Historia Universal

Los Mayas: organización política y social

Los mayas, un nombre que evoca misterio y enigmas, pero también una escultura y una pintura exquisitas, decenas de hermosas ciudades engullidas por la jungla y altísimas pirámides sobresaliendo entre la maleza. La civilización maya se desarrolló durante mas de mil años, extendiéndose por el territorio de los actuales estados mexicanos de Yucatan, Campeche y Quintana Roo y zonas de Chiapas y Tabasco, por los departamentos guatemaltecos del Petén e Izabal, el noroeste de Honduras y la colonia británica de Belice.

Tradicionalmente, los historiadores ha dividido en tres periodos la evolución cultural maya el formativo o Preclásico (siglos X a.C- III d.C), Clásico (ss.II y X d.C.) y Postclásico (ss.X d.C-conquista española) y su civilización puede caracterizarse por el conjunto de cuatro rasgos culturales: la escritura jeroglífica (con mas de 700 signos diferentes), un procedimiento particular de cubrir sus edificios mediante la aproximación de hiladas y el hormigón, un complejo escultórico y ritual que incluye la asociación de estelas y altares y un sistema de medir el tiempo que parte de un punto inicial o comienzo de era.

Políticamente, los mayas se dividían en varios distritos de tamaño desigual, cada uno bajo el gobierno absoluto de un señor o Halach Uinic.La sociedad se agrupa en unidades de parentesco compuestas de familias que reconocen un antepasado común. Los orígenes de la organización de la sociedad y de su estructura de poder se encuentran en el llamado clan cónico: un extenso grupo de descendencia común delimitado y segmentado a lo largo de líneas genealógicas. Así, irán trazando distinciones entre los miembros del grupo según la distancia genealógica que los separaba del antepasado común, dividiéndose todos los grupos de descendientes en una rama decana o línea principal y otras secundarias. Pequeños sectores de linaje dominan los establecimientos locales y proporcionan a los jefes locales de entre su rama decana. Los principales linajes locales de un distrito estarán emparentados como “hermanos” integrando un linaje de orden superior, dominante, en el distrito. El jefe principal es pues el descendiente directo del fundador del clan y es exaltado a la condición de divinidad suprema del grupo político. La teocracia maya se apoyará en el monopolio de las actividades religiosas por parte del linaje principal, con el jefe como sacerdote y gobernante supremo y con el fundador del grupo como un dios y fuente legitimadora de toda autoridad. El jefe o cacique, líder político y religioso habitaría, junto con la mayor parte de los miembros de su linaje, en los centros ceremoniales, capitales de sus distritos correspondientes. En los centros mas pequeños residirían los linajes secundarios cuyos jefes ejercerían poder sobre las comunidades rurales en nombre del jefe del clan, estableciéndose así una red funcionarial que llevaría la ley y el orden a los puntos más lejanos del distrito. Los linajes campesinos debían acudir periódicamente a la capital para cumplir con el tributo y los servicios inherentes, construcciones y toda clase de trabajos públicos o bien para asistir a las numerosas festividades religiosas del ciclo agrícola y el año sagrado de 260 días.

Esta estratificación social basada en el grado de parentesco se traduce en una desigual distribución de las tierras cultivables y en el acceso diferencial a los bienes conseguidos por medio del intercambio.Para la mayor parte de los especialistas, los linajes tenían asignadas funciones específicas y con toda seguridad, el desempeño de las mismas confería poder y riqueza, lo que hace muy probable que se configurase un sistema de castas. Se daría una endogamia de linaje con matrimonios monógamos orientados a la consecución de alianzas entre diferentes centros ceremoniales. Los historiadores debaten el predominio de la linea de descendencia, la masculina como se aprecia en las tumbas más lujosas y en la iconografía de Tikal o la femenina, como podemos apreciar en los relieves de Palenque o Yaxchillán donde se aprecian representaciones de mujeres en igualdad de tratamiento con los hombres. También hay discrepancia en el carácter pacífico de la civilización maya. Las investigaciones recientes han demostrado la abundancia de enfrentamientos entre ciudades y distritos y se han descubierto obras de fortificación y defensa como la muralla de Tikal. Los grupos de guerreros irán adquiriendo con el tiempo gran relevancia social como un estamento especializado que jugará un papel fundamental como impulsores de la transformación de la vieja estructura política en los últimos momentos del periodo clásico, con la secularización del sistema cultural y la ruptura del orden jerárquico tradicional.

