Historia Moderna, Historia Universal

El real de a ocho

El llamado real de a ocho, dolar español, peso duro o simplemente duro, acuñado desde mediados del siglo XVI, fue la moneda más importante del Imperio español y del mundo en su época y sin duda, la moneda más internacional que ha tenido España. Era la moneda del imperio y lo sobrevivió con creces. En Estados Unidos fue moneda de curso legal nada menos que hasta 1857.Pero además, los reales de a ocho fueron la primera divisa universal, ya que no solo circulaban por toda Europa y en América, sino también en Asia. Gracias a su gran prestigio fue el principal valor utilizado para los grandes pagos y las operaciones financieras en las que, por primera vez, se iban a ver implicados los tres continentes. La calidad de su plata, obtenida en las minas americanas y el enorme volumen con el que se acuñó, hicieron que esta moneda fuera la más aceptada en todos los mercados internacionales durante la Edad Moderna. Sería la moneda universal durante tres siglos. La unidad del comercio mundial hasta el siglo XIX fue el real de a ocho, que precedió a la libra esterlina de oro inglesa y al dólar de plata estadounidense en su hegemonía financiera mundial.

Era una moneda de plata que acuñaba el Imperio español después de la reforma monetaria de los Reyes Católicos en 1497 (responde a la pragmática de Medina del Campo de 1497) con un peso de 27,468 gramos y una pureza de 0,93055%, que contenía 25,560 gramos de plata pura. Las monedas tenían un valor de ocho reales (8 reales y 272 maravedís. 1 real de a ocho = 1 duro. 2 reales de a 8 = 1 escudo). El Real de a Ocho es de base duodecimal ajustado al patrón ponderal del marco de Colonia de 233,85 gramos peso, y es la moneda que junto a la Onza, moneda de oro,responde al sistema bimetalista, Real de a Ocho – Onza, del siglo XVI de la Monarquía española, introducido por Carlos I y difundido por Felipe II en todos sus Estados.

El Real de a Ocho inicia su emisión con técnica de martillo en las cecas de Burgos, Segovia, Sevilla y Toledo; su aspecto es tosco, como corresponde a esta técnica, sin que esto merme la riqueza económica de esta pieza en sí misma, ni su referencia comercial. Desde época de Carlos I, en el reverso de la moneda figuraban las columnas de Hércules y el “plus ultra”, el lema de España. Las columnas representaban a Gibraltar y Ceuta, los dos peñones que delimitaron el final del mundo conocido hasta las postrimerías del siglo XV. Cuando el mítico Hércules ejecutó uno de sus famosos trabajos, el mundo terminaba ahí, era el non terrae plus ultra; Carlos I adoptará para España ese lema. El Real de a ocho respondía al modelo del táler, moneda gruesa de plata acuñada en los países centroeuropeos desde finales del siglo XV. El peso del RDAO,27 gramos de plata, se equiparó en América al valor de un peso de oro, por lo que desde entonces comenzó a llamarse peso.

A medida que la corona española iba expandiendo sus posesiones en ultramar, y especialmente tras la conquista del Perú y México, los Reales de Ocho comenzaron a acuñarse también en América. Carlos I, en 1517, creo la Audiencia de México o Nueva España, y el 11 de mayo de 1535 se estableció por Real Cédula la Casa de Moneda de México, la casa de moneda más antigua de América (procediendo el metal de los yacimientos mexicanos de Zacatecas y Guanajuato) . La riqueza de las minas de plata de Potosí (donde se encontraban las riquísimas minas de plata, prácticamente una montaña maciza de plata, el mayor yacimiento argentífero que haya existido nunca) darán origen al nacimiento de la casa de la moneda del mismo nombre y al nacimiento de la ciudad entre 1544 y 1554. En América, según la legislación dictada de 1535, se inició la acuñación de las grandes piezas, con la técnica de martillo y también usaron la técnica de la llamada moneda “macuquina” o de la cruz labrada, usada esta última hasta poco más o menos 1732, fecha en la que Felipe V prohibió su circulación. El reinado de Carlos I condujo a España a uno de los puestos políticos más culminantes de su historia; pero las costosas empresas internacionales del Rey, emperador Carlos V, pesaron como una losa sobre la economía española, hasta entonces floreciente, resultando al final imposible resolverlos con los medios ordinarios, lo que hizo que las ingentes remesas de metales ricos procedentes de México y Perú, a través de La Habana, apenas sirvieran para enriquecer a los banqueros europeos, proveedores de la Corona y dueños de grandes fortuna.

