Contemporanea, III Reich y Alemania Nacionalsocialista

Colaboración militar germano-soviética 1922-1941

Durante casi veinte años, soviéticos y alemanes colaboraron económica y militarmente y se repartieron Europa del este en áreas de influencia. Dos países que saldrán como los parias de Europa tras la Primera Guerra Mundial iniciarán una cooperación que continuará, enormemente ampliada, con Hitler en la Cancillería del Reich.

Mientras que la cooperación militar soviético-alemana entre 1922 y 1933 a menudo se olvida, tuvo un impacto decisivo en los orígenes y el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Alemania reconstruyó su ejército destrozado en cuatro bases secretas escondidas en Rusia. A cambio, el Reichswehr envió hombres para enseñar y entrenar al joven cuerpo de oficiales soviéticos. Sin embargo, el aspecto más importante de la cooperación soviético-alemana fue su componente tecnológico. Juntos, los dos estados construyeron una red de laboratorios, talleres y terrenos de prueba en los que desarrollaron lo que se convirtieron en los principales sistemas de armas de la Segunda Guerra Mundial. Sin los resultados técnicos de esta cooperación, Hitler no habría podido lanzar sus guerras de conquista.

El general Hans von Seeckt, al mando del Reichswehr entre 1920 y 1926, estaba ansioso por trabajar con la Rusia soviética, el único otro estado europeo igualmente hostil al status quo. En 1919, Seeckt despachó a Rusia a Enver Pasha, el ex ministro de defensa turco que se ocultaba por su participación en atrocidades masivas contra los armenios en el este de Anatolia. El objetivo de Seeckt era establecer comunicaciones con el gobierno soviético para discutir la posibilidad de cooperación militar. Estaba particularmente ansioso de trabajar contra el estado recientemente reconstruído de Polonia. Los líderes militares alemanes lo vieron como el “pilar de Versalles”, una marioneta francesa diseñada para rodear a Alemania desde el este. Su absorción del antiguo territorio alemán que incluía a cientos de miles de alemanes étnicos inflamó aún más la hostilidad de Berlín. La primera misión de Enver terminó desastrosamente cuando su avión se estrelló en Lituania y fue detenido por el nuevo gobierno lituano. Llevaba materiales sensibles del ejército alemán que podrían haber encendido llamadas en Gran Bretaña y Francia para la ocupación de Alemania. Sólo una atrevida fuga por parte de un oficial alemán  impidió que Enver y los documentos secretos cayeran en manos de los aliados. Pero al año siguiente, hizo el intento nuevamente y lo logró. El Enver le escribió a Berlín: “hoy hablé con … Trotsky. Con él hay una facción que tiene un poder real, y también incluye a esa parte que representa un entendimiento con Alemania. Ese partido estaría dispuesto a reconocer las antiguas fronteras alemanas de 1914. Eso significaba la extinción de Polonia y era exactamente la esperanza del cuerpo de oficiales alemanes.
León Trotsky, entonces jefe del Ejército Rojo, vio la cooperación con Alemania contra Polonia como un polo central en la estrategia soviética. Escribió “Polonia puede ser un puente entre Alemania y nosotros, o una barrera”. Después de la derrota del Ejército Rojo en la guerra polaco-bolchevique, se convirtió en una barrera. El liderazgo bolchevique creía en 1920 que solo con el acceso a las economías industrializadas de Occidente podría sobrevivir el régimen revolucionario bolchevique. Mientras existió el estado de Polonia, este objetivo mutuo demostró ser una estrella polar, guiando a Berlín y Moscú en paralelo.
En este clima  de entendimiento mutuo, el 16 de Abril de 1922, la Rusia bolchevique y la República alemana firman en la localidad italiana de Rapallo un tratado de amistad y cooperación, al margen de la voluntad de las potencias vencedoras de la Gran Guerra. La Alemania de Weimar y la Rusia bolchevique de 1922 son los dos grandes proscritos de la escena política internacional del momento. La una, derrotada y maniatada por las imposiciones del tratado de Versalles, llena de resentimiento y deseosa de revancha. La otra, apenas recuperada  tras una revolución y posterior guerra civil, es considerada un foco contagioso que es preciso aislar. En esta circunstancia, era más que previsible un acercamiento entre ambos países.
soldados ondean la bandera roja en Berlín,9 de noviembre de 1918

La República alemana de Weimar intentaba reponerse de las enormes consecuencias del trauma de la derrota militar y la frustrada revolución marxista. La asfixia es general. Las formaciones políticas moderadas son incapaces de evitar una intensa inclinación a la derecha de unas élites dirigentes, muy tradicionales, que añoran un régimen fuerte y temerosas de un muy posible triunfo de la revolución. Los asesinatos políticos se alternan con los intentos militares por hacerse con el control del Estado, cobrando cada vez mayor impulso las formaciones paramilitares financiadas por la industria. En el ámbito económico, la situación es desastrosa; los países europeos, con una Francia agria y revanchista a la cabeza, intentan obtener a cualquier precio el pago de las reparaciones de guerra. Estas obligaciones impuestas por los vencedores, amenazan con aplastar la antaño potente economía alemana.

