polis se estaba configurando un grupo de ciudadanos decidieron costearse su propio armamento para defender la ciudad y así nació la categoría del hoplita, un soldado de infantería pesada que desde ese momento pudo participar activamente en la defensa de la polis, la nueva unidad política. De ellas surgirá un nuevo modo de combatir que revolucionará la guerra durante los siglos siguientes: la infantería pesada, u hoplitica. El soldado de esta nueva unidad fue conocido como Hoplita, debido al gran escudo redondo que portaba (conocido como hoplon en griego antiguo).

Hoplón griego

Estos soldados eran ciudadanos y campesinos, que poseían una pequeña cantidad de tierra, por lo que la pertenencia a la clase de los hoplitas dependía enteramente de la posesión de una cantidad moderada de propiedades, suficiente no sólo para la adquisición a cuenta del soldado de una “panoplia” entera, sino también para asegurarle a él y a su familia un nivel de vida adecuado, incluso en caso que se tuviera que marchar de campaña o quedarse de guardia lejos de sus fincas durante semanas o incluso meses. Los hoplitas pueden considerarse como una “clase media” debido a que a pesar de que participaron en la defensa de la polis, también participaron en el proceso productivo de la sociedad ( con la notable excepción de Esparta). Por tanto, la “clase” de los hoplitas se nutría mayoritariamente de campesinos acomodados y con rentas suficientes.

El ciudadano que no tuvieran las suficientes propiedades como para ser hoplita, serviría sólo como soldado de infantería ligera,utilizando únicamente el arco, una honda, un puñal o una porra en vez de una lanza, que era el arma de combate del soldado de infantería pesada. En la literatura de los siglos V y IV a.C., se usa con frecuencia el término “demos” especialmente para designar a esta clase “de subhoplitas”. Algunos fueron campesinos pobres (propietarios o arrendatarios) otros artesanos, tenderos, o bien hombres que se ganaban la vida con lo que entonces se consideraba que era el camino más bajo que tenía abierto un hombre libre: jornaleros o thetes (este término se usaba en Atenas para definir a una persona demasiado pobre para ser hoplita). El hombre que no dispusiera de propiedades normalmente servía en la flota de guerra, en la armada.

Pero, ¿cual era el número de hoplitas que una ciudad-estado podía poner en armas?. Atenas, en el apogeo de su democracia y de su imperio de ultramar, se mostró muy poca generosa a la hora de conceder su ciudadanía. Como resultado, contaba, como máximo, con un total de sesenta mil ciudadanos hombres, de los que menos de la mitad poseían suficientes propiedades para servir como hoplitas, los soldados de infantería blindados que constituían la principal fortaleza de su ejército. Conseguir reunir una fuerza ateniense de unos diez mil hoplitas en el campo de batalla era una empresa difícil.

El arma emblemática del Hoplita, era el escudo u hoplon, de unos 8 kg de peso y un metro de diámetro, estaba hecho de madera recubierta de bronce para darle mayor resistencia y servia para proteger al soldado desde el cuello hasta las rodillas. Completaban la panoplia una o dos grebas de bronce destinadas a proteger las piernas desde la espinilla hasta el tobillo, y un casco de bronce que cubría toda la cabeza dejando poca visión y escasa capacidad auditiva. Muchos hoplitas portaban también una coraza pectoral de lino endurecido o bronce que servía como complemento a la defensa que ofrecía el hoplon. El principal armamento ofensivo del hoplita era la lanza de madera (dory), aproximadamente de unos dos metros y medio con punta y contrapeso de bronce, que se blandía con una mano en lugar de arrojarse. Como recurso secundario, contaban con una espada corta (xifos) de hoja recta, para la lucha cuerpo a cuerpo. Todo este material requería de una inversión importante, de al menos 100 dracmas áticas, lo que representaba aproximadamente el salario trimestral de un obrero medianamente cualificado. En la Atenas del siglo V a. C., un esfuerzo económico así solo podía exigirse a los ciudadanos que pertenecieran a una de las tres primeras clases censitarias, entre las cuales, la segunda, la de los zeugitas, constituía el grueso de los efectivos.

Por su equipamiento, el hoplita era un soldado eminentemente defensivo;pero este pesado y costoso equipamiento sólo tenía sentido dentro de una formación de combate conocida como falange. El hoplón se llevaba en el antebrazo izquierdo, embrazado por una abrazadera central y una correa periférica como asidero. De esto se derivaban dos consecuencias esenciales. Por un lado, el hoplita solo disponía del brazo derecho para manejar sus armas ofensivas. Por otro lado, la protección de su flanco derecho, relativamente descubierto, tenía que asegurarse por un compañero de fila dentro de una falange suficientemente compacta (habida cuenta asimismo de la limitación de visibilidad y agilidad de los combatientes impuesta por el casco y la coraza). Así,cada hoplita estaba protegido por su propio escudo, que llevaba en la mano izquierda y por el de su compañero en la derecha de forma solapada. Avanzando la pierna izquierda, blandian sus lanzas con la mano derecha por encima del muro de escudos. El comandante de la formación se situaba a la derecha de la primera linea, el lugar mas vulnerable ya que no tenía ningún compañero que le protegiese su costado derecho. Este muro de escudos y puntas de lanza apuntando hacia el enemigo hacía casi imposibles los ataques frontales.