La organización sociopolítica clásica se basaba en la identidad lograda mediante la participación en ceremonias; el ritual religioso marca la vida de todos los mayas y es el principal mecanismo de integración. Las fiestas en los centros ceremoniales trataban de infundir en las masas el sentimiento de lo sagrado por medio de un culto extremadamente complejo y rico. Los sacerdotes oficiaban desde lo alto de las pirámides o en el interior de los templos, rodeados por un decorado deslumbrante que debió resultar impactante para la mentalidad popular. Sus ceremonias estaban relacionadas con la construcción o dedicación de edificios, erección de estelas y otros monumentos, calendario de diversas actividades, movimiento de los astros y otros fenómenos naturales, así como el nacimiento o muerte de gobernantes y sacerdotes, entronización de reyes, victorias militares y ciertas festividades fijas asociadas a algunos dioses, principalmente. Por contra, en el ámbito rural y en las mismas unidades domesticas y capillas levantadas en zonas rurales, conmemoraban las distintas etapas de la vida de los individuos como era asegurar el ritmo de las faenas agrícolas, alejar las enfermedades o rogar por la protección de la casa y la familia. Nada alejado de lo que en el conjunto de las civilizaciones ha supuesto la diferenciación entre la religiosidad oficial, en las capitales y centros de poder, de la privada, en el ámbito rural, familiar. Y esta es la clase de religiosidad que ha perdurado hasta hoy, después de que la oficial desapareciera con la llegada de los españoles, fundiéndose con el cristianismo y dando cabida a infinidad de formulas y ceremonias que acompañan al maya hasta su muerte.

La mayor parte de los primeros jeroglíficos mayas en ser descifrados eran de caracter cronologico y astronómico (solo un tercio de los jeroglíficos que componen la escritura maya han sido descifrados), por lo que los historiadores concluyeron (y mantuvieron durante más de 100 años) que la civilización maya era una rígida teocracia en la que los clérigos ocupaban sus días en medir el paso del tiempo y las idas y venidas de los cuerpos celestiales, apartados del mundo en lo alto de sus pirámides. Desde 1958, investigadores como Heinrich Berlin, Tatiana Proskouriakoff o David Kelley, entre otros, han ido demostrando que esta civilización, al igual que sus homólogas del viejo mundo, tuvo reyes y dignatarios, guerras y dominaciones, alianzas y luchas por la sucesión y la hegemonía, mercaderes y esclavos, templos a los dioses pero también colosales mausoleos reales. El avance en el conocimiento de la escritura jeroglífica fue clave para abordar esta nueva interpretación. La sociedad maya estaba envuelta en implacables y sangrientas luchas y los conflictos bélicos eran cada vez eran más intensos y continuos, sobre todo en las principales ciudades: Bonampak, Yaxchilán y Piedras Negras, cuyo arte se volvió eminentemente militar. La guerra formaba parte de la realidad cotidiana de los antiguos mayas. Hoy sabemos que cada ciudad tenía sus hombres listos para combatir. Eran sobre todo nobles, los mejor adiestrados y que podían disponer de un equipamiento más completo. El militar de más alto rango era el nacóm, que se elegía entre los mejores por un período de tres años. Además de dirigir las tropas, también actuaba como sacerdote castrense. El batab, el segundo mando en importancia, recibía y transmitía las órdenes del nacóm en el campo de batalla. Los guerreros especialmente valientes eran los holcattes, que se distinguían del resto de la tropa porque se pintaban la cara y el cuerpo de negro y se peinaban de forma que su aspecto fuera aterrador. En los ejércitos mayas no faltaba la presencia de mercenarios, generalmente de origen mexicano, que alquilaban sus servicios al mejor postor. Cuando el nacóm moría en la batalla o se le capturaba, la guerra se daba por terminada y los vencedores volvían a la ciudad con sus prisioneros vivos y con las cabezas de los muertos colgadas de sus cinturones.Las campañas militares se desarrollaban fuera del tiempo de cosecha y cuando lo permitía la estación del año. Además, debían adaptarse a la compleja orografía de la región, siguiendo los sacbeob o caminos trazados previamente. Los mayas podían atacar también por los ríos y el mar, aprovechando el complejo sistema de navegación comercial fluvial y costera, que comprendía la región del golfo de México y pasaba por la península del Yucatán hasta llegar al golfo de Honduras.