En noviembre de 1920 termina la guerra civil rusa; el país, organizado en base a un sistema colectivista, comienza la difícil reconstrucción en base a una economía arruinada y paralizada. En Marzo de 1921, mientras millones de personas están amenazadas de muerte por inanición, el gobierno soviético decide dar un giro a sus planteamientos y solicita ayuda material y asesoramiento a occidente; la Europa capitalista exige entonces el pago de las compensaciones por los bienes perdidos en la revolución y las nacionalizaciones posteriores y por vez primera, invitan a los soviéticos a una mesa de conferencias en la que solucionar de una manera definitiva y satisfactoria a sus pretensiones el problema de las compensaciones. Los países europeos piensan en la Unión soviética como en un campo de inagotables recursos que explotar, con los que Rusia pagaría sus deudas; pero Moscú no esta dispuesta a admitir semejante intromisión en su soberanía y acude a la conferencia con la firme determinación de logar un acuerdo con Alemania, al margen de las potencias occidentales.
Aunque el ejercito alemán había salido incólume de la derrota de 1918, las condiciones que se le imponen por parte de los aliados suponen, sobre el papel, prácticamente el desarme de Alemania: un ejercito reducido a 100.000 hombres, prohibición de fabricación de aviones y carros de combate, supresión del Estado Mayor General y un mantenimiento simbólico de una marina de guerra, impedida también a fabricar submarinos y buques por encima de un determinado tonelaje. Así pues, Jefes y Oficiales verán en la instauración de la Republica un simple hecho pasajero, con el que han de convivir mientras se recupera el poderío militar.
La entrada en los más altos puestos del Estado de miembros del partido socialdemócrata no supondrá en ningún caso dificultades para los intereses militares; estos seguirán conduciendo la política de Alemania por encima de coaliciones y gobiernos efímeros. Los interés de la disminuida Reichswher se identificarán plenamente con los de los magnates de la industria alemana; privados ambos de una posible expansión, unen sus fuerzas ante la posibilidad de un giro hacia el Este y las inmensas posibilidades que ofrece la Unión soviética, ahora ya pacificada. Pero los primeros contactos confidenciales con las autoridades soviéticas tendrán lugar sin el conocimiento del gabinete de ministros; el la primavera de 1921 estaban ya establecidos contactos militares al margen de la política oficial y en el otoño de ese mismo año se concretarán ya convenios para la instalación de fábricas de material militar en territorio soviético, dirigidas por personal técnico alemán.
Tras la petición soviética de ayuda al gobierno alemán para el desarrollo de su industria armamentística,  se enviará una delegación militar a Rusia al mando del coronel Oskar von Niedermayer; tras examinar las fábricas de armamento y los astilleros, la comisión recomendó que se rechazara la petición de ayuda  dado el estado lamentable en el que se encontraba la industria soviética, por la enorme inversión que sería necesaria. Pero pese a esto, en septiembre de 1921 se iniciarán en Berlín conversaciones secretas entre el Comisario Soviético de Comercio Exterior, Leonid Krassin y el Jefe del Truppenamt (Allgemeine Truppenamt u Oficina General de Tropas, sección del Ministerio de la Reichswher que desempeñaba algunas de las funciones del antiguo Estado Mayor), General Otto Hasse, conversaciones que se celebraran en el apartamento berlinés del general von Schleicher. En estas reuniones se establecerá el esquema original de la reconstrucción de la industria de armamentos soviética y el suministro consiguiente de armas de estas fábricas a Alemania. De esta manera, la Reichswher creará un holding (Gesellschaft zur Förderung gewerblicher Unternehmungen o G.E.F.U) con oficinas en Berlín y Moscú bajo la supervisión del general von Borries que supondrá una inversión inicial de capital de 75 millones de Reichmarks. A cambio de esta inversión, el ejercito alemán recibiría una parte de la producción de todas las fábricas. Aunque se efectuaron planes para el desarrollo y construcción de submarinos, esta línea de trabajo no paso de la fase de planificación. El G.E.F.U. financiará la construcción de una gran fábrica de aviones de la casa Junkers en Fili, localidad próxima a Moscú, así como varias fábricas de proyectiles administradas por la empresa Krupp en Leningrado, Schlüsselber y Tula y una fabrica de gas venenoso en Samara.
Hans von Seeckt
El coronel von Niedermayer nuevamente será enviado a Rusia, donde establecerá una oficina conocida como Zentrale Moskau, cuyo personal se componía de oficiales de Estado Mayor “retirados” y encargada del control de los aspectos militares relacionados con el acuerdo secreto, fundamentalmente, el entrenamiento de personal alemán en las escuelas de tanques de Tama (Kazan) y en la escuela de vuelo de Lípetsk (Tambov). Al mismo tiempo se dispusieron visitas de oficiales superiores a fin de establecer una relación fluida entre ambos ejércitos.
