Historia Contemporanea, Historia Universal

El verdadero Robinson Crusoe

Las islas de Juan Fernández son lugares fascinantes, cargados de misterio y con un impresionante caudal de historias que han sido recogidas en numerosos libros. Casi nadie logra ir más allá de la primera isla, aunque el verdadero misterio de la soledad reside en Más Afuera, donde no vive nadie de manera permanente. El 1 de febrero de 1709 Alexander Selkirk, inspiración del naufragado Robinson Crusoe del novelista Daniel Defoe, fue rescatado después de cuatro años solo en esta isla del Pacífico Sur tras ser abandonado por el barco de corsarios del que formaba parte.

Alexander Selkirk (1676-1721), hijo de un zapatero, nació en un pequeño pueblo pesquero de Escocia llamado Lower Largo. Poco se sabe de sus primeros años, salvo que fue un joven pendenciero y que en 1693, tras ser acusado de “conducta indecente en una iglesia”, como muchos otros en su situación, en lugar de presentarse ante el tribunal huyó de su localidad natal y se enroló como marino en un buque. Fue el principio de su carrera como corsario, que le llevó a participar en varios viajes por el Pacífico Sur en el marco de la Guerra de Sucesión española (1701-1714). Las potencias europeas inmersas en plena guerra en el continente apenas disponían de tropas que poder enviar a las colonias. Así que Inglaterra, para perjudicar el comercio español y francés en América, empezó a extender patentes de corso en abundancia. Estos documentos facultaban legalmente al propietario a ejercer la piratería contra los enemigos de la corona inglesa, a cambio de compartir con ella el botín. Una de estas patentes de corso cayó en manos de William Dampier, que organizó una expedición compuesta por dos barcos, el Cinque Ports y el St. George, con la idea de atacar el “Galeón de Manila”.El 11 de septiembre de 1703 Selkirk se unió a una expedición comandada por William Dampier que partió de Kinsale, Irlanda. Selkirk iba en el Cinque Ports con el rango de segundo de a bordo, por lo que es de suponer que ya contaba con gran experiencia marinera. Además de pirata y corsario, William Dampier fue también un gran explorador; fue el primero en cartografiar las costas de Australia (que por aquel entonces recibía el nombre de Nueva Holanda) y Nueva Guinea y descubrió la Isla de Nueva Bretaña.Había sido despedido de la Marina Real en 1.701 después del hundimiento de su barco (el HMS Roebuck) y haber sido acusado de brutalidad con sus subordinados. No obstante, al calor de la piratería de Estado que Inglaterra iba a ejercer, encontró una segunda oportunidad.

En septiembre de 1704, después un fallido saqueo de la ciudad minera de Santa María (Panamá), el capitán del Cinque Ports, Thomas Stradling, se separó de Dampier y atracó en la isla conocida como Más a Tierra, en el archipiélago chileno Juan Fernández: un conjunto de islas situado en el Pacífico Sur a unos 700 kilómetros de las costas chilenas. En 1574, buscando acortar el trayecto entre los puertos de Valparaíso y El Callao, que podía durar seis meses, Juan Fernández, piloto portugués al servicio de la Corona española, decidió efectuar la travesía alejándose lo más posible de la costa. Para gran sorpresa suya, tras nueve días de navegación, avistó dos islas de altura vertiginosa y enigmático perfil que no figuraban en ningún mapa y a las que, con poética simplicidad, puso por nombre Más a Tierra y Más Afuera. Allí Selkirk, viendo que el barco estaba en muy mal estado para continuar la travesía y que el capitán Stradling se negaba a perder el tiempo necesario para repararlo, dijo que prefería quedarse en tierra que seguir a bordo. Selkirk tenía razón: el barco pronto se hundió frente la costa de Perú y toda su tripulación pereció ahogada, excepto el capitán y otros siete hombres, que habían sobrevivido solo para ser capturados y encarcelados por fuerzas españolas. Le dejaron solo con un hacha, un mosquete, un cuchillo, una cazuela, algunas mantas y ropas y un ejemplar de la Biblia. No podía sospechar que iba a permanecer allí más de cuatro años, por lo que al principio, Selkirk simplemente se dedicó a leer su Biblia en espera de rescate. Según el mismo Selkirk narraría más tarde, los ocho primeros meses fueron los peores. No se separaba de la costa esperando ver algún barco a lo lejos y se alimentaba de los crustáceos, moluscos y tortugas marinas que encontraba.Tenía miedo de adentrarse en el interior de la isla, pero la vida en la playa era bastante incómoda, así que estaba constantemente en un dilema. “Al principio no comía nada hasta que el hambre me obligaba, ni me acostaba hasta que no podía más del cansancio”, narró años después. Pronto se hizo evidente que el rescate no sería inminente y se resignó a una larga estancia, comenzando a hacer más habitable la vida en la isla.