Los guerreros mayas fabricaban las armas con madera, piedra, cuchillas de pedernal y obsidiana. Con estos materiales hacían lanzas de diferentes largos y hachas de piedra y obsidiana que recibían el nombre genérico de b’aj. Además estaban las jul o armas de tipo arrojadizo, como las cerbatanas, jabalinas y hondas. Por influencia del centro de México, se incorporaron el atlatl o lanzadardos, que en lengua maya se denominó jatz’om, además del arco y las flechas que, según algunos investigadores, también fueron introducidos por mercenarios mexicanos durante el período Posclásico (900-1521 d.C.) o por los mayas chontales durante el Clásico Terminal (800-900 d.C.). Sin embargo, el arma preferida de los mayas clásicos fue la lanza con punta bifacial de obsidiana. En el armamento tampoco faltaban avisperos, que utilizaban como bombas para dispersar al enemigo y atacarle con mayor facilidad. Para protegerse, los guerreros empleaban escudos largos y flexibles y otros redondos, más rígidos y pequeños. También vestían armaduras de algodón endurecidas con sal, transpirables, ligeras y adecuadas para el armamento que utilizaban. Esta protección se completaba con espinilleras y cubrebrazos de cuero. Los guerreros de alto rango se engalanaban además con sofisticados y vistosos tocados de plumas y pectorales de concha, caparazones de tortugas y piedras preciosas.Cada unidad de combate tenía un estandarte o tok’ pakal distintivo, que servía para indicar el inicio del ataque, la retirada y la reorganización y también para transmitir algunas instrucciones tácticas. Esta divisa adoptaba distintas formas y llevaba los colores y emblemas del ajaw o gobernante. Era normalmente muy llamativo y con un vivo colorido, y se le añadían plumas, tiras de papel y pieles de animales teñidas para hacerlo bien visible en el fragor de la batalla.

Cuando el gobernante declaraba la guerra reunía a todos los hombres en la plaza pública y cada unidad se colocaba tras su estandarte para iniciar la marcha hacia el objetivo. Presidiendo la comitiva iba la imagen del dios tutelar, ante el que previamente se habían realizado los ritos propiciatorios necesarios para conocer el día más favorable para ir a la guerra.La batalla se iniciaba al amanecer. Con grandes alaridos, los guerreros se lanzaban a la lucha al son de flautas, tambores y caracolas. Tras la victoria regresaban a la ciudad con los prisioneros vivos, a los que se preparaba para las ceremonias públicas en las que se sacrificaba, generalmente, a los guerreros de alto rango. El gobernante vencido solía salvar la vida, aunque quedaba como vasallo del vencedor. El resto de los prisioneros del pueblo llano eran esclavizados y a los que morían en la batalla se les cercenaba la cabeza para conservarla como trofeo. Iconografía, arqueología y epigrafía evidencian que ya durante el período Preclásico (1400 a.C.-50 d.C.), pero sobre todo desde el Clásico Tardío (600-800 d.C.), los conflictos entre las ciudades mayas se incrementaron como si se tratara de una enfermedad contagiosa. Una tras otra, las ciudades mayas fueron desapareciendo casi a la vez: en el año 792, Bonampak; en 795, Piedras Negras; en 799, Palenque, y en 808, Yaxchilán.
Todas estas fechas señalan conflictos bélicos, de los que quedan numerosos indicios. Los arqueólogos han encontrado en Yaxchilán, Dos Pilas o Aguateca zonas con un elevadísimo número de puntas de proyectiles que dan fe de que fueron el escenario de cruentas batallas. No hay duda, pues, de que la guerra constituía una parte esencial de la sociedad maya y ésta tuvo mucho que ver con lo que se ha venido en denominar el colapso maya.

