Contemporanea

Operacion Impensable: cuando los aliados occidentales planearon atacar a Stalin



A principios de mayo de 1945, mientras el mundo celebraba el próximo final de Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill ordenó en secreto al Alto Mando Imperial la creación de un plan para la invasión de la Unión Soviética: la Operation Unthinkable (Operación Impensable). Una vez que el “factor alemán” estaba a punto de desaparecer, los Aliados occidentales se apresuraron a elaborar en secreto un nuevo plan de guerra para derrotar militarmente a la Unión Soviética, agotada, extenuada por una dramática y durísima guerra que se prolongaba ya 4 años. El dossier de la Operación Impensable fue desclasificado en 1998 y según  especifica, el 1 de julio de 1945 los “Aliados” lanzarían un ataque contra las fuerzas soviéticas en Europa y áreas industriales clave dentro del territorio de la URSS.  El objetivo era “imponer a Rusia la voluntad de los Estados Unidos y el Imperio Británico”; la misma agresión de Barbarossa contra Rusia que Hitler había lanzado 4 años antes.

Los “Tres Grandes” en la Conferencia de Yalta,
febrero de 1945.

Los documentos que prueban la existencia de esta estrategia se mantuvieron en secreto durante décadas hasta que fueron desclasificados en 1998. Churchill, considerado como una de las figuras clave de dicha contienda, lideró a su país en la lucha contra Alemania convirtiéndose en uno de los máximos exponentes de la resistencia ante Hitler. 

Sin embargo, el dictador nazi no era la única figura que preocupaba al premier británico. Ferviente anticomunista, aliado por necesidad con el dictador soviético, al que detestaba, Churchill veía con preocupación la situación en la que se encontraría el mundo de la post guerra convencido de que Stalin representaba una gran amenaza para la paz mundial.

“Por un lado, el gran oso ruso; por otro, el gran elefante americano; y, entre ellos, el pobre burro británico”, comentó Churchill en la Conferencia de Yalta, la cumbre donde se decidió el futuro de la Europa de posguerra. Al líder británico le preocupaba la situación que pudiese desarrollarse tras el final de la contienda, después de que las fuerzas aliadas se desmovilizaran y regresaran a sus países. Temiendo, no sin razón, que el “oso ruso” aprovechara la retirada del “elefante americano” para continuar expandiendo su dominio, el político inglés intentó convencer a los altos mandos estadounidenses de la necesidad de un ataque contra el Ejército soviético para frenar su avance en el continente.  La negativa de Stalin a respetar las fronteras polacas anteriores a 1939 abochornaba  a los aliados occidentales ya que a fin de cuentas, la Segunda Guerra Mundial se había iniciado para conseguir que Polonia recuperase su soberanía, algo que ahora no iba a suceder.

Las últimas operaciones de las fuerzas aliadas entre 19 de abril y 7 de mayo 1945.
Churchill resumió sus sentimientos sobre el tema en una carta a su Secretario de Asuntos Exteriores Anthony Eden: 

“Cosas terribles han sucedido. Una marea de dominación rusa está avanzando. Después de que (la guerra) haya terminado, los territorios bajo control ruso incluirán las provincias bálticas, todo el este de Alemania, toda Checoslovaquia, una gran parte de Austria, toda Yugoslavia, Rumania y Bulgaria. Esto constituye uno de los eventos más melancólicos de la historia de Europa en lo que no ha habido paralelo. Es a un temprano y rápido enfrentamiento y acuerdo con Rusia que ahora debemos volver nuestras esperanzas “. 

Con este ataque por sorpresa, se quería imponer a la URSS las condiciones anglonorteamericanas que restablecerían el estatus quo internacional anterior a la II Guerra Mundial. Por un lado se impediría el nacimiento y desarrollo de una Europa central y oriental comunista que supusiese una alternativa al poderío del capitalismo anglosajón, y por otro, se mantendría indemne al “glorioso” Imperio británico.
Con la vista puesta en este objetivo, durante los últimos meses de la guerra ordenó a su ejército que se apropiara de todas las armas alemanas que pudiera, por si se daba la circunstancia de tener que usarlas contra la Unión Soviética. Además, el estadista inglés pidió a sus fuerzas armadas que idearan un plan concreto de ataque al Ejército Rojo por lo que los planificadores militares llevaron a cabo un estudio de viabilidad con respecto a un ataque contra las fuerzas soviéticas en Polonia. Quienes compilaron el informe dejaron claras sus dudas y las deficiencias de la Operación Impensable. Estimaron que los Aliados necesitarían 47 divisiones para atacar al Ejército Rojo; 14 de estas tendrían que ser divisiones de tanques. Se previó un ataque en dos frentes: uno hacia Stettin y el otro hacia Poznan. 10 divisiones alemanas reformadas también fueron incorporadas a la ecuación junto con 10 divisiones polacas ya en Polonia. Otras 40 divisiones tendrían que mantenerse en reserva.