cueva de Alexander Selkirk

Cuando los leones marinos invadieron la playa en la época de apareamiento, (la playa terminó por llenarse de machos muy agresivos que poco a poco fueron ocupando todo el espacio disponible) debió moverse hacia el interior de la montañosa isla. El archipiélago de Juan Fernández no había estado siempre deshabitado. Años antes, tanto el descubridor del archipiélago como los jesuitas habían tratado de colonizar la Isla de Más a Tierra, aunque finalmente desistieran de sus intentos. Sin embargo, fruto de estas fallidas colonizaciones había en el interior de la isla animales que nadie podía imaginar que estuvieran allí, especialmente cabras y gatos. Selkirk se dio cuenta de que estos animales se podían cazar con facilidad y de los que podía aprovechar no sólo su carne, sino también su piel. Además, pudo complementar su dieta con peces, crustáceos y vegetales salvajes. Selkirk plantó también un pequeño huerto con las semillas de nabos que los jesuitas habían dejado abandonadas. Fabricó herramientas con restos de barriles que halló en la playa y así pudo construir dos cabañas con la madera del árbol de pimienta, abundante en la isla, una para dormir y otra para cocinar y comer, y hacerse ropas nuevas cuando las necesitó, para lo cual le fueron de gran utilidad las enseñanzas de su padre. Los principales peligros que arrostró fueron las ratas,(le roían los pies mientras dormía) a las que puso cerco domesticando gatos salvajes. Pero lo peor de todo era la soledad. Selkirk estuvo solo todo el tiempo que pasó en la isla. Para entretenerse y mitigar esa soledad, se pasaba el tiempo grabando su nombre en los árboles, domesticando crías de cabra para que le hicieran compañía y leyendo la Biblia en voz alta para oír una voz humana, aunque fuera la suya propia. Después de varios años de aislamiento, dos barcos llegaron a la bahía de la isla;. Selkirk corrió a la orilla, dándose cuenta demasiado tarde de que eran españoles. La partida de desembarco le disparó, obligándolo a huir por su vida, logrando evadir la captura hasta que los españoles, finalmente se fueron.

El rescate largamente esperado se produjo el 2 de febrero de 1709, fue rescatado cuando dos naves de famoso corsario inglés Woodes Rogers anclaron en la isla; Alexander encendió fuego como señal para alertar a los barcos, que enviaron a un grupo a tierra, bastante asombrado a encontrar a un “hombre salvaje” vestido con pieles de cabra. Precisamente, el piloto de los corsarios fue William Dampier, quien dirigió la expedición original de Selkirk y pudo responder por el “hombre salvaje” que pudo volver a Inglaterra, donde publicó un reportaje sobre sus aventuras. Había pasado cuatro años y cuatro meses de aislamiento en la isla, pero parecía estable cuando lo encontraron y precisamente, la fortaleza y serenidad de Selkirk sorprendieron a todos. El escocés regresó a Reino Unido en 1711, disfrutó de una efímera fama y su historia dio lugar a un par de relatos y artículos periodísticos; volvió a meterse en líos de faldas, disputas y actos de piratería y finalmente murió de fiebre amarilla en Ghana en 1721, a los 45 años. Cuando Daniel Defoe, de profesión escritor, leyó el reportaje, se apropió sin escrúpulos de la narración y escribió en 1719 Robinson Crusoe, considerada la primera novela inglesa de la historia y una de las más famosas novelas de aventuras de todos los tiempos. En homenaje a ambos, el 1 de enero de 1966 las dos islas chilenas de Juan Fernández fueron sido rebautizadas: Más a Tierra se llama hoy Robinson Crusoe, y Más Afuera, Alejandro Selkirk. En ell año 2000 una expedición dirigida por el japonés Daisuke Takahashi encontró instrumentos náuticos del siglo XVIII en la isla, que probablemente pertenecieran a Selkirk.

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