Las monedas internacionales de épocas anteriores, las emitidas por las repúblicas italianas, se vieron sustituidas por los reales de a ocho españoles, produciéndose así el desplazamiento de la preeminencia económica del mundo mediterráneo, que dejó de ser el eje del comercio y con ello del mundo monetario. Desde muy temprana época, todos los comerciantes europeos que adquirían mercancías en los países árabes o en Oriente debían necesariamente satisfacer su adquisición en moneda de plata española, por lo que tanto en las carabelas portuguesas como posteriormente en los barcos de las compañías holandesas, británicas, francesas o danesas se llevaba la misma como carga, y esto siguió produciéndose hasta bien entrado el siglo XIX. Ni la India ni China mostraban ningún interés por los productos europeos, por lo que los veleros que partían a las Indias Orientales no llevaban más carga que víveres para la población, algunos barriles de vino y aceite y por supuesto,reales de a ocho españoles. Si bien fue habitual la circulación de moneda mayor, en barras o panes, que procuraba beneficios a sus tenedores a la hora de su afinado y acuñación en la moneda propia de cada país, la moneda acuñada, especialmente los reales de a ocho, tenía las ventajas de no pagar tributos durante su transporte y ser aceptadas como circulante universalmente, por lo que era preferida por los comerciantes. Si bien se estima que la tercera parte de la plata indiana fue reacuñada en las cecas de Francia, Holanda o Inglaterra, una parte importante de la moneda española fue remitida por los mercaderes a las áreas donde había demanda de metales preciosos, como eran el Báltico, Rusia, Levante, India o China.

Pero estas monedas llegaban también en grandes cantidades a Filipinas, el gran mercado de comercio de Asia, en los galeones que desde 1565 hasta 1813, hacían la ruta Acapulco-Manila y regresaban llevando las costosas porcelanas y sedas de China, junto con las especias y otros artículos de lujo de la India, con destino a los mercados americanos y europeos. De las Indias españolas salían unos cinco millones de pesos a reinos extraños, ya de Nueva España vía Acapulco a China, ya del Paraguay para Brasil, o de los demás dominios españoles por las muchas y secretas minas del contrabando. Asia e incluso África eran el sepulcro de las riquezas de nuestras Indias, porque atravesando los océanos iban a esconderse a los reinos de la China, Japón, la India Oriental, Persia, Constantinopla, Gran Cairo y Berbería, y defendía que apenas corría entre aquellas gentes remotas otra moneda que reales de a ocho y doblones castellanos.Pero el comercio intercontinental era asimétrico, dado que los consumidores asiáticos no estimaban las mercancías europeas en la misma cantidad que las adquisiciones realizadas en Oriente por los occidentales, lo que suponía un enorme déficit en el comercio europeo, que debía cubrirse con pagos en moneda.Los europeos introdujeron en China miles de toneladas de plata entre mediados del siglo XVI y mediados del siglo XVII, que se unieron a las inmensas cantidades del mismo metal que se importaron en China desde Japón. Entre 1550 y 1650, sin embargo, China exportó oro a Europa, a Japón y a Nueva España, dado que mientras que el poder adquisitivo de la plata duplicaba en China al de cualquier otro punto del planeta, el del oro en Europa era mucho mayor.Los principales productores de plata eran los de las Indias españolas y Japón, no Europa; y China era el principal mercado de destino de la plata. Uno de los principales mercados del real de a ocho fue China y los pueblos asiáticos, que aceptaban esta moneda por su valor intrínseco. El prestigio internacional del real de a ocho hizo que la tomaran como único medio de cambio del comercio internacional para comerciar con Oriente y obtener té, sedas, marfil, etcétera. Y cuando China emitió su primera moneda de plata, el tahel, en 1899, lo hizo según el modelo español del real de a ocho.