El combate se desarrollaba lealmente, conforme a prácticas muy ritualizadas, sin buscar ningún efecto sorpresa.Una vez que se había convenido con el enemigo un punto de encuentro, muy igualado, como por ejemplo una llanura labrantía, se formaba la falange con varias filas (ocho por regla general) para poder ejercer una presión colectiva y asegurar que se cubrían automáticamente los vacíos. Los intervalos entre los combatientes eran menores de un metro, de manera que un ejército de dimensiones medianas, por ejemplo 10.000 hombres, se extendía unos 2,5 km. En las alas tomaban posición algunos contingentes de tropas ligeras y de caballería que se encargaban de oponerse a cualquier intento de desbordamiento y de contribuir, al principio y al final de la batalla, a crear confusión en las líneas enemigas. Después de asegurarse con un último sacrificio el favor divino, se iniciaba, en dirección al enemigo, distante unos centenares de metros, una marcha ordenada que solía terminar a paso ligero: los espartanos la realizaban en medio de un silencio impresionante, solo al son de la flauta, mientras que otros la acompañaban con fanfarrias a base de trompetas, gritos y peanes de ataque en honor de Ares Enialio.

Formación de hoplitas en falange

El choque se producía frontalmente y solo daba lugar a unas pocas maniobras laterales, además de que la falange tenía una tendencia natural a avanzar oblicuamente hacia la derecha, por la sencilla razón de que cada uno de sus componentes tendía a desviarse imperceptiblemente por el lado opuesto al escudo en la dirección de su compañero de fila. Salvo por rotura accidental del frente, era en las alas donde se decidía el resultado de la batalla: la primera ala derecha que conseguía mantenerse provocaba poco a poco la dislocación de la falange contraria. Los jefes no podían modificar realmente el curso de los acontecimientos, por falta sobre todo de tropas de reserva, con lo que seguían el pánico, el desconcierto y una breve caza de los fugitivos.La violencia de los choques individuales daba lugar a pérdidas relativamente importantes, estimadas en un 14% por parte de los vencidos y en un 5% por parte de los vencedores. Para contener o repeler al adversario, los hoplitas tenían que luchar cuerpo a cuerpo con su enemigo inmediato con la lanza y luego con la espada. En el momento más agudo de la batalla, el choque colectivo se descomponía en una serie de combates singulares. La batalla concluía por parte del vencedor, con un peán de victoria en honor de Dioniso y Apolo, con la erección de un trofeo en el campo de batalla (un simple armazón de madera decorado con armas arrebatadas al enemigo), con el permiso para retirar a sus muertos y, de regreso a casa, con las preces acompañadas de sacrificios y banquetes.

Este tipo de combate era de rápido desenlace y es que el peso del equipo era tan elevado (mas de 30 kg) que los hoplitas no podían aguantar más de una hora combatiendo. La batalla se resolvía a menudo en una mañana y solo mantenía momentáneamente a los ciudadanos alejados de sus ocupaciones cotidianas, dado que sobrevenía al término de una breve campaña, de unos días, como mucho, de unas semanas. Las hostilidades solían desarrollarse en una temporada en que estuvieran garantizadas las cosechas,saqueando las del enemigo para reducir la intendencia al mínimo. Bastaba con que los movilizados se presentaran con algunas provisiones para el camino, y contar con el producto del pillaje o con la presencia de comerciantes. Tampoco se requería mucha preocupación por la impedimenta, ya que cada uno se presentaba con sus armas, trajes de campaña —que ni siquiera tenían el aspecto de uniformes, salvo las túnicas escarlatas de los espartanos— y efectos personales cargados en una mula o llevados por un esclavo. La ruptura con la vida civil por lo general era mínima.

Asimismo, el desgaste psicológico era un factor esencial que afectaba al desenlace de una batalla; escudos con motivos terroríficos y cascos con agresivos diseños coronados por penachos con plumas, para infundir temor entre el enemigo, eran elementos usuales entre los hoplitas.

La falange era pues el sistema de combate ideal para la organización social de las polis griegas: un sistema en el que cada hoplita tenia la misma importancia y que servía perfectamente para que los ciudadanos griegos que no eran soldados profesionales (con notables excepciones, como la de Esparta) sino agricultores, artesanos y granjeros, pudieran medirse con los mercenarios de las grandes potencias de la época, como Persia. Debido a su naturaleza estática y grupal, el orden cerrado es un modelo de combate ideal para soldados sin entrenamiento puesto que no hace falta ser un experto en el manejo de las armas para ser útil al conjunto de la falange.

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