 La primera base conjunta en abrir fue una escuela de vuelo ubicada en Lipetsk, una ciudad a unos 500 kilómetros al sureste de Moscú. A partir de 1924, la Fuerza Aérea Soviética invitó a los pilotos alemanes al aeródromo de Lipetsk para participar en el entrenamiento de vuelo. Un año después, la Fuerza Aérea Soviética transfirió la instalación al ejército alemán, aunque parte del acuerdo exigía que los alemanes entrenaran a los oficiales y mecánicos soviéticos en la instalación. En 1927, después del escándalo Junkers, Lipetsk se expandió masivamente en su alcance. Cerca de 1.000 pilotos, observadores, mecánicos e ingenieros alemanes vivirían en Lipetsk durante su período de funcionamiento. Se convertirían en el núcleo de la Luftwaffe cuando resurgiera en 1935.  Además, los soviéticos y los alemanes enviaron muchos de sus mejores pilotos de prueba a Lipetsk para que volaran sus diseños más nuevos. Los siete fabricantes de aviones en Alemania enviaron secretamente sus prototipos, la mayoría de ellos violaciones de Versalles, a Lipetsk para que los probaran. Pero más importante para el futuro fueron los intercambios intelectuales que ocurrieron allí. Los alemanes tomaron prestados conceptos soviéticos como los paracaidistas y el bombardero en picado de la Fuerza Aérea Roja. La Fuerza Aérea Roja, a su vez, aprendió lecciones tácticas y operativas de instructores alemanes, copió diseños alemanes y, cuando no estaba satisfecha con el grado de cooperación técnica, directamente robó los planos de diseño de sus socios alemanes.
Durante estas visitas, los oficiales alemanes obtuvieron una visión de la grave falta de iniciativa y responsabilidad en los niveles mas bajos del mando, así como de la rigidez de la táctica y de las operaciones rusas. Entre 1927 y 1933, visitaran Rusia oficiales como Blomberg, Heye, Hammerrstein o Adam, Brauchitsch,Keitel, Hoth o Manstein, entre otros. Todo esto a la larga sería contraproducente, ya que muchos de estos oficiales llegaron a convencerse de que el ejército soviético nunca llegaría a ser un adversario a tener en cuenta. El objetivo final de Hans von Seeckt, Jefe del Alto Mando del ejercito alemán (Chef des Heeresleitung) no era otro que establecer una alianza militar mediante la cual fuese posible el restablecimiento de las fronteras orientales del Reich de 1914, mediante la destrucción de Polonia. Aunque realmente, ni la implantación de las industrias de armamento ni de las escuelas de formación se desarrollaron a la escala necesaria para que la Reichswher fuese capaz de sostener una guerra ofensiva en los años veinte. Seeckt imaginó estas fábricas un día suministrando al ejército alemán renacido en una guerra futura con Francia.Los soviéticos, a su vez, esperaban aumentar su producción industrial militar a bajo precio, obtener acceso a la tecnología alemana y capacitar a cientos de nuevos ingenieros.
Cuando Lipetsk comenzó a funcionar, el Ejército Rojo y el Reichswehr pusieron las bases para una guerra blindada y un campo de pruebas ubicado en la ciudad de Kazan, a 800 kilómetros al este de Moscú. Aquí, también, oficiales alemanes y soviéticos se fromaban codo con codo. Además, las principales corporaciones alemanas secretamente involucradas en el programa de construcción ilegal de tanques de Alemania: Krupp, Daimler y M.A.N. – envió sus equipos de ingeniería a Kazán. Estos ingenieros vivieron, trabajaron y probaron nuevos diseños de tanques en Kazán que conducirían al desarrollo de los Panzers I a IV, que representan la mayor parte de la producción de tanques alemanes durante la segunda Guerra Mundial. Las ganancias técnicas soviéticas también fueron considerables: un oficial del Ejército Rojo escribió que la base conjunta en Kazán había sido fundamental en el rediseño de la mayoría de los vehículos blindados de la Unión Soviética. Su informe, conservado en los Archivos Militares del Estado ruso, señaló además que el Ejército Rojo había aprendido “muchas cosas interesantes sobre los métodos tácticos, la técnica de conducción de vehículos y la puntería. Por lo tanto, en general, el trabajo de TEKO [nombre en clave de la base] ha sido de gran interés para el Ejército Rojo … “. Además, los principales teóricos de la guerra en cada lado – Heinz Guderian, Oswald Lutz y Ernst Volckheim para los alemanes, Mikhail Tukhachevsky y Vladimir Triandafillov por los soviéticos, visitaron, trabajaron y en algunos casos enseñaron como instructores en Kazán, entrenando a la próxima generación de oficiales de guerra blindados.
Desde 1926 ambos países también comenzaron a colaborar en el desarrollo de armas químicas. En dos instalaciones, Podosinki, cerca de Moscú, y Tomka, cerca de Samara, científicos soviéticos y alemanes experimentaron con nuevos agentes y técnicas de dispersión, así como tratamientos médicos para las víctimas del gas venenoso. Además, los militares alemanes ayudaron a Yakov Fishman, jefe del programa soviético de armas químicas, a contratar a científicos y empresas alemanas que fueron expulsados clandestinamente por la prohibición de las armas químicas. Tanto Alemania como la Unión Soviética se beneficiaron de este comercio ilícito, que se convirtió en una piedra angular de la relación soviético-alemana. En 1931, los científicos e ingenieros alemanes administraban aproximadamente la mitad del vasto programa de producción de armas químicas de la Unión Soviética. Críticamente, los experimentos técnicos en Rusia convencieron a los líderes de la Reichswehr de que las armas químicas no podían funcionar junto con su nueva doctrina operativa de la guerra de armas combinada y móvil.
Conferencia de Génova 10 de abril a 19 de mayo de 1922

