Historia Antigua, Historia Universal

Las vírgenes vestales

Aún siendo hija de Rea y Chronos, la diosa Vesta no tenía un papel muy relevante en el Olimpo de los dioses romanos, pero a diferencia de otros, en lo cotidiano su rol era imprescindible. Era la diosa del fuego y de la chimenea familiar, puesto que en Roma, al igual que en otras culturas antiguas, existía un fuego comunitario el cual se solía mantener siempre encendido. Posteriormente, con la evolución de la sociedad, este fuego comunitario que era tan necesario para poder encender los fuegos familiares, se convirtió en un fuego sagrado para la ciudad, y en este caso para Roma, por su carácter sacro se encendía con los rayos de sol a través de una ceremonia.

Las guardianas de este fuego sagrado, sus sacerdotisa, las Vírgenes Vestales, eran sacerdotisas públicas y, en tanto que tales, constituían una excepción en el mundo sacerdotal romano, que estaba casi por entero compuesto de hombres. Estaban liberadas de las obligaciones sociales habituales de casarse y tener hijos, y tenían voto de castidad para dedicarse expresamente al estudio y correcta observancia de los rituales estatales que no podían efectuar los colegios sacerdotales masculinos.

Su principal cometido era el de proteger el fuego eterno. Si se apagaba, era señal inequívoca de que una vestal no era virgen. Ello significaba peligro para Roma, y el castigo era ser enterrada viva (pues la causa era haber perdido la virginidad). Otra de las tareas de las vestales era la de mezclar el grano y la sal en el pan utilizado en los sacrificios públicos (el pan, mola salsa, esparcido sobre el altar de los sacrificios y quemado en el fuego, nos da nuestra «inmolación»).

Según la tradición, el culto de las vírgenes de Vesta estaba ya establecido en la ciudad de Alba.El rey Numa llevó el culto a Roma. Eran elegidas entre las familias aristocráticas por el Pontífice Máximo a la edad de seis a diez años, sus padres tenían que estar vivos, y servían durante treinta años. Originalmente, es probable que fueran dos, cuatro en tiempos de Plutarco y posteriormente, seis. Vivían cerca del templo de Vesta y estaban presentes en las grandes celebraciones religiosas estatales. Cuando una candidata a vestal era seleccionada, era separada de su familia, conducida al templo donde le eran cortados los cabellos, y donde era suspendida de un árbol a fin de dejar claro que ya no dependía de su familia. Las hijas salían de la patria potestad al ser elegidas vestales por lo que podían testar aún viviendo sus padres. Se les exigía un comportamiento decoroso, pero tenían beneficios: vivían rodeadas de un considerable lujo, eran las únicas, a excepción de la emperatriz (ya en época imperial), que podían pasearse en carruajes, podían tener posesiones y administrarlas ellas mismas, sin ningún tutor, y eran profundamente veneradas. Como hemos indicado, el servicio como vestal duraba treinta años,de los cuales diez estaban dedicados al aprendizaje, diez al servicio propiamente dicho y diez a la instrucción de nuevas vestales.Transcurridos estos años podían casarse si querían, aunque la mayoría de las vestales retiradas decidían permanecer célibes en el templo.

Su vestimenta principal constaba de una ínfula (una especie de venda, que era usada por sacerdotes y otras figuras religiosas en Roma; la de las vestales era de lana blanca), un sufíbulo o suffibulum (un velo blanco de lana que era utilizado durante rituales y sacrificios) y una palla (un simple chal, largo, típico de la vestimenta de las mujeres romanas que se recogía con un alfiler sobre su hombro izquierdo). Generalmente, debajo del subfibulo llevaban unas cintas de lana de color rojo y blanco, que simbolizaban, la primera, el compromiso de las vestales para mantener el fuego de Vesta y la segunda, su voto de pureza.

Cualquier vestal que no llevase una vida sobria, modesta y discreta era observada con sospecha. En 420 a. C., una vestal, Postumia, fue juzgada por un delito sexual. En realidad no había cometido delito alguno, pero se vestía siguiendo la moda y hablaba más bien de forma divertida. Fue exculpada de todo delito, pero fue amonestada por el Pontifex Maximus y se le instó a eliminar los chistes y la alta costura. La vestal Minucia (337 a. C.) no tuvo tanta suerte. También ella vestía más elegantemente de lo debido y fue declarada culpable por el testimonio de una esclava y enterrada viva. Se nos relata que la vestal Tuccia, acusada de fornicación, pidió a Vesta que le permitiese transportar agua en un colador para demostrar su inocencia: «Oh Vesta, si siempre he realizado tus servicios secretos con las manos puras, demuéstralo ahora con este colador. Podré recoger agua del Tíber y traerla a tu templo». Vesta accedió y Tuccia fue indultada.Las vestales tenían el privilegio de absolver a un condenado a muerte que se encontraran cuando este era conducido al cadalso, siempre y cuando se demostrase que el encuentro había sido casual. Cualquier ofensa contra ellas podía ser castigada con la muerte.

