Historia Antigua, Historia Universal

El origen de los nombres de los días de la semana

Ocultas a plena vista en la vida cotidiana hay huellas históricas del origen de la civilización humana, los hilos que conectan entre si distintas épocas, naciones y lugares y que dejaron su marca en el idioma como recuerdo de ese pasado ancestral que forjó nuestra identidad. Así sucede con los nombres de los días de la semana, herederos de una tradición antigua, eco de dioses y mitos de pasados remotos.

Las civilizaciones de la antigua Mesopotamia, ubicadas en lo que ahora es la actual Irak, florecieron entre los años 3.000 ac y el 600 ac. Sumerios y acadios, asirios y babilonios habitaron esa zona y legaron al mundo la escritura, los códigos de leyes, adelantos en arquitectura y el calendario solar de 12 meses de 30 días y de 24 horas cada uno. Los babilonios dividían el mes en cuatro semanas en consonancia con las cuatro fases de la Luna y así se configuró el período de siete días. Los días habrían estado asociados a los planetas y estos bautizados como sus propios dioses. Sin, Nergal, Nabu, Marduk, Ishtar, Ninurta y Samas se identifican con exactamente las mismas características que sus equivalentes romanos que dan nombre a nuestros días actuales.

El origen directo de los nombres de los siete días de la semana en español, como en tantas otras cosas, se encuentra en el latín. La propia palabra semana tiene su origen del término latino septimana, (del latín tardío septimana, formado a partir de septem, siete) siete días que de lunes a domingo eran denominados dies Lunis, dies Martis, dies Mercuris, dies Iovis, dies Veneris, Sabbatum y dies Dominicus. Inicialmente todos aludían a una deidad, costumbre tomada a su vez de los griegos. Los nombres se acompañaban de la palabra dies (día), algo que luego cayó en desuso, pero cuyos vestigios se conservan en idiomas latinos como el italiano (lunedì, martedì) o el francés (mercredi, jeudi) entre otros. Así, tenemos:

• LUNES. Inicialmente dies Lunae, luego dies Lunis; Día consagrado a la luna, Selene para los griegos, luego absorbida por el mito de Artemisa, hermana melliza de Apolo-Helios, el dios del Sol.

• MARTES. Día consagrado al dios Marte de la guerra, el dies Martis hacía referencia a esta deidad. Marte, hijo de Júpiter, proviene de las raíces etruscas de los primeros pobladores de Roma y tenía una entidad propia y destacada que no fue una mera romanización de su par helénico Ares, dios de la guerra y la violencia.

• MIÉRCOLES. Dies Mercuris, el día de Mercurio, dios del comercio del cual deriva, por ejemplo, el vocablo latino mercancía.

• JUEVES. La deidad máxima del panteón romano, Júpiter, tenía su día el dies Iovis/dies Jovis. Era la divinidad principal, padre de dioses y de hombres, también llamada Iuppiter, padre Jovis, y fiel reflejo de su par griego Zeus.

• VIERNES. El día dedicado a la diosa Venus era el dies Veneris. La deidad del amor y la belleza. Veneración sentían los romanos por ella y a qué punto ya que la palabra venerar (y también venérea) surgen de su nombre. Su par heleno era Afrodita y su planeta el segundo respecto al Sol.

• SÁBADO. Si bien deriva del latín sabbatum y hace referencia al día de descanso judío, su origen se remonta a las tradiciones más atávicas de la humanidad. En un principio los romanos llamaban al sábado dies Saturni, día de Saturno, un dios autóctono de la agricultura y la cosecha que luego se fundiría con el griego Cronos, divinidad del tiempo.El término sabbatum desnuda una herencia ancestral previa a la romana. Proviene del griego sábbaton, éste a su vez del hebreo sabbat/shabat que significa reposo o día de descanso. Más allá de la inspiración bíblica, se remonta al acadio sabattum (descanso) que a su vez se desprende de una expresión sumeria del mismo significado que se podría haber gestado varios milenios antes de Cristo.

• DOMINGO. Comenzó llamándose dies solis (día del Sol), en el que la palabra solis hacía referencia a la estrella. Estaba vinculado con el dios Apolo, uno de los más importantes del panteón romano después de Júpiter. Con la llegada del cristianismo el domingo dejó de venerar al Sol y pasó a referirse al padre de Jesucristo: dies Domini (día del Señor). El día reemplazado es el que corresponde al dios solar, reverenciado como Sol Invictus en la antigua religión romana y al que según algunas fuentes se le rendía homenaje el 25 de diciembre en coincidencia con el solsticio de invierno en el hemisferio norte. El cristianismo también determinó que el domingo pasara de ser el primer día de la semana a ser el último, por lo que dice el Génesis de la Biblia en donde explica que en el séptimo día Dios descansó. Sol podría derivarse del protoindoeupoeo, el primer idioma de todos, y su significado sería brillar.

El cristianismo logró desplazar a Saturno y a Sol en beneficio de Sabbatum (del hebreo Shabbat, descanso, reposo) y dies dominicus (día del Señor).