A su paso por Berlín camino de la Conferencia de Génova la delegación soviética encabezada por Chicherín, intenta lograr un tratado bilateral con Alemania, cuyo borrador estaba ya preparado según las líneas de trabajo marcadas en los contactos secretos anteriores. Pero Walter von Rathenau, ministro alemán de Asuntos Exteriores no abandona su posición de acercamiento a occidente, demorando el acuerdo. Ya en Génova, donde se va a celebrar la conferencia (abril de 1922) , la delegación soviética vuelve hacia Alemania su mirada y en la madrugada del 16 de abril vuelve a proponer a Alemania la firma del acuerdo (en la forma del borrador ya existente). Esta vez las reticencias de Rathenau son superadas por la intervención personal del Canciller Wirth y a las cinco de la tarde se celebra la breve ceremonia de firma. El Tratado de Rapallo garantizaba la renuncia a toda posible reclamación y la reanudación de las relaciones diplomáticas y consulares entre Alemania y la Unión Soviética, con lo que la Republica de Weimar se convertían en el primer país occidental en reconocer oficialmente a la Unión Soviética.

Miembros de las delegaciones asistentes al tratado de Rapallo

Tras la elección de von Hindemburg como Presidente del Reich el 26 de abril de 1926 y la sustitución posterior del general  Seeckt por el general Wilhelm Heye al frente del Alto Mando de la Reichswher, continuará la cooperación con Rusia, demasiado importante para abandonarla. La mayoría de estas empresas fracasaron en las difíciles circunstancias económicas de la Rusia soviética temprana. El más importante de estos arreglos, una instalación masiva de producción de aviones de Junkers fuera de Moscú, no cumplió con las expectativas de ninguno de los dos bandos, aunque se convirtió en una de las instalaciones de aviones más productivas de la Unión Soviética. En diciembre de 1926, después de pérdidas financieras masivas, Junkers filtró detalles sobre el programa alemán en Rusia a los miembros del Reichstag, el parlamento alemán. El 3 de diciembre de 1926, el escándalo se hizo público cuando apareció un titular de siete líneas en el Manchester Guardian, que proclamaba: “¡Cargas de municiones desde Rusia a Alemania! Plan secreto entre los oficiales de Reichswehr y los soviéticos [s]. DIVULGACIONES INICIALES … “El gobierno alemán, en gran parte ignorante de los actuales esfuerzos del Reichswehr en la Unión Soviética, cayó en desgracia después de un voto de desconfianza en el Reichstag.

El escándalo pareció deshacer las grandes esperanzas que los ejércitos alemán y soviético habían invertido en la cooperación. Pero, en cambio, la relación militar soviético-alemana tomó una nueva vida. Comenzando en 1925 y creciendo rápidamente después del escándalo de los Junkers, los dos ejércitos establecieron una serie de bases militares secretas en las cuales los oficiales alemanes y soviéticos vivían, estudiaban y entrenaron uno al lado del otro. Equipos de ingenieros y científicos trabajaron en nuevos sistemas de armas y equipos militares estadounidenses, británicos y franceses de ingeniería inversa. Dos de estas bases se dedicaron a la producción de armas químicas, una para el entrenamiento de aviación y otra para la guerra blindada. Estas bases ayudaron a modernizar el Ejército Rojo y jugaron un papel central en el desarrollo de las tecnologías militares que permitirían el renacimiento del ejército alemán bajo Hitler.

El número de oficiales alemanes que fue formado en Rusia fue reducido, estando los mejores resultados en la Escuela de instrucción de vuelo de Lípetsk, donde entre 1925 y 1933 se formaron unos 120 pilotos de combate y unos 100 observadores. Recibirán instrucción en Rusia oficiales de estado mayor como Sperrle, Jeschonnek y Student, todos ellos con puestos muy importantes posteriormente en la Luftwaffe. Por su parte, la escuela de carros de combate de Kazan y la de guerra química de Volsk no entrarán en funcionamiento hasta 1929; la primera sólo tenia un instructor y diez alumnos alemanes, sin embargo, los experimentos allí realizados con carros alemanes y británicos llevarán al desarrollo de los panzer III y IV, que mas adelante constituirán la espina dorsal de las divisiones panzer durante la Segunda Guerra Mundial.

Con la llegada de Hitler al poder, la cúpula del Ejército Rojo trató de mantener unas relaciones cordiales con la Reichswehr. Las cooperativas soviético-alemanas funcionarían hasta 1933, cuando Hitler, motivado en parte por su antipatía por la Unión Soviética, ya no sintió que era necesario ocultar las actividades de rearme alemán. Aunque la cooperación militar directa soviético-alemana había durado menos de una década, su impacto sería inmenso. El programa encubierto de rearme alemán iniciado por Seeckt había sentado las bases para una expansión masiva del ejército alemán. Las corporaciones alemanas estaban preparadas para comenzar la producción masiva de nuevas líneas de aviones, tanques y submarinos desarrollados a partir de prototipos probados en secreto de 1926 a 1933. Por su parte, los soviéticos habían recibido amplia asistencia alemana en la industrialización acelerada que representaría al Ejército Rojo la fuerza militar más grande y mecanizada del mundo en 1939.
A pesar de que en 1934 Hitler ordenará el cierre de las bases alemanas en Rusia, dejando atrás importantes infraestructuras, los jefes del ejercito soviético esperaban poder seguir enviando a Alemania a sus oficiales para que se formasen.  Aunque en ambas partes había partidarios de continuar y profundizar en las relaciones bilaterales, el comercio entre ambos países experimentará un constante declive hasta su práctica desaparición en 1938. A mediados de los años 30 se produjeron intentos de traducir conversaciones comerciales en un acuerdo político más amplio, pero Stalin estaba mas centrado en la búsqueda de una seguridad colectiva y en aniquilar a sus enemigos internos – reales o ficticios- efectuando una intensa purga del Ejército Rojo en la que desaparecieron los principales defensores rusos de la cooperación germano-soviética. Entre tanto Hitler centraba toda su atención en la remilitarización de Renania y el rearme del ejercito alemán, utilizando un furibundo anticomunismo para tranquilizar a los vecinos occidentales del Reich.