“Operación impensable: ‘Rusia: amenaza a la civilización occidental'”, gabinete de guerra británico, personal de planificación conjunta. [Borrador e informes finales: 22 de mayo, 8 de junio y 11 de julio de 1945], Oficina de registros públicos, CAB 120/691/109040 / 002. [desclasificado en octubre de 2004]
El gabinete de guerra ultimó la que se conocería como ‘Operación Impensable’ apenas unas semanas después de que Alemania firmara su rendición. El plan, altamente confidencial, contemplaba una invasión liderada por Estados Unidos apoyada por las tropas británicas y las recién derrotadas fuerzas alemanas en dirección a Polonia, con la apertura de un gran frente que se habría extendido desde Hamburgo hasta Trieste. La ofensiva se iniciaría el 1 de julio de 1945 con un desembarco simultaneo en el Báltico contra la Alemania oriental controlada por la URSS y el Gobierno comunista polaco aliado de esta, empujando a las tropas soviéticas tras las fronteras anteriores a 1.939 En la operación debían participar en total las 64 divisiones norteamericanas desplegadas en Europa, junto a las 35 británicas y 4 polacas ( 103 totales , 23 acorazadas). A estas tropas se sumarían 10 divisiones alemanas equipadas con el mismo armamento que se les había ido retirando a medida que se iban rindiendo a las fuerzas aliadas occidentales.  Frente a estas fuerzas se encontraban 264 divisiones del Ejército Rojo en Europa (de las cuales 34 eran divisiones acorazadas).
Según los ideólogos del plan, el ataque inicial debía tener como consecuencia una batalla de tanques de dimensiones colosales en la frontera entre Alemania y Polonia, territorios donde el Ejército Rojo conservaba una fuerte presencia. Se suponía que las 10 divisiones de desembarco (alemanas) podrían ser aprovechadas para la ofensiva, pero como se necesitaba la redistribución de las fuerzas aliadas para que se recuperaran,  las divisiones no podían estar preparadas para el 1 de julio. Los planificadores se pusieron pálidos al pensar en las enormes distancias que tenían que superar para alcanzar las fronteras de Rusia. Además, una de las cuestiones más polémicas en la operación ‘Impensable’ era usar las tropas alemanas como parte de las tropas aliadas. 

Churchill recibió un borrador del plan el 8 de junio de 1945. Con toda probabilidad, el fin de esa batalla habría conducido a una guerra total, una campaña extremadamente larga y costosa. 

Churchill terminó por desestimar el plan, que tenía la dificultad añadida de convencer a EE.UU. de que mantuviera al mismo tiempo una guerra en Europa y otra en el Pacífico, donde Japón aun continuaba combatiendo. 

Cuando le entregaron el borrador, tras estudiarlo escribió al margen: un ataque al Ejército Rojo “era un evento altamente improbable”. Más tarde cambió estas palabras a “contingencia puramente hipotética”. Poco después, recibió noticias del presidente Truman que dejaban en claro que Estados Unidos no quería participar en la Operación Impensable. Los Estados Unidos ya poseían en exclusiva la bomba atómica y esperaban que esta amenaza impresionara a Stalin. Sin embargo, el dictador soviético fue informado rápidamente del plan inglés, tal era el alcance de su red de espías en Londres. Así pues la razón por la cual el plan nunca se puso en práctica es que los expertos militares occidentales evaluaron que “el equilibrio de fuerzas” en Europa era insuficiente para una derrota efectiva y rápida de los soviéticos. El plan fue archivado como alto secreto y cerrado.


Descartada la ‘Operación Impensable’, la profunda desconfianza que Stalin inspiraba a Churchill hizo que el inglés tomara la decisión de mejorar sus sistemas defensivos durante los últimos meses de la guerra. En concreto, estudió el establecimiento de un frente en las costas de Francia y Países Bajos que pudiesen detener la eventualidad de una invasión soviética de las islas Británicas. Entre los principales temores de Churchill se encontraba que el Ejército Soviético usara los cohetes V-2 nazis en una ofensiva contra su país. “Posiblemente, Rusia atacaría todo tipo de objetivos importantes en Reino Unido con su aviación actual“, afirmó. “Es probable que los rusos hagan uso de las nuevas armas, como cohetes y aviones no tripulados“, aseveró. Finalmente, la derrota electoral de Churchill en 1945 y la retirada de tropas EE.UU. para centrarse en su conflicto con Japón en el pacífico terminaron por finiquitar un plan que, si se hubiese puesto en práctica, habría supuesto el estallido de la III Guerra Mundial.


Pero cual corte Persa, en la que todos conspiraban contra todos, también Stalin hacia sus propios planes. Durante la conferencia de Potsdam, Averell Harriman se acerco a Stalin en una pausa para comentarle: “debe de resultarle muy agradable estar ahora en Berlín después de todo lo que ha sufrido su país”. Stalin lo miró y sin inmutarse le espetó: ” Pues el Zar Alejandro fue hasta Paris..:”. Y es que la megalomanía de este genocida no conocía limites. Mientras embaucaba a Roosevelt con cantos de sirena, ya en 1944 (un año antes de que Churchill hiciera lo propio) había ordenado a la Stavka la elaboración de un plan para la invasión de Francia e Italia. La ofensiva del Ejercito Rojo debía combinarse con la toma del poder de los partidos comunistas de ambos países. También contemplaban un desembarco en Noruega, así como la conquista de los estrechos entre Dinamarca y Escandinavia. 

Para estos planes, se asignaron unos importantes presupuestos. Se esperaba que los americanos abandonaran pronto una Europa sumida en el caos y la Unión Soviética, con sus 400 divisiones curtidas por tres largos años de guerra,estaría dispuesta para avanzar. Toda la operación estaría concluida en apenas un mes, de acuerdo a sus planes. Pero cuando Stalin supo, gracias a sus espías infiltrados en el proyecto Manhattan, que los americanos tenían la bomba atómica, todos estos planes fueron paralizados. “Si Roosevelt siguiese vivo, lo habríamos conseguido”, confesó Stalin a su fiel perro Beria…

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