Historia Contemporanea, Historia Moderna

Los Samurais

Samurai, significa en japonés servidor y, eso es precisamente lo que esta casta guerrera e intelectual hizo durante su tiempo de hegemonía —servir a sus señores feudales—, esos mismos daimio que pugnaban por el control de un imperio en el Japón medieval entre los siglos XII y XVII durante un largo periodo de luchas entre clanes, fieles al ritual guerrero impuesto por el bushido. En tiempos remotos, Japón era gobernado por un emperador y su corte. El emperador era tratado como un dios y se creía que descendía de la diosa sol, Amateratsu. Por debajo del emperador estaban los nobles y por debajo de los nobles había muchas categorías de samurais.

El guerrero samurai seguía un código de honor llamado bushido, «el Camino del Guerrero» y prometía lealtad completa a su señor. Un samurai que se distinguiese en la batalla podía recibir un lote de tierras como recompensa.Con el apoyo de sus ejércitos samurais, los nobles ganaban el control de vastos territorios. Estas nobles familias comenzaron a aliarse para formar clanes que acabarían siendo más poderosos que el mismo emperador. Los clanes, con frecuencia, mantenían disputas entre ellos.

Los vínculos familiares, así como la lealtad de vasallos hacia el daimyō (señor feudal) eran sumamente fuertes, y eran estos factores los que regían sobre la estructura de un ejército samurái. Cualquiera que naciera en una casa de guerreros era entrenado desde su niñez con el fin de convertirlo en un digno representante de sus antepasados. La estructura jerárquica dependía de factores como el nacimiento, el vasallaje vitalicio y aspectos sociales y militares. En el vértice de la pirámide estaban los daimyō y a su lado sus parientes cercanos y familia; seguían los criados vitalicios de la familia, el último escalón lo constituían los vasallos. Los vínculos familiares, así como la lealtad de vasallos hacia el daimyō (señor feudal) eran sumamente fuertes, y eran estos factores los que regían sobre la estructura de un ejército samurái. Cualquiera que naciera en una casa de guerreros era entrenado desde su niñez con el fin de convertirlo en un digno representante de sus antepasados.

El tamaño de la casa de un samurai dependía de su riqueza y de su rango (La riqueza de un samurai no se medía en dinero sino en la cantidad de arroz que producían sus plantaciones, así un koku era la medida de arroz necesaria para alimentar a una persona durante un año). Los campesinos que trabajaban en los campos vivían en humildes poblados situados en las propiedades del samurai que podía requerir de estos hombres que le acompañasen en la batalla en caso de guerra. De manera que el complejo donde residía incluía un patio, establos para los caballos y edificaciones anexas para alojar a sus guerreros. Rodeándolo todo había un muro alto y las entradas eran vigiladas por los mejores arqueros apostados en una torre vigía.

Las casas de los samurais eran de madera, con altos techos de paja apoyados sobre pilares. Las paredes del interior de la casa consistían en ligeros paneles movibles que se desplazaban a través de guías dispuestas en el suelo, de manera que era posible cambiar la forma y el tamaño de las habitaciones. Los muros exteriores más resistentes estaban hechos de bambú y recubiertos de yeso. A excepción de la cocina, que tenía el piso de tierra, los de madera estaban separados del suelo para mantener la casa seca y aireada. Sobre ellos se colocaban esteras rectangulares de paja llamadas tatami. Siempre tienen la misma medida (alrededor de dos metros de largo por uno de ancho). Los japoneses miden sus habitaciones por el número de tatamis que necesitan para cubrirlas.Estaban decoradas de una manera muy sencilla, a base de elegantes biombos, mesas bajas y cojines. La ropa se guardaba en arcones de madera, mientras que las sábanas y los colchones podían enrollarse y guardarse en armarios. La habitación principal siempre disponía de una hor-nacina a una altura superior llamada tokunoma, en la cual se exhibía algún objeto de especial belleza: un pergamino, una pintura, un arreglo floral o una pieza de cerámica, sobre la cual podían meditar su dueño y los huéspedes.Los samurais usaban esta habitación para recibir a sus invitados y celebrar la ceremonia del té.

Ya fuera en tiempo de guerra o de paz, un samurai intentaba encontrar la paz dentro de sí mismo a través de la meditación. Con frecuencia, buscaba la tranquilidad de su jardín o de su casa de té privada situada en el mismo. Los jardines de los samurais eran obras de arte diseñadas con flores y árboles, contrastes de luces y som-bras, estanques de agua, o simplemente arena y rocas, todo ello en un esfuerzo por representar verdades acerca de la naturaleza de la vida. La mayor parte de los samurais eran budistas Zen. El Zen enseña a sus seguidores a buscar la iluminación y la salva-ción dentro de sí mismos a través de la meditación, no de la adoración de un dios o de unos dioses. La meditación Zen implica una gran disciplina. El objetivo es la armonía espiritual, la unidad con el fluir de la vida y de la muerte.

