Historia Antigua, Historia Universal

Insula, la vivienda popular romana

La Roma antigua era una ciudad enorme y superpoblada y como sucede hoy día en nuestras grandes ciudades, el valor del metro cuadrado para edificar, comprar o alquilar vivienda estaba por las nubes. Las grandes masas de población que habitaban la ciudad tenían la necesidad de una vivienda barata y fácil de obtener, sin servicios ni comodidades pero si un techo que los cubra del cruel frío en el invierno y del molesto sol en el verano. Así pues la mayoría de los romanos vivían en apartamentos,los cenácula, dentro de grandes edificios de hasta 7 pisos de altura, llamados Insula.

El término latino Insulae, isla, es muy apropiado para describirlas ya que este tipo de edificio estaba rodeado por calles y era el equivalente a las manzanas actuales solo que conformada por una gran y única estructura.

Las ínsulas son por tanto el tipo de casa urbana popular romana, precursora de nuestros edificios de viviendas actuales. Eran fundamentalmente viviendas urbanas de alquiler; los precios de los cenácula iban siendo mas económicos a medida que estaban mas altos, siendo los de los pisos superiores siempre los más económicos. Asi, las primeras plantas eran utilizas por la clase media y alta (aristócratas venidos a menos, como la familia del mismo Cesar) y en los pisos superiores la plebe, con menos recursos. Normalmente, estas insulas eran construidas por promotores privados que buscaran obtener la máxima rentabilidad del suelo, por lo que aumentan todo lo posible el numero de plantas en altura.

Poseían balcones y ventanas sin vidrio, que oportunamente eran tapiadas con madera durante el invierno para evitar el paso del frio. La gran mayoría de las insulas carecían de agua potable y baños, lo que obligaba a la gente a acudir a baños públicos y fuentes en el mejor de los casos; o directamente a las ventanas durante el invierno o las noches, muy al pesar de los peatones. Muchos accidentes se producían por la cantidad de deshechos y residuos que salían despedidos de las ventanas, muchas veces impactando sobre los peatones descuidados que deambulaban por los márgenes del edificio. Todas las estancias comunicaban con un patio central comunitario que podía estar adornado con una fuente y/o un pequeño jardín. Frente a la domus, la ínsulas eran, por lo general, poco confortables, oscuras y pequeñas.Las habitaciones, de pequeñas dimensiones, solían utilizarse para todo uso.

En la planta baja se abrían tiendas y talleres (tabernae) directamente a la calle (igual que nuestros locales comerciales actuales) y sobre estos, en las plantas superiores, apartamentos de varios tamaños. Cada una de estas plantas se subdividía en distintas viviendas y conforme se elevan los pisos, el tamaño de las cenaculas disminuye.De esta manera las cenaculas de la primera planta tienen varias habitaciones (cubiculas), mientras que las del ultimo piso pueden tener una sola cubicula.

Las Insulas solían obedecer a dos tipologías: un primer tipo en el que se sitúan tiendas y talleres en la planta baja. En el entresuelo se disponían los alojamientos para los trabajadores de estos negocios y las plantas superiores se dividían en apartamentos y un segundo tipo en las que la planta baja en lugar de tiendas y talleres se disponían las viviendas en torno a un jardín o a un pasillo, muy similares a las domus, donde solían residir la clase media-alta y la aristocracia menos adinerada de la ciudad.

Inicialmente (entorno al siglo III a.C) , se construían en madera y adobe, materiales muy débiles que no soportaban grandes alturas y altamente inflamables, por lo que hundimientos e incendios eran muy habituales. Por este motivo, con el tiempo se fue legislando para mejorar la calidad de las construcciones, obligando a que las ínsulas se construyeran el ladrillo y argamasa, mucho mas resistentes a los hundimientos e ignífugos ( para evitar los incendios se estableció que entre dos ínsulas debía de haber un espacio sin especificar, el ambitus, de unos ochenta centímetros). Pero esto permitirá además el aumento de las alturas construidas, debido precisamente a su mayor resistencia.

Marco Licinio Craso, triunviro y unos de los padrinos políticos de Julio Cesar, amasará una inmensa fortuna gracias a la gran cantidad de ínsulas que poseía en Roma. Debido a los frecuentes incendios, Craso creo el primer cuerpo de bomberos (privado) de la ciudad;y no lo hacía precisamente de forma desinteresada, porque cuando un edificio romano empezaba a arder, Marco Licinio se presentaba en el lugar y no daba la orden de poner en funcionamiento las bombas de agua que llevaba para apagar el incendio hasta que el propietario del inmueble no se lo vendía, en condiciones, lógicamente, muy ventajosas. Si el dueño no accedía a la venta, dejaba que el edificio se consumiera entre las llamas.Su capital pasó de 300 a 7.100 talentos en un tiempo récord. Gracias a su inmensa riqueza,llegó a pagar de su bolsillo los servicios de la legión que venció a los esclavos rebeldes comandados por Espartaco y, gracias a sus riquezas, consiguió ir subiendo todos los peldaños del cursus honorum (la carrera militar y politica romana) hasta llegar a senador. Los ejemplos mejor conservados, fechados en los siglos II y III, están en Roma cerca del Capitolio y sobre todo en Ostia (el puerto de Roma), donde se conservan insulas realmente impresionantes.

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