A finales del siglo V, la ciudad-estado de Tikal era una de las más poderosas de la región. Los arqueólogos sospechan que ostentaba esa posición gracias a la ayuda de Teotihuacán, una ciudad mucho más grande situada en lo alto de las montañas que hay 1.000 kilómetros al oeste, cerca de la actual Ciudad de México. Durante siglos estas dos ciudades influenciaron la arquitectura, la pintura, la alfarería, las armas y el ur­­banismo mayas. Pero todo cambió en el siglo VI, cuando Teotihuacán se desentendió de la región maya y abandonó Tikal a su suerte.Entonces entró en escena la dinastía Serpiente. Nadie sabe con certeza de dónde vinieron; no hay pruebas de su gobierno en Calakmul antes del año 635. Algunos expertos piensan que cientos de años antes del período Clásico iban de un lugar a otro, creando una megaciudad tras otra. Sabemos que desde principios del siglo VI dos gobernantes sucesivos se dieron cuenta de que Tikal era vulnerable y tuvieron la audacia de pugnar por el control político. El primero, Piedra Mano Jaguar, se pasó años haciendo visitas diplomáticas por las tierras bajas de la región maya.Aquellas visitas tal vez nos parezcan inocentes ahora: para concertar un matrimonio, para participar en un partido de juego de pelota o quizá simplemente para dejarse ver y saludar. Pero así era como se producían a veces las conquistas en el mundo maya: ofreciendo regalos, presentando tus respetos y estableciendo alianzas estratégicas. En este aspecto, parece ser que no había nadie mejor que los Serpiente.Caracol, aliada sudoriental de Tikal, no tardó en pasarse al bando de los Serpiente, al igual que Waka, una belicosa ciudad situada al oeste. Con paciencia, los gobernantes de la dinastía Serpiente fueron ganándose la lealtad de otras ciudades al norte, al este y al oeste de Tikal, hasta formar una enorme pinza para atenazar al enemigo. Piedra Mano Jaguar y sus aliados por fin estuvieron en condiciones de conquistar Tikal, pero el Señor Serpiente murió antes de que sus maniobras políticas dieran sus frutos. La tarea quedó en manos de su sucesor (que tal vez fuera su hijo), Testigo del Cielo. El joven debía de tener una presencia imponente. De constitución fuerte, en su cráneo se acumulaban las cicatrices, fruto de un sinfín de batallas.Los Serpiente y sus aliados tomaron rápidamente Tikal, la saquearon y probablemente sacrificaron a su rey con un hacha de piedra sobre su propio altar. Es probable que fuera en aquel momento cuando los habitantes de Holmul, en señal de lealtad a los gobernantes Serpiente, destruyeron casi por completo el mural que Estrada-Belli encontraría 14 siglos después, en el que se honra a Tikal y a Teotihuacán. El reina­do de la dinastía Serpiente acababa de empezar. Al contrario que Tikal y Calakmul, ciudades más áridas situadas en las tierras bajas, Palenque era refinada y so­fisticada, con elegantes pirámides revestidas de estuco y un observatorio erigido al pie de las colinas que conducen al golfo de México y al altiplano. No era una ciudad grande –quizá tenía unos 10.000 habitantes–, pero era un centro cultural y la puerta de acceso para el comercio hacia el oeste, un objetivo primordial para una potencia joven y ambiciosa. El pueblo de los Serpiente estaba entonces liderado por un gobernante llamado Serpiente Enrollada que, al igual que sus predecesores, invadía mediante alianzas. La reina de Palenque, Corazón del Sitio del Viento, defendió la ciudad contra el ataque de los Serpiente, pero se rindió el 21 de abril del 599. Semejante tendencia expansionista era rara entre los mayas del período Clásico, a quienes se suele describir como belicosos y desorganizados, centrados en sus propios territorios y sin mayores ambiciones. Pero los Serpiente eran distintos:los Kaanul pretendían crear un imperio. Esta idea es controvertida entre los arqueólogos especializados en la cultura maya; para muchos, el concepto es inverosímil desde el punto de vista cultural y geográfico. Sin embargo, en el caso de la dinastía Serpiente, es difícil no ver un patrón expansionista.

