Historia Universal

Breve historia del Chicle

La recolección de la savia del chicozapote, uno de los árboles más comunes de este paraje, daría como resultado la primigenia goma de mascar. El proceso comenzaba con la realización de incisiones en zigzag sobre la corteza del mencionado árbol y, después de un proceso de secado, se obtenía un producto masticable que los mayas empleaban para limpiarse la boca y los dientes, e incluso para entretener el hambre en los rituales de ayuno. Pero también era una costumbre propia de otros pueblos; en Kierikki, Finlandia, se ha encontrado goma de mascar de 6000 años de antigüedad hecha de alquitrán de corteza de abedul, con huellas de dientes. Se cree que el alquitrán con el que se hizo la goma tiene propiedades antisépticas y otros beneficios medicinales.Y los antiguos griegos masticaban una goma de masilla hecha de la resina del árbol de lentisco. La goma de masilla, como el alquitrán de corteza de abedul, tiene propiedades antisépticas y se cree que se ha usado para mantener la salud oral. Con el “sicte”, como lo denominaron los mayas, comerciaron con pueblos vecinos como los aztecas, que pasaron a llamarlo “tzictli” (pegar), de donde pasaría al castellano como chicle. En la sociedad azteca sólo se les permitía mascar chicle en público a las mujeres solteras y a los niños pequeños; estas restricciones sociales se debían en parte a que el sonido de la goma de mascar era una de las cosas que identificaba a las prostitutas aztecas, con un ruido característico con el que atraían la «clientela». El chitli era consumido por los más pobres. Los nativos norteamericanos también masticaban resina hecha de la savia de abetos, práctica adquirida por los colonos de Nueva Inglaterra y en 1848 John B. Curtis desarrolló y vendió el primer “chicle” comercial llamado «The State of Maine Pure Spruce Gum». Alrededor de 1850 se desarrolló una goma hecha de cera de parafina, un producto derivado del petróleo, y pronto superó a la goma de abeto en popularidad. Para endulzar estas encías tempranas, el usuario menudo utilizaba un plato de azúcar en polvo en el que sumergía repetidamente la goma para mantener la dulzura. William Semple presentó una patente anticipada sobre goma de mascar el 28 de diciembre de 1869.

Pero será el general mexicano Antonio López de Santa Ana quien en 1860 diera pie a la comercialización masiva del chicle y con ella, a su difusión mundial. El general Santa Ana había jugado un papel de gran importancia en las guerras que sostuvo México contra los Estados Unidos, cuyo lamentable resultado fue la pérdida de los territorios que forman los actuales estados norteamericanos de Texas, Nuevo México y Arizona. Santa Ana, por esas piruetas que a menudo tiene la Historia, terminó viviendo en Nueva York, instalado en Staten Island. A su exilio se había llevado uno de sus “vicios” favoritos: la goma de mascar. El chicle atrajo la curiosidad de Thomas Adams, fotógrafo neoyorquino y amigo del general Santa Ana. Adams importó grandes cantidades de aquella materia resinosa con la idea de convertirla en caucho sintético de bajo precio, pero como no lo consiguió, y no sabía qué hacer con aquella gran cantidad de chitcli que había importado de México, recordando el uso que Santa Ana le había dado, se decidió a hacer lo mismo: mascarlo, tanto él como su hijo Horacio. Y Les llegó a gustar tanto que se decidieron a lanzarlo al mercado como substituto de las pastillas de parafina masticables que a la sazón se vendían con el mismo fin: calmar la ansiedad, aplacar los nervios, ocupar a los hiperactivos en algo. Adams mezcló su resina con parafina y obtuvo como resultado un producto masticable, aunque, eso sí, seguía siendo insípido.

Así, las primeras bolitas de chicle sin sabor se vendieron en un drugstore de Nueva Jersey en febrero de 1871 al precio de un penique la unidad. Se vendían en cajitas que decían: “Adams New York Chewing Gum”. Su propio hijo se encargó de promocionar las ventas a lo largo de la costa atlántica de los Estados Unidos. Y el chicle no tardó en desbancar a las pastillas de parafina.Ofrecía a la inquieta gente norteamericana un remedio contra el nerviosismo. Se vendía en bolitas, pero pronto empezó a comercializarse también en tiras largas y delgadas que el propio tendero cortaba a gusto del cliente. Aquel chicle era bastante duro, y obligaba a las mandíbulas a trabajar, con lo que se ejercitaban los músculos a la par que permitían un relajamiento general.

El chicle fue un producto insípido durante bastantes años. Hasta que al farmacéutico John Colgan se le ocurrió en 1875 aromatizarlo. Para ello utilizó bálsamo medicinal de tolú, resina aromática usada en la confección de jarabes contra la tos. Colgan dio a su producto, unos pequeños palitos de chicle, el nombre de Taffytolú. Ante aquella innovación, el señor Adams, impulsor del uso masivo del chicle, lanzó al mercado su propia versión del chicle con aroma. Para ello utilizó la goma de sasafrás, y luego otra con esencia de regalíz. Poco después aparecería el rey de los sabores aplicado al chicle: la menta, que lanzó al mercado un fabricante del estado de Ohio. La creciente aceptación del nuevo producto hizo pensar a Thomas Adams en una nueva aventura, e inventó la máquina expendedora de chicle. Instaló estos aparatos en todas partes, y distribuyó de forma masiva sus chicles de bola de tutti frutti en los andenes del metro neoyorquino.

El triunfo definitivo del chicle vino con un ingenioso fabricante: William Wrigley y su Spearmint. El chicle Black Jack (1884), aromatizado con regaliz, Chiclets (1899) y Wrigley’s Spearmint Gum fueron las primeras marcas populares que rápidamente dominaron el mercado y todavía existen en la actualidad. En 1915 la compañía Wrigley’s tuvo una idea genial: al grito publicitario de “A todo el mundo le encanta recibir algo por nada” envió a todos los americanos con teléfono cuatro pastillas de su chicle predilecto, en total seis millones de pastillas. Con ello, el triunfo del chicle estaba asegurado. El primer chicle capaz de hacer bombas fue inventado en 1928 por Walter Diemer; el chicle era de color rosa y se vendía con la marca Dubble Bubble. Pero masticar chicle ganó popularidad real en el resto del mundo a través de los soldados estadounidentes a quienes, durante la Segunda Guerra Mundial, se les suministraba chicle como parte de su ración para aumentar su concentración y ayudarlos a aliviar el estrés. Ellos difundieron su uso por todo el mundo. Debido al aumento de la popularidad de estos productos se incrementó rápidamente la demanda. En 1950 aparece la goma de mascar sin azúcar. En la década de 1960, los productores de chicle se dieron cuenta de que su capacidad de suministro quedaba limitada por los árboles de los que se extraía. Los árboles necesitan una media de cuatro a ocho años de descanso entre las extracciones. Cuando los árboles productores de chicle de Centroamérica ya no pudieron satisfacer la demanda, los productores buscaron gomas base sintéticas para continuar el negocio.

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