Será el acuerdo de Múnich (30 de septiembre de 1938) quien lo cambie todo. En Marzo de 1939 Hitler recobraba el Memelland para Alemania volviendo el Alto Mando alemán la vista sobre Polonia, a pesar del pacto de no agresión por diez años firmado el 26 de enero de 1934  y de la descarada complicidad polaca en el reparto de Checoslovaquia. El nuevo objetivo de Hitler era acabar para siempre con el estado polaca y recobrar Danzing, Posen, la Alta Silesia y la Prusia Occidental. Ante la neutralidad, por no decir pasividad, de las potencias occidentales, la actitud hacia Alemania en el Kremlin también cambiará y así, el 3 de mayo de 1939 Stalin sustituirá a Maxim Litvinov, su Ministro de Asuntos Exteriores (judío), por Vyacheslav Molotov, Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo desde 1930 al que Stalin había encomendado la tarea de limpiar de judíos el comisariado. Dada la importancia de la cuestión racial para los alemanes, este cambio constituirá una señal de acercamiento, iniciando desde el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán contactos exploratorios con los rusos. Y como a la ocasión la pintan calva, el gobierno alemán se auto convenció de que los comunistas eran fundamentalmente nacionalistas rusos que defendías sus intereses como cualquier potencia que se precie. Y así, una serie de reuniones con objeto de aclarar las obligaciones de las factorías SKODA con Rusia – ahora alemanas tras la ocupación de Checoslovaquia – se transformaron en un intercambio mas amplio de relaciones económicas.

La inminente llegada en el verano de 1939 de una delegación militar anglo-francesa a Moscú dio prioridad al deseo de Hitler de llegar a un acuerdo con los Rusos; conviene no olvidar que en este momento ya se había decidido atacar a Polonia. Pronto las conversaciones evidenciaron que franceses y británicos carecían de una estrategia común para hacer frente a Alemania. Además, la pretensión soviética de paso franco a sus tropas por Polonia si esta era atacada por Alemania se estrelló contra de plano contra el muro polaco, que se negó en redondo (el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Jozev Beck llegó asegurar que una vez el Ejercito Rojo estuviese en Polonia ya no se iría nunca como así sucedería). Para finales de Agosto, Alemania y la Unión Soviética habían ultimado los últimos detalles de su acuerdo económico, culminando este proceso el 19 de Agosto de 1939 con la firma del Acuerdo de Comercio Alemán-soviético. El 21 de Agosto, los soviéticos rompían unilateralmente las negociaciones tripartitas con Francia y Reino Unido tras recibir de Alemania garantías de que se firmarían los protocolos secretos del pacto de no agresión propuesto, cuyo principal fin era el reparto de Polonia y la entrada en la esfera de influencia soviética entre ambas potencias. Esa misma noche Stalin accedió a recibir al ministro Alemán de Asuntos Exteriores, von Ribbentrop, que llegaría a Moscú el 23 de Agosto.

Lituania entre 1939 y 1941. La Alemania nazi había solicitado el territorio al oeste del río Río Šešupė (área en rosa) en el Tratado germano-soviético de Límites y amistad, pero renunció a sus pretensiones para una indemnización de 7.5 millones

El acuerdo, firmado en la madrugada del 24 de agosto de 1939, adquirió el nombre de los dos ministros de Asuntos Exteriores firmantes: el alemán Joachim von Ribbentrop y el soviético Viacheslav Mólotov. En aquella reunión celebrada en el Kremlin participó un sonriente Iósif Stalin, que departió amistosamente con el emisario del Reich alemán. El pacto de no agresión, con una vigencia de 10 años, contaba con siete cláusulas públicas y cuatro secretas que se conocieron años más tarde. De puertas para afuera, Alemania y Rusia establecían en su artículo IV que «ninguna de las dos participarán en agrupaciones de potencias que de alguna forma estén dirigidas directa o indirectamente contra la otra parte». De puertas para adentro, Alemania y la URSS establecieron una serie de «áreas de influencia». Un reparto futuro de Europa Oriental que empezaría por Polonia, a la que invadieron solo unos días después.