Los niños samurais estaban rodeados de los símbolos de su clase guerrera desde el momento de su nacimiento.A un niño samurai recién nacido se le daba una pequeña espada en forma de colgante para llevarla en el cinturón. A la edad de cinco años, se le cortaba el pelo por primera vez y a los siete recibía sus primeros pantalones o hakama. Pero la ceremonia más importante llamada gembuku ocurría a los 15 años, cuando el niño se convertía oficialmente en un hombre. Recibía entonces su nombre de adulto, un corte de pelo de adulto y lo mejor de todo, su primera espada de verdad y su armadura.A los niños les enseñaban primero sus padres y después quizá un sensei local (maestro) que solía ser un ronin. A los guerreros con más talento se les enviaba a escuelas de entrenamiento especiales. Se les instruía en la lectura y la escritura, así como en los clásicos de la literatura china hasta la edad de 10 o 12 años, a la cual se les enviaba a estudiar a un monasterio por otros cuatro o cinco años aunque las lecciones de manejo de la espada y de la lanza y el uso del arco y la flecha comenzaban antes.También podían aprender lecciones de estrategia jugando al juego del go.

Para el orgulloso samurai, no había posesión más preciada que su espada. Se colocaba una espada en la habitación del samurai el mismo día de su nacimiento y también se depositaba una espada en su lecho de muerte al morir. A lo largo de su vida, el samurai acostumbraba a dormir con su espada cerca de su almohada y la llevaba consigo dondequiera que fuese.Las espadas eran siempre tratadas con respeto y pasaban de generación en generación. Cualquier falta de respeto a la espada de un samurai era vista como un insulto hacia toda su familia.Se consideraba una grave ofensa tocar de cualquier forma la espada de otro sin su permiso, una afrenta que podía resultar en un cruento duelo. Por este motivo, los samurais tenían que tener cuidado para no rozarse entre sí al andar por la calle por ejemplo.  No obstante, durante la mayor parte de la historia japonesa, las principales armas fueron el arco y la lanza. El arco japonés (yumi) fue su arma preferida y sólo se recurría a la espada al  entablar combate cuerpo a cuerpo. Se decía que una buena espada debía ser capaz de dos cosas: cortar siete cuerpos apilados uno encima del otro y estar lo suficientemente afilada como para que al sumergirla en el agua pudiera cortar un nenúfar que flotara en la superficie. La fuerza de la katana se debía a su curvatura, que hacía posible que el corte pudiera seccionar el hueso del oponente. Ya que se la debía de empuñar con ambas manos, el portador de la espada se tenía que colocar en ángulo recto con respecto al enemigo. Los samuráis no utilizaban ningún escudo para su protección, dado que la katana era un arma defensiva y ofensiva al mismo tiempo.

Tambien portaban en combate una armadura hecha de hierro, conocida como yoroi. Con los siglos se remplazó por una armadura llamada do-maru, más sencilla y cómoda durante el combate. La armadura desarrollada en el siglo XVI es conocida como tōsei gusoku o «armadura moderna». Fueron añadidas protecciones para la cara, el muslo y un sashimono, el cual era un pequeño estandarte en la espalda. Algunos samuráis utilizaban máscaras para proteger el rostro, llamadas hoate. En el periodo Edo cuando cesaron las guerras, las armaduras sólo se utilizaban ceremonialmente en los castillos. La vestimenta típica era el hakama y el kimono, mientras que para ocasiones de mayor formalidad utilizaban una chaqueta sobre el hakama llamado kataginu, los cuales combinados se conocían como kamishimo.

Las hijas de los samurais no recibían una educación formal, pero aveces se les permitía escuchar las lecciones de sus hermanos. De mayor, la mujer de un samurai admi-nistraba el patrimonio de su marido cuando éste estaba en la guerra, encargándose de la administración del patrimonio, del suministro de víveres y supervisando la tarea de los trabajadores y de los sirvientes. Las niñas también recibían un entrenamiento en artes marciales. Su especialidad era el yari (una lanza de hoja recta) y la naginata (lanza de hoja curva). Las mujeres samurais respondían a los mismos estándares de honor y de lealtad que los hombres samurais. Hay muchos ejemplos de mujeres samurais que lucharon con sus maridos en el campo de batalla. La más famosa fue Tomoe, que luchó contra los Taira en las guerra Gempei.

La dieta del samurai era bastante sencilla. Su base consistía en platos de arroz que con frecuencia incluían pescado, verduras o algas. Los budistas más devotos no comían carne, pero en tiempos de paz, la mayoría de los samurais también cazaba para comer. Entre las bebidas figuraban el té y el sake, un vino hecho a base de arroz fermentado. Tanto los hombres como las mujeres le daban importancia a su aspecto físico. Ambos llevaban vestidos de mangas largas, llamados kimonos, sujetos por un cinturón a la altura de la cintura, calcetines de algodón blanco y sandalias de paja o zuecos de madera.Los hombres maduros se afeitaban la parte superior de la cabeza.Se sujetaban su largo cabello en un cola que podía colocarse doblada hacia delante sobre el cráneo. Se consideraba una desgracia cortarse la coleta.

Su declive llegó cuando la paz y los tiempos modernos se instalaron en el país. En 1868 el 7% de la población japonesa se podía considerar samurai, es decir, dos millones de personas regentaban sus vidas basándose en el código bushido. En 1876 los samurais se rebelaron ante el poder. Durante más de un año mantuvieron en jaque al gobierno con sus armas tradicionales. Sin embargo, el peso de la nueva tecnología bélica aplastó sus tradiciones y orgullo y más de 20.000 murieron acribillados por fusiles repetidores o ametralladoras de posición mientras realizaban sus últimas y gloriosas cargas de caballería.

Entre los samuráis famosos, Saigo Takamori, la verdadera historia del último samurái, brilla como el héroe incomprendido que intentó rescatar una época destinada a morir.

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