Ejercer el dominio sobre una región tan vasta, exigía un tipo de organización sin precedentes entre los mayas. También requería una nueva capital, un lugar más próximo a las ciudades del sur, ricas en jade. Dzibanché estaba a 125 kilómetros de Calakmul, una distancia enorme para recorrerla a través de la tupida selva. El traslado a la nueva capital de Calakmul no está documentado, pero en el año 635 los Serpiente erigieron un monumento en el que se declaraban señores de la ciudad tras destronar a la dinastía Murciélago. En menos de un año, el más grande de los go­­bernantes Serpiente, y quizás el más grande de los reyes mayas, ascendió al trono. Se llamaba Yuknoom Cheen II, también conocido a veces como el Asolador de Ciudades. Testigo del Cielo y Serpiente Enrollada habían sido hábiles conquistadores, pero Yuknoom Cheen era un au­téntico soberano. Al igual que Ciro en Persia o Augusto en Roma, tuvo la astucia de enfrentar unas ciudades con otras –sobornando a unos y amenazando a otros– mientras consolidaba su dominio en las tierras bajas mayas como ningún otro rey maya había logrado antes. Y mantuvo este equilibrio político durante 50 años; los reyes Serpiente de Calakmul adoptaron un título más pomposo: kaloomte. Rey de reyes. Yuknoom Cheen murió aproximadamente a la avanzada edad de 86 años. La mayoría de los habitantes de Calakmul vivía, con suerte, la mitad de años, pero sus reyes llevaban una vida cómoda; incluso tenían una dentadura excelente, porque solo comían tamales tiernos. La malnutrición afectaba a las clases más pobres, mientras que las élites podían tener sobrepeso e incluso algunos pudieron padecer diabetes. Garra de Fuego, su sucesor,probablemente ya gobernaba mucho antes de morir su padre, pero no estuvo a la al­tura de su predecesor. Tikal volvió a alzarse en 695 y los Serpiente sufrieron una derrota fulminante.

Parece casi seguro que para los mayas, la tierra descansaba sobre el dorso de un gran cocodrilo que a su vez, flotaba en una laguna. Sobre ella se elevaba el cielo dividido en trece compartimentos dispuestos en trece capas horizontales o en siete niveles en forma de pirámide escalonada; por debajo había nueve mundos inferiores en los que posiblemente, reinaban los nueve Señores de la Noche. La tierra se representaba en algunos textos, como un cuadrilátero ordenado hacia las cuatro direcciones y asociado a cuatro colores: oeste-negro, este-rojo, sur-amarillo y norte-blanco. Cada dirección-color comporta un haz de asociaciones: los cielos están sostenidos por cuatro dioses (los bacabs), en los cuatro lados del mundo se sitúan los chaces o dioses de la lluvia y Itzam Ná, la divinidad más importante del panteón maya, tenía cuatro aspectos respectivamente asociados a direcciones y colores. Pocos dioses mayas tenían forma humana plenamente y la mayoría eran una mezcla de rasgos humanos y animales, prestando un carácter dual, de manera que pueden ser a la vez benéficos y maléficos, jóvenes y viejos, masculinos y femeninos. Y un mismo dios puede tener varias advocaciones y nombres, lo que traslada una impresión errónea de que su panteón era mas grande de lo que en realidad era. Estaban conectados con periodos de tiempo, números y colores y es frecuente que en la iconografía sean mencionados por medio de estos atributos.El dios principal de los mayas era Itzam Ná, dios creador y conservador de la especie humana ( representado con aspecto de reptil y posteriormente como un anciano);una de sus manifestaciones, como dios de la fertilidad y de la vegetación es el dios Bolon Dz´acab, Ix Chebel Yax, su esposa, aparece en los códices con una madeja de algodón como patrona del tejido y a veces, volcando el agua en un recipiente pero casi siempre como una mujer vieja pintada de rojo. Por debajo de ellos, muchos dioses: Kinich Ahau, dios del Sol (representado como un anciano de ojos cuadrados o bien bizco con un solo diente en la mandíbula superior en forma de T), Ix Chel, diosa de la Luna, patrona de los nacimientos y las relaciones sexuales, asociada con el agua del mar y los lagos o Chac, dios de la lluvia, con un culto tan arraigado hasta el punto de que en la actualidad en venerado en algunas regiones (representado con una larga nariz colgante). Destacan también Ah Mun, dios del maiz y Yum Cimil, dios de la muerte (con forma humana y rasgos de esqueleto).