Mapa con la división de Polonia. Segundo Pacto Molotov-Ribbentrop 28 de septiembre de 1939
Figuran las firmas de Stalin y Ribbentropp, sobre el mapa que establece las fronteras “definitivas” entre Alemania y la Unión Soviética

De acuerdo con dicho protocolo secreto Rumania, Polonia , Lituania, Letonia, Estonia y Finlandia se dividieron en esferas de influencia alemana y soviéticas. En el norte, Finlandia, Estonia y Letonia fueron asignados a la esfera soviética. Polonia debía ser dividida y se efectuaría un “reordenamiento político” : las áreas al este de los ríos Pisa, Narev, Vístula y San serán para la Unión Soviética, mientras que Alemania ocuparía el oeste. Lituania, junto a Prusia Oriental, entraría en la esfera de influencia alemana , aunque un segundo protocolo secreto acordó en septiembre de 1939 reasignar la mayoría de Lituania a la URSS. Otra cláusula del tratado era que Alemania no interferiría en las acciones de la Unión Soviética hacia Besarabia, entonces parte de Rumania. El Pacto Molotov-Ribbentrop, formalizado el 23 de agosto de 1939, fue la culminación final de una cruzada de dos décadas por ambas partes para armarse, eliminar el orden de posguerra establecido en Versalles y destruir a su enemigo mutuo, Polonia.

El 24 de agosto el Pravda anunció en grandes titulares la firma del pacto, para perplejidad del mundo entero que atónito, que era desconocedor de que Alemania y la Unión soviética estuviesen tan siquiera negociando  y no daba crédito a semejante acuerdo. Aunque quizás la mayor conmoción se produjo en el movimiento comunista internacional, aturdido y desorientado. Ambos países se esforzarán por presentar de manera positiva antes sus respectivas opiniones públicas este cambio radical de actitud, que los enemigos a muerte pasasen de la noche a la mañana a aliados y camaradas. A partir de septiembre de 1939, la Internacional Comunista suspenderá todas sus acciones “antialemanas” y la propaganda antifascista por orden de Stalin. La guerra en Europa ahora era una cuestión entre “estados capitalistas” que se atacaban unos a otros con fines “imperialistas”.

Brest 23/09/1939 desfile militar conjunto germano-soviético
General Heinz Guderian y Brigadier Semyon Krivoshein
Cuando una iniciativa de paz conjunta germano-soviética fue rechazada por Gran Bretaña y Francia el 28 de septiembre de 1939, la política exterior soviética se torno muy crítica con los aliados y más pro-alemana. El propio Stalin mantendrá a raya a los partidos comunistas de Inglaterra y Francia, que adoptaran una política contraria a la guerra contra Alemania dentro de sus propios países; el 1 de octubre de 1939 los comunistas franceses abogaron por escuchar las propuestas de paz de Alemania, y el líder comunista Maurice Thorez desertará del ejército francés el 4 de octubre, huyendo a Rusia; otros muchos comunistas también desertaran del ejército francés. Tras la derrota de Francia en el verano de 1941, la resistencia comunista contra la ocupación alemana brillará por su ausencia hasta el ataque contra la Unión soviética el 22 de junio de 1941.
El propio partido comunista alemán presentará actitudes similares. En Die Welt,  periódico comunista publicado en Estocolmo, el líder comunista exiliado Walter Ulbricht (futuro dirigente de la Alemania Comunista) se opuso a los aliados vivamente: Gran Bretaña representaba “la fuerza más reaccionaria del mundo” argumentando: “El gobierno alemán se declaró listo para amistoso relaciones con la Unión Soviética, mientras que el bloque guerra Inglés-Francés desea una guerra contra la Unión Soviética socialista. El pueblo soviético y los trabajadores de Alemania tienen un interés en la prevención del plan de guerra Inglés.
 von Ribbentrop posa ante un sonriente Stalin mientras Molotov estampa
su firma en el Pacto de no agresión, Moscú, 23 de Agosto de 1939
La reanudación de la cooperación militar jugó un papel vital en la reforma de la alianza de entreguerras. Stalin, que había comenzado personalmente a dirigir la construcción naval soviética en 1936, se aseguró de que el ejército soviético recibiera grandes cantidades de tecnología militar alemana en el Pacto Molotov-Ribbentrop a cambio de materias primas soviéticas. Alemania nuevamente comenzó a enviar sus oficiales a la Unión Soviética para asesorar y asistir a los soviéticos en la capacitación y el desarrollo técnico. Además, en el otoño de 1939, los alemanes acordaron suministrar submarinos soviéticos que combatieron contra Finlandia. En el punto culminante de la cooperación, Stalin incluso otorgó permiso a la Armada alemana para abrir una base naval secreta cerca de Murmansk para interceptar la navegación británica y ayudar en la invasión de Noruega. Sólo con la invasión alemana de la Unión Soviética se dará por terminada la última de las empresas conjuntas.

Aunque en gran parte olvidado hoy en día, la cooperación militar soviético-alemana de entre-guerras reformó el equilibrio de poder europeo. A fines de septiembre de 1939, Alemania y la Unión Soviética compartían una frontera, una capacidad para hacer la guerra y un marco ideológico de aniquilación. A través de su alianza, Alemania ganó el espacio para reconstruir su ejército y desarrollar nuevas tecnologías de guerra. A cambio, la Unión Soviética recibió asistencia vital militar, tecnológica y económica. El escenario estaba listo para la Segunda Guerra Mundial.