Templo de Vesta

La vestal superiora (Virgo Vestalis Maxima o Vestalium Maxima, “la más grande de las Vestales” o “Suma Vestal”) supervisaba las tareas del resto de las vestales y pertenecía al Colegio de Pontífices. Según Tácito, la Vestalis Maxima Occia presidió el Colegio de las vestales durante 57 años. La última Suma Vestal conocida fue Coelia Concordia en el 380. La Vesta Maxima fue la más importante Suma Sacerdotisa de Roma ya que la Flaminica Dialis y la regina sacrorum mantuvieron la responsabilidad en exclusiva para determinados ritos religiosos, pero su oficio se realizaba como parte de una pareja.

El templo de Vesta, restaurado hoy en parte tal como estaba en tiempos de Augusto, no era al principio más que una cabaña circular en la que ardía el fuego sagrado de la ciudad. Su techo era de paja y ramaje, en recuerdo de las antiguas cabañas del Lacio; en su centro ardía el fuego, mantenido por las vestales, pero sin contener ninguna imagen de la diosa. Era testimonio de un tiempo en que la religión era aún independiente de las representaciones materiales. En él se conservaban, no obstante, diversos objetos, entre otros una vieja estatua, probablemente un xoanon llegado de Oriente en fecha muy antigua. La tradición pretendía que fuese el Paladio, la estatua de Palas caída del cielo en Troya y objeto de tantas luchas, que Eneas había traído consigo al emigrar de Frigia a Italia. Con el Paladio, el templo de Vesta guardaba los penates del pueblo romano, que sólo las vestales y el Gran Pontífice podían ver. Se creía que la salvación de Roma estaba ligada a la conservación de dichos tesoros.Bajo la República, el templo de Vesta no era más que el anexo de un conjunto más extenso: la casa de las vestales, conocida con el nombre de Atrium Vestae. Parece que en un principio el templo estuvo rodeado por un bosque, que se extendía hasta el pie del Palatino, y en aquel bosque se elevaba la casa de las sacerdotisas, en la que residía igualmente el Gran Pontífice, que era a la vez el presidente de su colegio, su protector y su vigilante. El Atrium Vestae estaba formado esencialmente por un gran patio rodeado por las cámaras de habitación y de servicio, como lo estaban las casas romanas de lo que se podría llamar primer estilo urbano. Después su arquitectura se fue complicando a medida de las necesidades pero su carácter primitivo persistió.

Templo de Vesta y adyacente, la casa de las vestales, en el foro romano.

Su ocupación fundamental era guardar el fuego sagrado y si este llegaba a extinguirse la vestal que había estado de guardia era azotada. A continuación debía reunirse el Senado para buscar las causas y remediarlas, se expiaba el templo y se volvía a encender el fuego usando la luz solar como fuente de ignición. Pero perder la virginidad era considerado una falta aun peor que permitir que se apagase el fuego sagrado. Inicialmente, el castigo era la lapidación, aunque posteriormente esta pena fue sustituida por el enterramiento en vida (con el rey Tarquinio Prisco). Cuando la Vestal era sentenciada de incestum, era despojaba de la vitta y demás insignias de prestigio y religiosidad que la destacaban ante la sociedad. Luego se le maniataba en una tumbona y se ponía un sudario como si fuera un cadáver. Se le hacía una triste procesión desde la Regia, pasando por el Foro hasta llegar a la puerta Collina, en donde se encontraba el Campus Sceleratus. Una vez allí el Pontifex Maximus levantaba sus manos y tras una plegaria se abría una lápida en el suelo cerca de los muros de la ciudad, y la vestal tenía que descender por una escalera hasta una cueva en la cual se encontraría con algunos muebles, una lámpara y alimentos. Cuando estuviera allí abajo se le encerraba en vida dentro de la cripta y allí moriría de asfixia o de hambre, siendo una muerte lenta, dolorosa y tortuosa. A su “compañero de delito”, culpable de que la virgen vestal rompiese sus votos, se le conducía al suplicio, siendo azotado en el Comicio hasta la muerte. Sin embargo, en toda la historia del colegio sacerdotal de las Vírgenes Vestales, solo se conocen veinte casos en los que esta falta fue castigada.

Las fiestas principales de Vesta eran las Vestalias (Vestalia) que se celebraban del 7 al 15 de junio. Únicamente el primer día, era accesible su santuario (donde normalmente nadie podía entrar, excepto sus sacerdotisas ) a las madres de familia que traían comida. Recogían grano y pasteles salados para la fiesta. Era la única ocasión en que preparaban la mola salsa, porque era el momento más sagrado, y tenía que hacerse de forma perfecta, ya que se utilizaría posteriormente en todos los sacrificios públicos.

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