Los sacerdotes recibían el nombre de Ah Kin, aunque según sus funciones específicas y su jerarquía podían recibir otros nombres: los Ahau can se encargaban de los cálculos calendáricos, la adivinación y las profecias; el Ah nakom se ocupaba de los sacrificios humanos y el Chilam de los augurios. Pero sobre todos ellos, se alzaba el Halach Uinic, el supremo jefe religioso y politico. Sus rituales se basaban, fundamentalmente en los sacrificios de humanos, animales, plantas u objetos. A los seres humanos se les sacrificaba extrayéndole el corazón, por decapitación, ahogamiento o flechamiento y tales ceremonias se orientaban a conseguir abundantes lluvias, evitar determinadas catástrofes o para mantener el orden cósmico; los oficiantes se purificaban previamente mediante sangrías, ayunos y continencia sexual. Se perforaban la lengua, el lóbulo de la oreja o los genitales con espinas de maguey o de manta raya; con navajas de obsidiana se hacían profundos cortes en el cuerpo y la sangre se ofrecía a los dioses en recipientes preparados al efecto.

El declive del mundo maya clásico siempre ha intrigado a los investigadores, que no acaban de ponerse de acuerdo sobre sus causas.Se han publicado numerosos estudios sobre el tema, incidiendo sobre todo en aspectos climáticos. Distintos estudios apuntan a que una sequía caracterizó décadas enteras en los siglos IX y X d. C. en muchas regiones donde vivían los mayas causando graves alteraciones socioeconómicas y contribuyó en provocar su declive cultural. Las consecuencias de esas sequías en la península de Yucatán (México) provocaron un descenso anual medio de las precipitaciones de casi un 50% con respecto a las condiciones actuales. Fue una de las épocas de sequía “más severas de los últimos 10.000 años en esta zona. La civilización maya clásica, como muchas otras, era compleja en su modelo socioeconómico y político, así como en su relación con el medio natural. Los gobernantes mayas obtenían la legitimidad necesaria para gobernar gracias a la capacidad que tenían de mantener alimentada a su población y sin duda alguna, los problemas ecológicos que muestra el estudio debieron traer consigo una baja importante en la producción agrícola y un desabastecimiento de alimentos en la región, lo que pudo llevar a que los gobernantes locales perdieran la legitimidad y la autoridad política.

Pero las sequías no explican por si mismas la caída de todos los sitios o ciudades mayas y definitivamente hubo eventos socio-políticos que contribuyeron a la caída de la civilización. A la belicosidad anteriormente comentada debemos añadir el impacto del cambio climatico, y el corte de las relaciones comerciales y diplomáticas entre ciudades.Todo esto trajo consigo que parte de la población abandonara a las élites dirigentes y más tarde la propia élite huyera a mejores lugares. Pero hablar de una desaparición absoluta de esta civilización no sería correcto;hoy día ya no se habla de colapso de la cultura o la sociedad maya, pues en realidad siguieron habitando las zonas alrededor de las grandes ciudades por mucho tiempo más y después de estas fechas hubo ciudades que surgieron o que continuaron su actividad.Lo correcto sería hablar de un colapso del sistema o de los sistemas políticos mayas y de una reconfiguración de algunas expresiones culturales.

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