Alemania y la Unión Soviética firmarán un nuevo pacto comercial cuatro veces mas grande que el que ambos países mantenían en vigor desde agosto de 1939, el 11 de febrero de 1940. El pacto comercial ayudó a Alemania a superar el bloqueo británico; en el primer año de vigencia, Alemania recibió un millón de toneladas de cereales, medio millón de toneladas de trigo, 900.000 toneladas de petróleo, 100.000 toneladas de algodón, 500.000 toneladas de fosfatos y una cantidad considerable de otras materias primas vitales, junto con un millón de toneladas de soja de Manchuria. Estos y otros suministros eran transportados a través de la Unión Soviética y los territorios ocupados polacos. Por su parte, los soviéticos habían de recibir un crucero, los planos del acorazado Bismarck, cañones navales pesados, otros aparejos navales y varios de los últimos aviones de guerra de Alemania, incluyendo el Me-109, Me-110 y el Ju-88. Los soviéticos también recibirían equipo eléctrico, locomotoras, turbinas, generadores, motores diesel, máquinas herramientas y explosivos, equipos de guerra química y otros artículos. Los soviéticos también  proporcionaron a Alemania una base de submarinos, la Base Nord,  cerca de Múrmansk, donde poder re-abastecer de combustible y realizar el  mantenimiento a sus sumergibles y como un punto de despliegue para las incursiones y ataques contra las rutas marítimas aliadas.  Además, los soviéticos proporcionan Alemania con acceso a la Ruta del Mar del  Norte para los buques de carga y corsarios (aunque sólo el buque corsario  Komet utiliza la ruta antes de la invasión alemana), lo que obligó a Gran Bretaña para proteger las rutas marítimas en el Atlántico y el Pacífico.

Joachim von Ribbentrop da la bienvenida a Berlín a Vyacheslav Molotov, Noviembre de 1940
Tras la entrada de Alemania en el Pacto Tripartito con Japón e Italia, en octubre de 1940, Ribbentrop escribió a Stalin sobre “la misión histórica de los Cuatro Poderes -la Unión Soviética, Italia, Japón y Alemania- para adoptar una política de largo alcance y dirigir el el futuro desarrollo de sus pueblos en los canales correctos mediante la delimitación de sus intereses en una escala mundial “.  Stalin respondió refiriéndose a entrar en un acuerdo sobre una” base permanente “para sus” intereses mutuos ” y envió a Molotov a Berlín para negociar los términos por los cuales la Unión Soviética se uniría al Eje. Ribbentrop le pidió a Molotov que firmara otro protocolo secreto con la siguiente declaración: “El punto focal de las aspiraciones territoriales de la Unión Soviética probablemente estaría centrado al sur del territorio de la Unión Soviética en la dirección del Océano Índico”. Tomó Molotov la posición de que no podía tomar una “posición definida” sobre esto sin el acuerdo de Stalin.  quien en respuesta a un borrador escrito de un acuerdo de cuatro poderes,presentó una contrapropuesta por escrito,en virtud del cual los soviéticos se unirían al Eje si Alemania excluía de su actuación “la esfera de influencia soviética”. Alemania nunca respondió la contrapropuesta.
 
Protocolo adicional secreto del Tratado Germano-Soviético
de Amistad, Cooperación y Demarcación

El 10 de enero de 1941 firmarán un nuevo acuerdo, por el que se resolverían varias cuestiones en curso, estableciendo unos “protocolos secretos adicionales” del Tratado germano-soviético de Límites y Amistad por los cuales se cedía la franja de Lituania a la Unión Soviética a cambio de 31,5 millones de Reichsmark. Asimismo, establecían formalmente la frontera entre Alemania y la Unión Soviética entre el río Igorka y el Mar Báltico.

También se extendieron la regulación del acuerdo comercial hasta el 1 de agosto de 1942, aumentando las entregas por encima de los niveles anteriores de ese acuerdo. También se establecieron los derechos comerciales en los países bálticos y Besarabia  y el cálculo de la indemnización por los intereses de propiedad alemana en los países bálticos ahora bajo ocupación soviética y otras cuestiones como la migración a Alemania de alemanes étnicos y ciudadanos alemanes en los territorios bálticos y el traslado a la Unión Soviética de sus nacionales y de los llamados “rusos blancos”  que se encontraban en los territorios  ocupados por los alemanes.

En un esfuerzo para demostrar las intenciones pacíficas hacia Alemania, el 13 de abril de 1941, los soviéticos firmaron un pacto de neutralidad con Japón. A pesar de que Stalin tenía muy poca fe en el compromiso de Japón con la neutralidad, sintió que el pacto era importante para su política de simbolismo, para reforzar sus lazos con Alemania. Pero Hitler había ordenado a su ejército ya finales de 1940 la preparación para la guerra en el este, independientemente de las conversaciones de una posible entrada soviética como cuarta potencia del Eje. De esta forma, la colaboración entre ambas potencias se dio por terminada en la madrugada del 22 de junio de 1941, tras producirse finalmente el ataque Alemán contra la Unión Soviética. El envío de materias primas hacia Alemania se mantuvo hasta el mismo momento del ataque, lo que permitirá al Reich mantener sus existencias de grano y caucho hasta octubre de 1941.
Una vez terminada la guerra las cláusulas secretas fueron descubiertas por el ejército británico, que las puso en conocimiento de la opinión pública. Aun siendo una de las vencedoras del conflicto, la Unión Soviética y sus palmeros (los partidos comunistas de cada país fuera de la órbita soviética) negó durante décadas la existencia de dichas cláusulas. No fue hasta agosto de 1989 –cincuenta años después de la firma del acuerdo– cuando el gobierno soviético presidido por Gorbachov reconoció que esos artículos ocultos planificaban el «reparto» nazi-soviético de Europa Oriental.