Pero estas rutas de comercio no estaban exentas de peligros y los barcos y galeones españoles que zarpaban con cargamentos de monedas de plata eran un constante objetivo de ataques por parte de corsarios y los piratas, especialmente en las aguas del Caribe. El último galeón español “rescatado”, el Nuestra Señora de las Mercedes, “rescatado” por la polémica compañía Odyssey, transportaba nada menos que 574.000 monedas de reales de a ocho, una verdadera fortuna.

También circulaba la moneda española en las Trece Colonias británicas de América del Norte, mucho antes de que declararan su independencia. Por la dificultad de las navegaciones llegaban pocas libras esterlinas a las colonias, y era mucho más fácil surtirse de los cercanos y acreditados reales de a ocho acuñados en México que de libras inglesas, de modo que en las Trece Colonias la moneda española circulaba normalmente, y era conocida primero como «spanish thaler», pasando después a «spanish daller», y más tarde a «spanish dollar» (Los reales de a ocho fueron conocidos como «taleros», por su parecido con la recia moneda austríaca «thaler»). Cuando llegó el momento de la emancipación de las colonias, los flamantes Estados Unidos repudiaron formalmente la moneda británica y se vieron en la necesidad de acuñar moneda propia. El Real de a ocho sirvió entonces de modelo para el nacimiento del Dólar y así, la unidad de plata del sistema monetario de Estados Unidos, creada por ley de 2 de abril de 1792, nació tomando de base la “Piastra”, voz indígena, con la que los mexicanos se referían al Real de a Ocho español. De hecho, al principio los dólares USA eran garantizados con reales de a ocho. Como anécdota diremos que hasta 1997 se mantuvo la costumbre en el mercado bursátil estadounidense de vender y comprar acciones en octavos, por el real de a ocho que era la divisa de garantía cuando comenzó a funcionar Wall Street.

Pero resultaba difícil introducir en el comercio un valor nuevo, y por ello se recurrió al que entonces lo poseía en grado superlativo en todo el mundo: el peso duro, la moneda española real de a ocho, la referencia monetaria indiscutible. Había muchas de estas monedas en circulación en las Trece Colonias, y tenían la garantía de su prestigio y de su depurado contenido de plata, de modo que el real de a ocho de la monarquía española se convirtió en la base de la moneda de los Estados Unidos. La paridad del dólar americano fue unida oficialmente a la moneda española, y el «spanish dollar», llamado así durante mucho tiempo, convivió durante largos años con el «dollar» americano. Ambas monedas, la americana y la española, circulaban por igual y con el mismo valor en los Estados Unidos, y sus ciudadanos, siendo idéntico el valor nominal, preferían con mucho los pesos o duros españoles que los nuevos dólares americanos, porque los españoles tenían más prestigio y mayor contenido físico de plata. La moneda española estuvo vigente en Estados Unidos hasta el año 1857, cuando se prohibió su uso. En cuanto al signo del dólar, el conocido «$», las barras (comúnmente se dibujan dos barras verticales y no una) provienen, según la opinión más extendida, de las dos columnas de Hércules de la pieza española, estilizadas. De hecho, cuando surgieron las primeras monedas acuñadas por Estados Unidos, se les denominó también «pillar-dollar», por los dos pilares o columnas de Hércules. Y en cuanto a la S, según la versión más generalizada se trata de una abreviatura de la palabra «peso», como era llamado el real de a ocho, con la P y la S superpuestas.

Fallecida la Monarquía Católica Universal, el real mantuvo su poder competitivo y era la moneda reserva que se atesoraba en China, India y Medio Oriente. El real de a ocho era todavía a mediados del siglo XIX la moneda más universal e incluso a finales del siglo XIX, el papel desempeñado por el Real de a Ocho era notorio en Oriente, donde mantenía su autoridad indiscutida frente a otras unidades de plata que emergían con fuerza, como el dólar norteamericano, el yen japonés, el thaler austriaco, la piastra francesa, la rupia india, el chelín de plata británico y prevalecerá como moneda de reserva en China, India y los Estados del Medio Oriente. En la propia España, el real certificó su defunción en 1868 con la aprobación de una nueva moneda, de denominación de origen catalán, que daría mucho que hablar: la peseta. El Real de a Ocho, sirvió de base monetaria al comercio internacional, hasta que las divisas europeas, respaldadas por el patrón oro, pusieron fin a esa tradición.

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