Pero esta inspiración divina de los días de la semana se evidencia también en otros idiomas con grandes similitudes. Los pueblos germánicos adaptaron el sistema introducido por los romanos pero utilizaron sus dioses autóctonos en reemplazo de las deidades romanas (con la excepción del Sábado) en un proceso que se ha denominado Interpretatio germanica. No se conoce con exactitud la fecha a partir de la cual se introdujo este sistema, pero debe haber sido posterior al año 200 d.C pero antes de la introducción de la cristiandad durante los siglos VI y VII, o sea durante la fase final o poco después del colapso del Imperio romano de occidente.​ Los nombres de los días de la semana en los idiomas escandinavos no fueron copiados en forma directa del latín, sino que fueron tomados de los nombres germánicos occidentales.

-. Domingo: del Inglés antiguo Sunnandæg, que significa “día del sol.” Esta es la traducción de la frase en latín dies Solis. En inglés, al igual que en la mayoría de los idiomas germánicos, se preservan las asociaciones originales paganas/sol del día.

-. Lunes: Inglés antiguo Mōnandæg, que significa “día de la Luna.” Esto se basa en la traducción del nombre en latín dies lunae. En la mitológica germánica del norte, la Luna es personificada por un dios, Máni.

-. Martes: Inglés antiguo Tīwesdæg que significa “día de Tiw.” Tiw (Norse Týr) era un dios con una sola mano asociado con el combate y pledges en la mitología nórdica y también que ocupaba un sitial prominente en el paganismo germánico. El nombre del día se basa en la expresión latina dies Martis, “Día de Marte”.

-.Miércoles: Inglés antiguo Wōdnesdæg en referencia al dios germánico Wodan (denominado Óðinn en los pueblos germánicos del norte), y un dios prominente de los anglo-sajones (y otros pueblos germánicos) en Inglaterra hasta el siglo VII. Se basa en la expresión latina dies Mercurii, “Día de Mercurio.” La conexión entre Mercurio y Odin es más forzada que las otras conexiones sincréticas. La explicación usual es que tanto Wodan como Mercurio eran considerados psicopompos, o guías del alma después de la muerte, en sus mitologías respectivas; además ambos se encuentran asociados con la inspiración poética y musical. Tanto el islandés Miðviku, alemán Mittwoch y finlandés keskiviikko todos significan mediados de la semana.

-. Jueves: Inglés antiguo Þūnresdæg, que significa ‘día de Þunor’. Þunor significa trueno o su personificación, el dios nórdico denominado en inglés moderno Thor. De manera similar en alemán Donnerstag (‘día del trueno’) y en escandinavo Torsdag (‘día de Thor’). El día de Thor corresponde a la expresión latina dies Iovis, “día de Júpiter”.

-. Viernes: Inglés antiguo Frīgedæg, que significa el día de la diosa nórdica Fríge. El nombre nórdico del planeta Venus era Friggjarstjarna, ‘estrella de Frigg’. Hace referencia a la expresión latina dies Veneris, “Día de Venus.”

-. Sábado: es el único día de la semana, junto con el lunes, que mantiene su origen romano en inglés, designado en referencia al dios romano Saturno asociado con el Titan Cronos, padre de Zeus y muchos otros dioses del Olimpo. Su denominación anglosajona original era Sæturnesdæg. En latín era dies Saturni, “Día de Saturno.” El escandinavo Lørdag/Lördag se aparta mucho ya que no tiene relación ni con el panteón nórdico ni con el romano; deriva del nórdico antiguo laugardagr, literalmente “día de lavado.” La palabra alemana Sonnabend significa la “noche antes del Domingo”, la palabra Samstag deriva del nombre del Shabbat.

En los idiomas sueco, danés, neerlandés, finés y noruego se dan similares coincidencias con el alemán y el inglés. En otras lenguas los nombres se desprenden de su orden cardinal y significan literalmente primer día, segundo día, etc. En ese grupo están el portugués, ruso, chino mandarín, árabe, hebreo, polaco y griego moderno, entre muchos otros. La mayoría, sin embargo, tiene un tratamiento especial para el sábado y domingo, con significado equivalente al del español. Los musulmanes tienen además el viernes (del árabe jama’a, de recoger/congregarse), el cual es un día de reunión en la mezquita.

En China, que ahora usa un sistema ordinal que numera los días, tuvieron en el pasado la misma estructura. Antes de que cayera en desuso, China utilizó una nomenclatura que equiparaba cada día con un planeta y además con un elemento de la naturaleza. Esa tradición fue importada por Japón tal vez alrededor de mediados del primer milenio y configura el calendario actual. En japonés domingo es nichiyoubi (día del Sol), lunes es getsuyoubi (día de la Luna), martes es kayoubi (día del fuego), miércoles es suiyoubi (día del agua ), jueves es mokuyoubi (día de la madera ), viernes es kinyoubi (día del oro o metal) y el sábado es doyoubi (día de la tierra ). Lo mismo sucede en Corea.

Finalmente, es evidente que bajo el velo del legado cultural grecorromano y cristiano se esconden orígenes menos conocido de las más antiguas civilizaciones. Son indicios fundacionales que nos remontan a los albores de la historia, en campos solitarios a la luz de las estrellas y junto a la seguridad del fuego, y de plegarias y ofrendas a dioses ya extintos. Esas palabras, esos nombres, que pronunciamos en la actualidad, son un hechizo que todos los días nos conecta con una herencia ancestral

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