Tras el final de la I Guerra Mundial, Alemania nunca tuvo la intención de desarmarse y durante siete años hizo todo lo que estuvo a su alcance para engañar y “controlar” a la Comisión nombrada para controlar su desarme. Sin embargo, los Aliados carecían de la fuerza de voluntad política para poner fin de manera efectiva a los programas secretos de rearme de Alemania. Las limitaciones del Tratado de Versalles no lograron bloquear el avance de la tecnología militar alemana principalmente a causa del trabajo del Reichswehr en Rusia. De hecho, el Reichswehr realmente ahorró dinero en el proceso de investigación y desarrollo a través de su programa secreto de pruebas y producción de prototipos a pequeña escala. Una combinación de espionaje industrial, socios comerciales dispuestos fuera de Alemania y la cooperación con la Unión Soviética permitieron a Alemania mantenerse al día con los desarrollos militares en otros lugares a una fracción del costo de otros establecimientos militares. El hecho de que los líderes occidentales no reconocieran este hecho significaba que subestimaban enormemente las capacidades técnicas del ejército alemán durante las crisis de finales de los años treinta. La asociación soviético-alemana deja en claro la inmensa dificultad para detener el desarrollo tecnológico militar de los estados parias.

Los políticos estadounidenses fueron indiferentes y los líderes británicos tendieron a simpatizar con Alemania en la década de 1920. Además, las empresas británicas y estadounidenses estaban ansiosas por explotar las oportunidades económicas en Alemania y la Unión Soviética. Francia mostró cierta inclinación a detener el resurgimiento militar alemán, pero carecía del poder para actuar en solitario. Esta falta de armonía estratégica entre los vencedores obstaculizó cualquier esfuerzo por preservar el status quo.

Anexo:

El pacto de no agresión germano-soviético
Deseosos de fortalecer la causa de la paz entre Alemania y la URSS, y procediendo con las previsiones fundamentales del Acuerdo de Neutralidad firmado en Abril de 1926 entre Alemania y la URSS, han llegado al siguiente acuerdo:
– Artículo I: Ambas Altas Partes Contratantes se obligan a desistir de cualquier acto de violencia, cualquier acción agresiva, y cualquier ataque a la otra parte, ya sea individual o en conjunto con otras potencias.
– Artículo II: Si cualquiera de las partes fuera objeto de una acción beligerante por una tercera potencia, la otra Alta Parte Contratante de ninguna manera deberá dar apoyo a esa tercera potencia.
– Artículo III: Los Gobiernos de las dos Altas Partes Contratantes deberán mantener en el futuro contacto continuo, con el propósito de intercambiar información sobre problemas que afecten a los intereses comunes a ambas partes.
– Artículo IV: Ninguna de las dos Altas Partes contratantes deberán participar en agrupaciones de potencias, que de alguna forma estén dirigidas directa o indirectamente contra la otra parte.
– Artículo V: En caso de surgir algún conflicto entre las Altas Partes Contratantes sobre problemas de cualquier tipo, ambas partes deberán resolver las disputas o conflictos exclusivamente a través de intercambios amistosos de opinión o, si fuera necesario, por medio del establecimiento de comisiones de arbitraje.
– Artículo VI: El presente tratado concluirá en un período de diez años, con la previsión que, en cuanto alguna de las Altas Partes Contratantes no lo denuncie un año antes a la expiración de ese período, la validez del tratado será extendido por otros cinco años.
– Artículo VII: El presente tratado deberá ser ratificado dentro del más corto tiempo posible. Las ratificaciones serán intercambiadas en Berlín. El acuerdo entrará en vigor tan pronto como sea firmado.
Protocolo Secreto Adicional
1.– En el caso de un reacondicionamiento territorial y político en las áreas pertenecientes a los Estados Bálticos (Finlandia, Estonia, Latvia Lituania), la frontera norte de Lituania representarán los límites de la esfera de influencia de Alemania y de la URSS. En relación con esto, el interés de Lituania en el área del Vilna es reconocida por cada parte.
2.– En el caso de un reacondicionamiento territorial y político en las áreas pertenecientes al Estado Polaco, las esferas de influencia de Alemania y la URSS, serán limitadas por la línea de los ríos Narew, Vístula y San.
La cuestión de que si ambas partes ven como conveniente el mantenimiento de un Estado polaco y cómo ese Estado deberá limitar de alguna forma, esa limitación puede solamente ser determinada en el curso de los próximos desenvolvimientos políticos.
En cualquier caso, ambos Gobiernos resolverán esa cuestión por medio de un acuerdo amistoso.
3.– En relación con el Sureste Europeo, la parte Soviética llama la atención sobre su interés en Besarabia. La parte alemana declara su completo desinterés político en esas áreas.
4.– Este protocolo deberá ser tratado por ambas partes en estricto secreto.

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